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Producción sublime de Moisés y Aarón

Ópera de Schönberg marca un hito en el Teatro Real de Madrid

El director de escena Romeo Castellucci utiliza el desierto como metáfora de la soledad

Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 11 de junio de 2016, p. 3

Madrid.

La eterna lucha entre lo divino y lo humano, la reflexión metafísica que cuestiona la severidad de Dios y se pregunta por qué tanta crueldad e injusticia en los textos sagrados y en el mundo.

Arnold Schönberg (1874-1951), el músico renacentista del siglo XX y uno de los creadores más polivalentes, compuso su ópera Moisés y Aarón precisamente para dar respuesta a sus profundas inquietudes filosóficas y religiosas y las resolvió con una obra que mantiene la tensión dialéctica y que su música eleva esa búsqueda espiritual hasta convertirla en arte en ebullición.

El Teatro Real de Madrid estrenó una producción sublime y propia, junto con la Ópera de París, de esta obra que revolucionó el género y, además, reivindicó al pueblo judío en pleno auge de las ideas nazis y el exterminio perpetrado por las huestes de Adolf Hitler.

Aparición de un toro

Con más de 400 cantantes, actores, bailarines y figurantes y una escenografía espectacular y moderna, así como la aparición de un toro, la obra de Schönberg se escuchó y se vio por primera vez en un teatro de ópera en Madrid, un hito en la historia del Teatro Real, que sigue apostando por mezclar en su programación obras consolidadas y comerciales con producciones propias de textos menos conocidos, pero no por ello intrascendentes en la historia de la música.

Es el caso de esa obra del música austriaco, de origen judío, que nació en Viena en 1874, pero debió exiliarse en Estados Unidos tras ser perseguido por el régimen nazi en 1933, que lo expulsó de su cátedra de música y lo vilipendió por su condición de judío.

Esos ataques tuvieron dos consecuencias inmediatas en la vida de Schönberg: su exilio en Estados Unidos y su reconversión a la religión judía, que lo llevó a escribir Moisés y Aarón.

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Flora Gaudín en un ensayo de Moisés y Aarón, de Arnold Schönberg, una producción propia del Teatro Real que estrenó junto con la Ópera de París. La temporada concluirá el 17 de junioFoto Javier del Real/ Teatro Real

La ópera narra la huida del pueblo hebreo de Egipto y la revelación y propagación de los mandamientos, ahondando en la cuestión de la esencia y expresión de la fe a través de la dialéctica entre Moisés –idealista, de inflexible rectitud y de pensamiento puro, que se expresa mediante una especie de canto hablado– y Aarón, hombre de acción y de palabra, de conducta irregular, que canta con frases musicales de gran aliento y lirismo.

En esa obra también está una de sus singularidades musicales, el dodecafonismo, técnica de composición basada en el tratamiento serial y equitativo de las 12 notas.

Junto a los dos personajes titulares, y en permanente diálogo con ellos, el coro titular del Teatro Real representa al pueblo de Israel, con una presencia constante en la ópera, interpretando una partitura de gran riqueza armónica y sorprendentes efectos dramáticos y expresivos, pero también de extrema dificultad.

Actúan con la Orquesta Titular del Teatro Real, con la batuta de Lothar Koenigs, director musical de la Ópera Nacional de Gales desde 2009.

La sublime puesta en escena es obra de Romeo Castellucci, creador vanguardista que elaboró una propuesta conceptual que utiliza el desierto como metáfora de la soledad y el silencio: la incapacidad del lenguaje, en todo su espectro, para expresar y transmitir la fe en un Dios único y todopoderoso.

En la obra, cuya última función será el 17 de junio, aparecen hasta 400 personas: 15 integrantes del equipo artístico (creadores, directores y asistentes), 17 cantantes solistas, 80 cantantes del coro titular del Teatro Real, 110 músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real, 48 bailarines (incluidos seis especialistas en alpinismo), tres submarinistas profesionales, 16 técnicos y dos limpiadoras en el escenario.