Sociedad y Justicia
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Los campesinos se hicieron dependientes de la dádiva del gobierno, asegura

La organización es el camino para recuperar los cafetales: productor

Autoridades y agricultores deben alentar el uso de biofertilizantes y atreverse a experimentar

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La mayoría de los caficultores no tiene dinero ni conoce los bioproductos, aseguró Ranulfo Lara, propietario de una finca en el bosque de niebla del Cofre de PeroteFoto Cristina Rodríguez
Enviada
Periódico La Jornada
Martes 19 de abril de 2016, p. 32

Coatepec, Ver.

Entre encinos, sauces y ocotes que forman parte del bosque de niebla del Cofre de Perote y a un kilómetro de la cascada Texolo, los cafetos de la finca Santa Rosa sobreviven a la roya naranja. Su propietario, Ranulfo Lara Pérez, los defiende como él lo hizo contra el cáncer.

Enamorado del cultivo del café desde su niñez y productor desde hace cuatro décadas, el también egresado de la Escuela Normal Veracruzana resume en una frase su visión del problema generado por la plaga: “Unos caficultores pidieron ayuda a la Virgen de Guadalupe y ella les respondió: ‘Organícense, no sean pendejos’”.

Los campesinos, señala, han perdido iniciativa, pues se hicieron dependientes de la dádiva gubernamental. La mayoría no tiene dinero ni sabe de los biofertilizantes, por eso hay que popularizar su uso y alentar la organización de los labriegos. Los líderes tienen que trabajar a marchas forzadas para recuperar la confianza y tener presente que para lograr el éxito también hace falta comunicación.

Productos no tan novedosos

Inquieto por conocer las novedades científicas para mejorar el cultivo del café, comenta que tuvo conocimiento de los biofertilizantes hace tres lustros. Estos productos no son tan novedosos. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio a conocer que los hongos micorrízicos podían utilizarse para mejorar los cultivos, y se hicieron algunas pruebas piloto. Ahora son una buena opción para recobrar los nutrientes del suelo, disminuir el uso de agroquímicos y recuperar diversos cultivos. No son de alto costo; el paquete de Biofábrica vale mil pesos por hectárea, equivalente a un tercio de los agroquímicos. Esto debe llegar al campo nacional en apoyo a todos los productores, sostiene.

Con orgullo muestra algunos cafetales que tiene en algunas zonas de las 115 hectáreas de su propiedad: En estas plantas verdes, llenas de follaje y con flor, se utilizaron biofertilizantes. Las que están esqueléticas y enfermas por la roya no han sido tratadas. Las diferencias son abismales.

La plaga causó estragos. De mil 800 quintales que lograba cosechar, en este ciclo sólo alcanzó 250, y estima que para el siguiente obtendrá entre 800 y mil. La recuperación, comenta, es por los buenos resultados de los biofertilizantes. Si autoridades y caficultores estamos interesados en que avance rápido la recuperación de la producción de café, el camino son los biofertilizantes, la organización y atreverse a experimentar.

Conocedor del negocio, asevera que si bien en la región cafetalera de Coatepec empezarán a predominar las variedades catimores, por su alta resistencia a la roya, habrá que conservar las arábicas y ponerse exigente para que paguen un precio alto por ellas.

Marcel Morales Ibarra, director de Biofábrica Siglo XXI, explica que los gobiernos del Partido Acción Nacional eliminaron el uso de los biofertilizantes, tecnología en la que incursionaron la UNAM y la Secretaría de Agricultura a finales de los años 90, por medio del programa Alianza para el Campo, basada en los microrganismos que ayudaban a la fijación del nitrógeno y al estudio de la bacteria Azospirillum brasilense.

En 2003 solicité la licencia tecnológica al Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM, para tener el soporte científico y tecnológico, a cambio de entregar un porcentaje de las regalías para llevar a cabo mi propio desarrollo. El convenio duró 10 años y actualmente trabajo en coordinación con el Laboratorio Nacional de Genómica y Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) Irapuato, para continuar el desarrollo de la biotecnología. Hasta la fecha tenemos una colección de 200 cepas de microrganismos que tienen una capacidad benéfica para la agricultura. Todas están en proceso de evaluación, pues queremos encontrar las mejores cepas para iniciar la segunda etapa del desarrollo de la biotecnología, la cual tiene mucho potencial para ayudar a fortalecer diferentes cultivos, explica.

Es una tecnología que ayuda a regenerar los suelos, nutre las plantas y tiene un efecto sanitario, como se está comprobando contra la roya del café, pero esta es una acción que está en estudio, puntualiza.

Son tres lustros de constante articulación del trabajo de investigación agrobiotecnológica con la tarea agropecuaria, como vía para construir alternativas que permitan mayores niveles de productividad y sustentabilidad ecológica. Es una opción ante el uso indiscriminado de fertilizantes químicos. Se ha estimado que el costo de la degradación ambiental en el sector agropecuario es cercano a 30 por ciento del producto interno bruto del país.

Los biofertilizantes estimulan el crecimiento vegetativo, solubilizan el transporte de nutrientes y ayudan al sistema radicular de las plantas contra los patógenos. Los beneficios de su uso se han constatado en cultivos de maíz en Michoacán; de sorgo, de caña de azúcar y de arroz, en Morelos, así como de algodón en Chihuahua, entre otros.

La experiencia mexicana ya se comparte con Colombia, Ecuador, Honduras, Panamá, Costa Rica y con una fundación de Sudáfrica.