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México SA

TLCAN, para los amigos

Muy pocos = 73% del total

Pensiones: Chile = México

Carlos Fernández-Vega
M

agia y más magia ha utilizado el gobierno mexicano para hacer de esta República de discursos una supuesta potencia exportadora. De la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) a la fecha ha recurrido a todo tipo de trucos de chistera con la intención de hacer creíble su mensaje de que la mayoría de las empresas nacionales participan en el comercio exterior, amén de los grandes beneficios para el país.

Sin embargo, 22 años después del arranque teleciano, la actividad exportadora no petrolera de la supuesta potencia registra, cuando menos, cuatro rasgos inocultables: creciente concentración; permanente y ostentoso incumplimiento de las metas económicas y sociales que llevarían al país al primer mundo; la gran paradoja de que para ser potencia exportadora México tiene que importar la mayoría de los insumos para lograr un producto terminado y así colocarlo en el mercado internacional (fundamentalmente en Estados Unidos) y que las principales exportadoras mexicanas son trasnacionales, entre ellas General Motors, Daimler Chrysler, Ford Motor Company, Volkswagen, Nissan, Sony, Hewlett Packard y demás por el estilo.

El tema viene a cuento porque la Cepal recién informa que “más de 73.3 por ciento de las exportaciones mexicanas son realizadas por 340 empresas (no necesariamente de dueños distintos), que representan sólo uno por ciento de todo el mercado exportador… En México, el número de empresas exportadoras disminuyó de 1.1 por ciento respecto al total de negocios en el país en 2012 a 0.7 por ciento. No obstante, el monto promedio exportado por empresa se duplicó pasando de 5.5 millones a 10.7 millones de dólares” (La Jornada, Susana González).

Entre 2002 y 2008 las firmas exportadoras de América Latina crecieron en general a una tasa más elevada que el número total de empresas y que los aumentos de la población, lo que abrió algunas esperanzas de que disminuyeran las brechas con los países desarrollados. Sin embargo, al considerar la dinámica de años recientes, esas brechas están aumentando, ya que en casi todos los países de la región ha disminuido la proporción de empresas que exportan. La región tiene el mismo número de compañías exportadoras que España o Corea, o bien la tercera parte de las que existen en Estados Unidos y Alemania. Además, en los países desarrollados las compañías exportadoras representan entre 3 y 9 por ciento respecto a su total de empresas, pero en los países latinoamericanos la única excepción es Costa Rica, que registró 3 por ciento. En el resto de los países analizados, las exportadoras no llegan ni a un punto porcentual de todo el sector privado.

La información oficial señala que sólo de enero a mayo de 2016 las exportaciones mexicanas sumaron alrededor de 150 mil millones de dólares, de los que 110 mil millones habrían sido acaparados por 340 empresas. Y la concentración de esta actividad en el país ha ido avanzando de manera contundente.

Los Censos Económicos 2014 del Inegi reportan que ese año existían en el país 4 millones 230 mil unidades económicas legalmente registradas y con personal ocupado (sectores privado y público; comerciales, la mitad de ellas), 40 por ciento más que en 2003, cuando sumaron poco más de 3 millones.

Todavía se oye la voz salinista que prometía la democratización del capital con el TLCAN, pero de acuerdo con los datos oficiales, en la actividad exportadora apenas participa 0.8 por ciento de las unidades económicas registradas y 73.3 por ciento de las exportaciones queda en manos de 340 de ellas. Concentración en la concentración del ingreso y la riqueza.

Y con el tiempo ha empeorado. Muestra de ello es que en 2005, once años atrás, la información gubernamental documentaba que en ese entonces apenas 601 empresas se quedan con 76.3 por ciento del valor exportado, porcentaje que ese año se tradujo en casi 142 mil millones de dólares. Ahora el número de empresas se ha reducido a 340, pero el ingreso creció sustancialmente.

En 1993 de la propaganda a favor del TLCAN sobresalía la oferta salinista de que con la llave de las exportaciones México abriría las puertas del primer mundo y gozaría las mieles del desarrollo, pues el tratado comercial garantizaba el crecimiento económico sostenido, lo que a su vez permitiría la homologación salarial con Estados Unidos, aumentarían la calidad y cantidad de las plazas laborales, se diversificarían mercados, se incrementaría el ahorro nacional y se redistribuiría con justicia el ingreso, la riqueza y el bienestar nacional. Eso y mucho más. Pero hagan sus cuentas de los 22 años transcurridos y obtendrán la respuesta real.

La Cepal advierte que el número de empresas exportadoras y las exportaciones están altamente concentradas. El problema es que cada día se concentran más. En 2005, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, 37 mil 344 empresas participaban en el mercado exportador; 11 años después el número cayó a cerca de 34 mil, pero el ingreso asociado creció y creció, mientras el país y sus habitantes se mantienen en la lona. En aquel año las empresas beneficiarias sumaban 601 (no necesariamente mexicanas) y apenas representaban 0.02 por ciento del universo empresarial del país. Ahora son 340 y significan 0.008 por ciento de dicho universo. Entonces, ¿democratizar el capital exportador?

Con el TLCAN los mexicanos ni de lejos han visto la puerta del primer mundo; tampoco las mieles del desarrollo, ni el crecimiento económico sostenido. Menos la homologación salarial con Estados Unidos ni, desde luego, la justa redistribución del ingreso, la riqueza y el bienestar. Y aquello de la diversificación de mercados es igual a que 85 por ciento del comercio exterior del país se realiza con Estados Unidos.

Las rebanadas del pastel

Otra historia de políticas socialmente efectivas: más de 100 mil chilenos marcharon ayer por la capital “para protestar contra el actual sistema de pensiones manejado por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) creadas durante la dictadura de Pinochet, a las que acusan de entregar bajísimas jubilaciones. Los empleados aportan a las AFP el 13 por ciento de sus sueldos y al final de su vida laboral reciben jubilaciones muy menores a los montos que percibían (antes de la privatización). Es un sistema de porquería manejado por las AFP chupasangre, que nos roban nuestros ahorros y que al final nos entregan una jubilación de mierda, dijo una indignada trabajadora.... Cualquier parecido con México no es casualidad, aunque allá sí protestan.

Twitter: @cafevega