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Los papeles de Panamá: motivos de la filtración
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n mes después de la publicación de Los papeles de Panamá (millones de registros procedentes de la firma de consultoría Mossack Fonseca, con sede en ese país, que documentan la fundación de más de 200 mil empresas fantasmas en diversos paraísos fiscales), el rotativo alemán Süddeutsche Zeitung publicó ayer un texto –La revolución será digitalizada– atribuido a la fuente originaria y anónima de la megafiltración, que firma el texto como John Doe. El autor fustiga la desigualdad económica como uno de los temas definitorios de nuestros tiempos (que) nos afecta a todos en todo el mundo; señala que Los papeles de Panamá exhiben la masiva, generalizada corrupción detrás de ese flagelo y critica a Mossack Fonseca por su influencia para escribir y torcer las leyes en todo el mundo en favor de intereses criminales durante varias décadas.

En el escrito también se da respuesta a los señalamientos que han buscado vincular la difusión de los documentos referidos con intereses geopolíticos y gubernamentales diversos (el autor asegura que no trabaja para ningún gobierno ni servicio secreto, directamente o como subcontratista). A propósito de este punto, debe reiterarse que, con independencia de los motivos que dieron origen a la difusión de los documentos citados, la virtud de su filtración radica no sólo en que exhibe conductas cuestionables –e incluso abiertamente ilícitas– de individuos pertenecientes a las élites políticas y económicas, sino sobre todo en que desnuda el carácter intrínsecamente inmoral del sistema económico vigente: la vulnerabilidad, presupuestal y fiscal, que enfrentan las mayorías frente al privilegio y los regímenes de excepción que favorecen a los potentados.

En ese sentido, aunque la crítica de John Doe en el texto comentado se enfoca a la actuación de Mossack Fonseca, el caso #panamapapers ha tenido un impacto mucho mayor que documentar las cuestionables prácticas de esa firma: ante todo, exhibe la pasmosa permisividad de los sistemas financieros internacionales, los cuales parecen diseñados no para controlar los flujos dudosos de grandes capitales, sino para permitirlos o para detectarlos sólo por excepción.

Por lo demás, en el documento difundido ayer por la publicación alemana se pone de manifiesto, de nuevo, una de las facetas más exasperantes del escándalo: la creciente resistencia, rayana en el cinismo político y empresarial, para transparentar las acciones denunciadas y la tendencia de las élites a fustigar a mensajero para acallar el mensaje. Esa conducta se había observado ya desde las filtraciones de Wikileaks, a principios de esta década, así como en relación con la información que Edward Snowden hizo pública en 2013. Salvo por algunas renuncias y algunos roces diplomáticos aislados, las conductas inmorales y hasta delictivas que tales filtraciones dejaron a la vista no provocaron, como habría debido suceder, crisis políticas en los gobiernos más exhibidos; al contrario, se emprendió una campaña de persecución contra quienes revelaron la información.

En forma análoga, el despacho legal panameño ha anunciado que tratará de impedir la publicación de la totalidad de los datos contenidos en Los papeles de Panamá, anunciada por el consorcio internacional de periodistas de investigación, con el argumento de que deriva de un robo de información y una violación al tratado de confidencialidad entre clientes y abogado.

Frente a estas actitudes, que son posibles por la inacción de las autoridades de muchos países ante revelaciones como la referida, es importante que las sociedades recuperen la capacidad de indignación y movilización y exijan una moralización profunda del sistema financiero internacional. De lo contrario, las autoridades seguirán respondiendo a intereses políticos y corporativos minoritarios, y no a las mayorías.

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