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Califica de homofóbica campaña de la jeraquía católica; llama al respeto

Quienes más fustigan el matrimonio gay son encubridores de pederastas: Solalinde

En lugar de juzgar, los obispos deberían defender a trabajadores, mujeres y desempleados, señala

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Si un sector es despreciado, ninguneado y abusado en la migración son los gays, asevera Alejandro SolalindeFoto Sanjuana Martínez
Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 5 de junio de 2016, p. 15

Como defensor de los derechos humanos, el sacerdote Alejandro Solalinde se muestra en contra de la condena de la jerarquía católica al matrimonio igualitario, y alza la voz para pedir tolerancia a todos y evitar actitudes homofóbicas:

Hago un llamado a los católicos y a la misma jerarquía para que asuman el espíritu de Jesús; que ya dejen la Inquisición, que es de otra época. Ya no debe operar en este tiempo. No debemos promover actitudes de crímenes de odio; tenemos que respetar, esa es la palabra clave: respeto a la diversidad sexual, dice en entrevista con La Jornada.

El coordinador de la Pastoral de Movilidad Humana Pacífico Sur del Episcopado Mexicano y fundador y director del albergue de migrantes Hermanos en el Camino calificó de homofóbica la campaña iniciada por la jerarquía católica contra el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“La Iglesia de hoy tiene mucho miedo: a la libertad, a reconocer la parte humana de la Iglesia, a vivir las consecuencias de Jesús hombre, y tiene miedo a muchas cosas. Esta Iglesia fue formada para otro tiempo y no sabe cómo ser Iglesia hoy. La jerarquía católica en general ha adoptado esa actitud de condena y generado actitudes homofóbicas muy preocupantes e inaceptables con el mensaje de Jesús.

Si le preguntamos a Jesús si él condena un tipo de orientación de identidad sexual, nos va a decir que no. ¿Por qué? Porque tiene varias encíclicas desde las cuales tenemos que ver estas identidades. Primero que nada, Dios nos acepta como somos; no nos pone condiciones; no nos excluye, no nos juzga: nos ama, independientemente de la orientación sexual.

Llamado alarmante

Comenta que la diversidad sexual siempre ha existido, pero amordazada: Ahora la diversidad se está dando en el marco de unos derechos humanos, y la gente espera que ya no sea llevada a la hoguera o castigada, simplemente porque es diferente.

Y se pregunta de manera retórica: ¿Qué piensa Jesús y qué pienso yo de los matrimonios igualitarios? Desde los ojos de Dios, él nos va a decir que efectivamente creó hombre y mujer, pero en estos cambios y metamorfosis se están dando realidades que producen otras identidades. El Génesis sí habla de hombre y mujer, una forma para que se compenetrara con la otra; eso es indiscutible, pero no significa que no haya personas que tienen otra posibilidad de ser.

El sacerdote dijo que resulta alarmante que la Arquidiócesis de México haga un llamado a los feligreses para que actúen contra lo que consideran peligros para el matrimonio igualitario. Es muy grave que estén pidiendo que actúen en esa dirección, porque eso puede desencadenar intolerancia y actitudes homofóbicas y de violencia. ¡Qué hipocresía!, porque seguimos viendo en la Iglesia casos de pederastia, como en Oaxaca, donde tenemos un problema muy serio, mientras el obispo y los sacerdotes que están a su lado tratan de ocultar todo.

Recordó que estuvo en un acto donde participó Joaquín Aguilar, víctima del sacerdote Nicolás Aguilar: Él se presentó y dijo que el cardenal Norberto Rivera había protegido al sacerdote pederasta. Vi a Joaquín con su pareja, Erick Barragán, y su niño de cinco años. Los vi tan felices con su hijo. ¿Yo, qué voy a hacer ante eso? ¿Voy a juzgar o a rechazar? No, yo no, ni ninguno de nosotros debemos hacerlo; sólo Dios sabe esas profundidades. A mí me toca respetarlos, amarlos y, por supuesto, aceptarlos.

Exhortó a todos a hacer a un lado los prejuicios: “No es necesario que estemos de acuerdo con esas identidades sexuales, ni participar con ellos para respetarlos. Los que nos pide el Señor es que amemos a las personas. Yo les pido amarlos, aceptarlos como son; no excluirlos, solamente respetarlos. Si alguien dice: ‘yo soy mujer’, es mujer, y si dice que es hombre, es hombre. Punto”.

Recientemente, Solalinde fue amenazado de muerte por defender a los migrantes y por sus críticas a los gobiernos que considera corruptos. Se ha caracterizado por la autocrítica a la Iglesia que pertenece, y considera que la jerarquía católica no conoce a los homosexuales, sólo los juzga.

Entiendo que la jerarquía católica está desconcertada por todo lo que estamos viendo, porque no los prepararon para este mundo. Los siguen formando con algunos rasgos como de la Edad Media, y ya no estamos en esa época; tenemos que entender el mundo que vivimos.

Añade: Ellos sacan textos del Antiguo Testamento para condenar a los homosexuales, como si Cristo estuviera pintado. Cristo es la culminación de las escrituras y del Antiguo Testamento, y él no excluye a nadie en los evangelios.

Por eso, señala: “¿Cómo superar este vicio de juzgar? La sociedad mexicana es una juzgona y tenemos una Iglesia juzgona. Ésta viene juzgando desde hace muchísimos siglos, lo que no hizo Jesús, la Iglesia. ¿Cómo liberar a los católicos, los bautizados, de este vicio hacia los demás? Jesús claramente dijo: ‘No juzguen y no serán juzgados’, pero si andan haciéndolo, con la misma vara que midan serán medidos”.

E insiste: Los cardenales, obispos y sacerdotes no somos árbitros de la vida, ni de sus cuerpos. Ellos son buenos para juzgar, pero ¿por qué los obispos no defienden a los trabajadores que están muertos de hambre con un salario mínimo, a las mujeres que están siendo asesinadas o a los jóvenes que no tienen oportunidades o a los indígenas, los campesinos olvidados? Hay que mover el celo de los pastores a las víctimas de las violencia que tanto están sufriendo. ¿Cuántos de esa jerarquía católica levantan la voz por los desaparecidos y las familias de las víctimas? No son parejos.

Agrega que quienes más fustigan el matrimonio homosexual son los que han protegido a sacerdotes pederastas, y también a los gobiernos genocidas, corruptos. Me queda claro que con ellos son muy tolerantes. Necesitamos seguir a Jesús. Los criterios humanos deben quedar atrás. Tenemos que seguir al Jesús de los evangelios, no al Jesús oficial, porque él nos ama como somos y nos acompaña.

No sean castos, pero sí cautos

Explicó que dentro de la Iglesia también hay gays, “pero en ella sucede como con los sacerdotes casados y dicen: ‘No sean castos, pero sean cautos’. Es decir, mientras no hagan escándalo, todo está bien y tranquilo. Lo que importa es la imagen de una institución y no la vida de las personas”.

–¿La jerarquía niega que haya gays dentro de la Iglesia?

–(Risas) Por supuesto que hay, claro que hay. Las mismas realidades que hay afuera, hay adentro. ¿A poco en el clero no hay gays? Por supuesto que hay, igual que afuera, nada más que en la Iglesia se disimula más, y a veces ni siquiera eso.

Y cuenta una anécdota: Mientras hacía el decanato, me di cuenta de que todos tenían pareja. El obispo también tenía su pareja; el vicario general era homosexual y también tenía su pareja, y en uno de los pueblos había un padrecito que era demasiado enamorado; tenía su mujer, pero se pasaba de la raya con las secretarias, y entonces el vicario puso el remedio: retiró a ese sacerdote y puso a un gay y se acabó, al menos, el problema con las secretarias. Esto yo lo viví. Son realidades que no podemos ocultar, lo que pasa es que no nos aceptamos. Estamos en la negación.

Considera que hay una campaña de intolerancia y que el llamado Frente Nacional por la Familia contra el matrimonio homosexual es apoyado y estimulado por la jerarquía católica e incita a crímenes de odio:

“Debemos protestar contra eso porque es un rechazo, una exclusión. Nadie que se diga católico debe juzgar o excluir. Si lo hace no debe decirse católico. Esto Jesús no lo hizo. Dijo: ‘Yo no he venido a juzgar; he venido a salvar’. Solamente Dios conoce el interior de las personas y nos ama, independientemente de la orientación sexual, e independientemente de ésta tenemos derecho a que se nos respete y se nos deje ser.”

Pidió a todos pensar en el sufrimiento de los excluidos. Recordó que hace poco se le acercó un adolescente que le contó su historia: “Me dijo: ‘Yo soy hermafrodita. A los 11 años mi familia me preguntó qué quería ser. Era un niño y no sabía, y ellos tomaron un acuerdo y decidieron que fuera hombre’. A este niño lo operaron y le dejaron el miembro, pero fue creciendo y se dio cuenta de que era mujer; su identidad es femenina. Es una mujer encerrada en un cuerpo de hombre. Y me dijo: ‘padre, ayúdeme’. Y estamos en eso”.

Añade: “Si hay alguien que sea rechazado, mal mirado y rechazado, son los gays; incluso, algunos me preguntan con mucha tristeza: ‘¿Dios nos quiere? Nosotros nos sentimos sucios, manchados ante él, pero así somos’. Y yo les contesto: ‘No se sientan así. Dios los ama profundamente; por supuesto que no los rechaza y los acepta como son. Claro que sí’”.

Como defensor de migrantes, Solalinde ha visto el dolor que padece la comunidad gay: Si un sector es despreciado, ninguneado y abusado en la migración, son ellas y ellos. Los gays migrantes sufren muchísimo, bastante. Tienen esa conciencia de no ser aceptados; toda la vida están a la defensiva, y a pesar de todos los sufrimientos que tienen, no pierden la fe y siguen amando a Dios.

–¿Usted casaría a una pareja gay?

–Ya me lo han preguntado, y te soy sincero: los acepto como son; si me invitan a una reunión o a comer, voy, pero si me pides que los case, todavía no estoy preparado para eso, porque finalmente una parte de mí pertenece todavía a esa época que está cambiando. Más adelantito, a lo mejor sí; uno puede ir cambiando y se va abriendo. Descubrimos que la uniformidad impuesta por los poderes de la Iglesia católica o de los gobiernos es una ficción. Y no tengo miedo de llegar a todas las realidades diferentes y tratar de entender a las personas, si no me bajo, si no me acerco, si no convivo, no voy a entender nada, y así me aproximo.