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Capitalismo y colapso climático
A

unque nunca mencionaron la existencia de lo que Karl Marx teorizó como una ruptura metabólica (RM) entre la sociedad capitalista y la Tierra (ver John Bellamy Foster, AJS, Sept 1999 y La ecología de Marx: Materialismo y Naturaleza, 2004), en 2015 líderes de la política, la ciencia y la economía insistieron, en tono urgente, en que para evitar una catástrofe climática de orden mayor, tres cuartas partes de las reservas de combustibles fósiles deben permanecer bajo tierra, todo en medio de la sordera/sabotaje de las grandes petroleras/gaseras/automovilísticas, en pos de la ganancia, del tesorito en el subsuelo valorado entre 19 y 25 billones (trillions) de dólares y del irrefrenable aumento de la RM manifiesta en un inmenso desequilibrio energético por la acumulación de las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI).

Ese desequilibrio fue abordado por James Hansen en síntesis de investigaciones de frontera sobre el cambio climático, en apoyo a una demanda planteada ante una Corte de Distrito en Oregón Estados Unidos, para que el gobierno federal aplique una gama de acciones –y cancele otras– a fin de frenar a la brevedad las emisiones de GEI que ponen en serio riesgo la vida de quienes hoy son niños, de las generaciones futuras y que amenazan con la extinción masiva de otras especies y el funcionamiento mismo de la civilización humana que requiere de líneas costeras estables y constantes.

El gobierno y poderosos cabildos, el American Petroleum Institute, vocero de las grandes corporaciones del petróleo y el gas y la influyente Asociación Nacional de Manufacturas, abogaron por la anulación de la demanda, petición rechazada en resolución histórica del 8 de abril por el juez Thomas M. Coffin a cargo del juicio. Algo para celebrar, en medio del empeoramiento climático manifiesto en un grave desequilibrio de energía de la Tierra, un quebrantamiento metabólico entre el orden social prevaleciente y un planeta que impone límites a lo que ya es una acumulación capitalista de consecuencias catastróficas.

Hansen indicó a la Corte, entre otros puntos de gran relevancia, que el desequilibrio de energía es de cerca de 0.6 Watts/m2 (metro cuadrado) como promedio para el planeta. Hansen fue didáctico al explicar ese orden de magnitud: “No sé si esto da una idea a la Corte sobre la escala de lo que está ocurriendo. Puedo decir que el exceso de energía es de 300 billones (trillion –millones de millones–) de joules por segundo. Pero esa inmensidad puede ser insuficientemente evocativa. Resultaría igualmente válido decir que el desequilibrio de energía de la Tierra sería el equivalente a explotar diariamente más de 400 mil bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima, los 365 días del año. Esa es la cantidad de energía extra que la Tierra obtiene cada día por nuestro uso de la atmósfera como basurero de nuestros desechos de gases con efecto invernadero (carbon pollution)”.

Un estudio de importancia mayor sobre el aumento de niveles de los océanos del mundo por efecto del calentamiento global que se acelera, realizado por 16 científicos liderados por Hansen también fue sintetizado a la Corte: “…lamento decir que las pérdidas de masa de hielo de Groenlandia, Antártida occidental y partes de Antártida están aumentando de manera no-lineal…Estimamos que el crecimiento en la tasa de pérdida de hielo en Groenlandia disminuirá… pero por la amplificación de la retroalimentación (feedback)…pensamos que es probable que si los GEI no son reducidos rápidamente, la pérdida de hielo en la Antártida continuará aumentando exponencialmente, lo que exige urgente acción nacional e internacional para abatir los GEI. La desintegración completa del glaciar Totten en la Antártida este podría aumentar los niveles oceánicos entre seis y siete metros; el del hielo del glaciar Cook en Antártida este agregaría entre 3 y 4 metros y el hielo en la Antártida occidental en los glaciares del Mar Amundsen tienen el potencial de aumentar el nivel del mar entre tres y cuatro metros”.

El colapso climático de esas cifras se enlaza con la ominosa inercia de las corporaciones manifiesta en la venta récord de SUVs, camiones ligeros y minivans de alto consumo. Sólo en 2015 a los más de 270 millones de vehículos en EU se agregaron 17.5 millones, gracias a costosa promoción (15 mil millones de dólares), préstamos a bajo interés y precio de gasolina a la baja.

Con la permanencia de la máquina de combustión interna para transportar pasajeros y carga (vía terrestre, aérea y marítima) seguirá la acumulación de GEI en la atmósfera emitidos por los más de mil 200 millones de autos del mundo, más los GEI por la generación eléctrica. Así como vamos para 2035 circularán ¡2 mil millones de vehículos en las calles y carreteras del orbe!

La inercia tras la ganancia va al fin del capitalismo. ¿Será el aumento exponencial de la ruptura día a día más perceptible a fuerzas sociales en la dirección de otra relación sociedad/natura?

jsaxef.blostpot.com