Opinión
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Crítica de arte
D

ice la entrevistadora, periodista cultural y reportera investigadora Merry MacMasters que no es crítica de arte. No se autodenomina como tal y sus empeños no están en esa actividad, pero podría muy bien, si quisiera, funcionar de crítica. No obstante, aceptemos su empeño en el sentido de reunir opiniones que intentan analizar un fenómeno del que ella se ha percatado. La crítica de arte actual es muy diferente de la que se hacía hace 50 años o incluso 20 años.

La acepción depende de un hecho muy sencillo que consiste, primero, en hacer la diferenciación entre crítica de arte y artwriting. Este último término está referido a un número considerable de intenciones, de modalidaddes, de métodos y de resultados.

El primero, según mi punto de vista, es el siguiente: artwriting es todo escrito que se refiere al arte, a la artisticidad. Las suposiciones que intentan la creación de teorías sobre arte, sin que logren consenso como tales, las historias y anécdotas, la propaganda, es decir a un rubro amplísimo. Cuando los escritos poseen algún carácter literario, sean o no elaboraciones de artistas, el terreno es el de la literatura artística, o la crítica de arte.

En un libro clásico titulado History of Art Criticism, Lionello Venturi, el autor de Cuatro pasos hacia el arte moderno, que empieza con Caravaggio y termina con Cezanne y Picasso, estuvo un tiempo dictando cursos en la Universidad Nacional Autónoma de México, algo que al parecer nadie suele recordar. Frecuentó igualmente otras universidades latinoamericanas. Ese libro sobre crítica de arte es en realidad uno de artwriting que empieza con griegos y romanos tratando antecedentes y sin hacer distinción, según sus propias palabras, entre hechos artísticos ocurridos e ideas estéticas, advirtiendo que se basa en su propia experiencia a lo largo de años.

Este libro sobre crítica tuvo su origen en parte a través de la cátedra, pues ser profesor desde mi punto de vista influye radicalmente en la labor de cualquier crítico de arte, debido a la movilidad de necesidades del alumnado y en virtud de que las ofertas artísticas cambian, tanto como la demanda de las mismas; decir que no hay modas en las artes es caer en el error que se comete cuando se cree o se supone que todo aquel producto que se exhibe en museos o galerías prestigiadas y que por tal motivo merece el apelativo de obra de arte es necesariamente consagratorio, interesante o importante de observar. Hay buen arte y mal arte. También hay mal arte, repetitivo o banal, que resulta congruente de exhibirse en determinados contextos.

Si se me preguntara, ¿qué campo artístico en el ámbito mexicano te llama más la atención o te suscita mayor interés? Contestaría sin duda el arte prehispánico (que ya no se denomina así, ni siquiera arte mesoamericano). La denominación correcta, según las altas esferas de la nominatividad artística, es arte nativo, arte indíena y hay razones muy contundentes para ello que no me toca discutir ni tengo los medios para hacerlo; sólo puedo decir que hubo arte nativo en Creta, en el Peloponeso, en el archipiélago malasio, en Alaska y en Tenochtitlán o Cusco.

Y sólo cabe denominar prehispánico (denominación que llegó para quedarse así sean la máximas estrellas del universo poseinsteniano quienes lo objetan) aquellas creaciones que se generaron antes de la configuración de las colonias hispánicas, con la mayor relevancia y tiempo de producción y expansión en el virreinato en la Nueva España y Perú, donde se dieron varios horizontes preincaicos, igual que en Mesoamérica ocurrieron varias modalidades de produccción artística antes del imperio azteca y sin embargo hay ciertas características que resultan ser comunes, tanto en la cerámica como en la piedra o en los pictogramas con todo y que cada cultura ofrece sus rasgos predominantes y dentro de estos arsenales, como en todos, resulta haber obras maestras y otras que repiten modelos dados.

Participo igualmente con Venturi del siguiente supuesto: es necesario vivir el arte que le es a uno contemporáneo para medio intuir el de otras épocas, porque vemos con ojos actuales, no vamos a ver pinturas de Rafael Sanzio o el Códice borbónico con ojos de los siglos XV o XVI, sino con los que miramos ahora, que pasaron por la transvanguardia de Acchile Bonito Oliva y también por los múltiples productos creativos que se exhiben en los museos de arte moderno y contemporáneo o de artes y artesanías regionales.