Opinión
Ver día anteriorDomingo 22 de mayo de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
69 Festival de Cannes
El repunte final

Cannes.

M

uy mañosos se vieron Thierry Frémaux y compañía de reservar dos de sus mejores títulos para el último día de la competencia, recuperando el buen ánimo del inicio. Con su carrera multinacional, Paul Verhoeven ha seguido una línea impredecible que ha encontrado una de sus mejores obras en Elle, coproducción franco-alemana rodada en París. La película abre con la brutal violación de una mujer. Ella resulta ser Michèle (Isabelle Huppert), exitosa productora de videojuegos que, al mismo tiempo que enfrenta problemas laborales y familiares, trata de identificar a su agresor. Quienes esperen un convencional thriller de venganza femenina no conocen la filmografía de Verhoeven.

La protagonista es una mujer amoral, hija de un célebre multihomicida francés, madre de un pelmazo mangoneado por su sicótica novia, amante del marido de su mejor amiga y una despiadada ejecutiva. Así, Elle se mueve sin avisar entre el estudio de caracteres, el thriller de misterio y la comedia social. El malicioso Verhoeven se especializa en subvertir las expectativas genéricas a través de un uso ejemplar de la ambigüedad, esa cualidad tan ausente en el cine de hoy. Y encuentra a su mejor aliada en Huppert, una actriz temeraria que se arriesga en los diversos registros propuestos por el inteligente guión del estadunidense David Birke. Bien señala Verhoeven en el pressbook, que la película no pudo filmarse en Estados Unidos, pues no hay una intérprete gringa –no, ni Julianne Moore ni mucho menos Meryl Streep– susceptible a tanta osadía.

No se preocupe el lector. No revelaré lo que hace Michèle con su violador una vez que conoce su identidad. Baste decir que se trata de un juego perverso muy afín con la visión mordaz de su autor sobre las relaciones humanas.

La segunda película fue Forushande (El cliente), nueva realización del iraní Asghar Farhadi, que también trata sobre las consecuencias morales del ataque a una mujer. En este caso, la esposa (Taraneh Alidoosti) de un profesor de literatura (Shahab Hosseini) es golpeada mientras se baña por un extraño que ha irrumpido en su departamento temporal. El marido debe lidiar, por un lado, con la comprensible crisis nerviosa de su cónyuge y, por otro, con un sentimiento de culpa y de honor ultrajado que lo lleva a indagar sobre la identidad del culpable.

Según lo demostró en su excelente Una separación (2011), Farhadi es un experto en filmar dramas cotidianos en espacios cerrados y nos hace partícipes del dilema de la pareja protagónica, que no podrá recuperar jamás su vida normal. Aunque la película peca de prolongar demasiado sus escenas finales, no disminuye el impacto de su resolución.

Ya se han dado los primeros premios no oficiales y la alemana Toni Erdmann, de Maren Ade, ha ganado el premio de la Fipresci para la sección competitiva. En tanto que el jurado ecuménico ha premiado a Juste la fin du monde, del canadiense Xavier Dolan (¿qué le pasa a esos curas?). En la sección Una Cierta Mirada, el jurado presidido por la actriz Marthe Keller –y en el cual participó Diego Luna– le dio el premio principal a Hymylevä Mies, opera prima del finlandés Juho Kuosmanen, y que no se antojaba meritoria de tanto honor.

En un festival dotado de varias interpretaciones femeninas memorables, la de Isabelle Huppert se ha colocado a la cabeza. Las otras favoritas han sido la alemana Sandra Hüller por su sutil trabajo en Toni Erdmann y la brasileña Sonia Braga por su no tan sutil desempeño en Aquarius. No ha sido tan lucidor el trabajo histriónico masculino. Si acaso, se podría destacar al comediante Dave Johns por I, Daniel Blake.

Los trabajos más sobresalientes, en mi opinión, han sido las dos representantes del cine rumano: Sieranevada, de Cristi Puiu, y Bacalaureat, de Cristian Mungiu. El cinefotógrafo Robbie Ryan merecería algún reconocimiento por su notable trabajo en American Honey, de Andrea Arnold. Jim Jarmusch debe ganarse algo por ser fiel a sí mismo en Paterson. Y Paul Verhoeven también por demostrar que estar cerca de los 80 años, no impide hacer un cine fresco y transgresor. Mañana conoceremos el dictamen del jurado.

Twitter: @walyder