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El FCE redita Borealis, encomienda escritural de la Fundación Alumnos 47, de 2012

La poesía incomoda por ser espacio común de encuentro identitario: Rocío Cerón

Las preocupaciones de la autora también tienen que ver con el miedo, la guerra, la violencia en México y con lo que los niños murmuran, explica a La Jornada en entrevista

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Rocío Cerón durante la entrevista, en la librería Rosario Castellanos del FCEFoto María Meléndrez Parada
Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Lunes 23 de mayo de 2016, p. 7

El poeta de hoy hace lo mismo que se hacía hace miles de años: escuchar y observar. Es un ser que posee una capacidad de 360 grados, no nada más en lo horizontal, sino de manera radial, para plantear el mundo.

Es capaz de leer en los subterráneos lo que sucede, o sucederá, en el universo. Ve más allá de lo evidente y, claro, la poesía es incómoda porque es un espacio común de encuentro identidario, expresa la poeta Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972).

En entrevista con La Jornada, la autora habla de su libro Borealis, reditado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), el cual fue presentado el jueves de la semana pasada en el Centro Cultural Bella Época.

Ese título proviene de la juntura entre las auras boreales, de cómo en el sonido y las arquitecturas que tienen hay simultaneidad de tiempos e imágenes que se dan en este espacio, esta estática.

El primer poema del libro, Borealis (Airship II, 2012. 3:24), lo escribió a partir del cortometraje del mismo nombre del cineasta estadunidense Kenneth Anger, en el que un aerostático pasa por una especie de paisaje utópico, pero de pronto uno se percata de que trae una esvástica.

Revelación

Roció Cerón indica que el libro fue una encomienda escritural de la Fundación Alumnos 47, que en 2012 lanzó Proyecto líquido, su primera propuesta curatorial, en la que explora el tema del miedo.

Luego, en el ínter fue a Estados Unidos, donde se fracturó el quinto metatarso y la medicaron. Cuando le recetaron dihidrocodeína con acetaminofen “se me reveló ese espacio del Borealis, de la suspensión que significa el aerostático en la línea metálica”.

Cerón reconoce que su poesía tiene algo de prosa poética. Por momentos tiene una suerte de ráfaga, como de esquirlas fragmentadas poéticas. Hay un poema muy preciso que habla sobre el tamborileo de dedos que modifica la presión del aire.

Esas ráfagas visuales también están en los autorretratos asistidos, serie de cinco fotografías incluidas en el libro, descritas como “residuos de imágenes o sonoridades que construyen el mundo.

“Eso es la aura borealis para mí: ese ruido opaco, sordo, grave que entrama la vida contemporánea, pero que no está desanudado. De alguna manera el libro está en estas anudaciones, espacios temporales, de un continuum que es la vida y la condición humana. Están el miedo, la guerra, un poco esta violencia que vivimos en México todos los días. Digo que todo poema es política.”

Las preocupaciones de Rocío Cerón también tienen que ver con lo que los niños murmuran, como la imagen de una pequeña que, mientras sucede una balacera fuera de su casa, pregunta dónde están los autómatas, las galaxias, las estrellas.

Los autorretratos asistidos están hechos sobre los pliegues, las cicatrices, las corvas de la poeta, y se vuelven una cartografía de un espacio que nos es común a todos. No es nada más mi cuerpo, sino el de cualquiera.

Cerón se dio a conocer como performancera en los años 90 del siglo pasado, actividad que abandonó para dedicarse a la poesía. Su primer libro, Basalto, ganó el Premio Gilberto Owen 2000.

Dos años después comenzó a preguntarse por qué no había estos espacios en que pudieran de forma interdisciplinaria traspasarse los lenguajes artísticos.

Desde hace una década crea obras para el poema, o el libro, pero en paralelo una serie de piezas sonoras, plásticas o videopoesía.