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Apuntes postsoviéticos

Rebelión en Kazajstán

Juan Pablo Duch
L

a estabilidad en Kazajstán –la república ex soviética más grande de Asia central y noveno país más extenso del mundo, con menos habitantes que la Ciudad de México, poco más de 17 millones– comenzó a resquebrajarse.

Gobernado desde antes de la caída de la Unión Soviética por Nursultan Nazarbayev, quien ostenta el título oficial de Elbasy (líder de la nación) y ganó ya cinco elecciones presidenciales, la última con casi 98 por ciento de votos, Kazajstán tuvo hace poco grandes manifestaciones de descontento de sus habitantes, atribuidas a la reforma que permite a los extranjeros, chinos sobre todo, ejercer el control sobre la tierra y la producción agropecuaria.

En días recientes estallaron los primeros brotes de violencia en la ciudad de Aktobe, que las autoridades no tardaron en llamar intento de golpe de Estado. Los enfrentamientos armados entre adversarios de Nazarbayev, que asaltaron tiendas de armas y un cuartel, y el ejército kazajo causaron un número elevado de muertos y heridos, así como llevaron a la cárcel a muchos opositores, entre ellos funcionarios públicos y militares de alto rango.

Circulan las versiones más contrapuestas acerca de qué hay detrás de la rebelión en Kazajstán, la cual dista de haber sido sofocada: ayer mismo se informó de la muerte de cuatro sublevados en el enésimo choque con las fuerzas leales a Nazarbayev.

Para obtener el respaldo de los países vecinos, el gobierno kazajo adjudicó los ataques a grupos islamitas radicales, financiados por un empresario pro ruso, Tojtar Tuleshov, encarcelado desde enero anterior y que presume de tener lazos con gente importante en Moscú. De esta forma también manda un mensaje al Kremlin para que se abstenga de apoyar las tendencias separatistas que aún subsisten entre la población de origen ruso en Kazajstán, la cual, con más de 3 millones y medio de personas, alcanza 20 por ciento del total de habitantes.

Los medios de comunicación que están bajo control del Kremlin no desaprovechan la ocasión para priorizar la hipótesis de una nueva revolución de colores, pagada por Estados Unidos para desestabilizar el entorno de Rusia y adueñarse de Asia central. Investigadores independientes rusos no comparten está opinión y creen que dentro de Kazajstán hay suficientes motivos para que cobre fuerza el malestar hacia Nazarbayev; el principal, la crisis que comienza a afectar a amplios sectores de la población en una economía dependiente del petróleo y el gas.

Los enemigos del régimen kazajo que todavía se encuentran en libertad difunden la explicación de que el propio Nazarbayev provocó los hechos de violencia como pretexto para acabar con la oposición.

Es imposible saber cuál de estas versiones es la más cierta o si se trata de una mezcla de varias o incluso de todas, pero hay otro factor que desestabiliza Kazajstán: Nazarbayev ya cumplió 75 años y no está resuelta la cuestión sucesoria, lo cual sugiere que irá en aumento la lucha entra clanes de la élite gobernante.