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Electricidad y renovables: una primera
A

decir de un estudio de la Agencia Internacional de Energía de finales del año pasado (IEA, Renewable Energy, Medium-Term Market Report, Market Analysis and Forecast to 2020) las fuentes renovables de energía tendrán una expansión mayor que las fuentes tradicionales de generación de electricidad en todo el mundo.

En México se estima algo similar. Dos son las razones. Una primera, la urgencia de descarbonizar la matriz energética y abatir al máximo las emisiones de gases de efecto invernadero. La segunda, la significativa disminución de costos de producción de electricidad con base en dichas fuentes, primordialmente solar fotovoltaica y eólica tierra adentro. En virtud de ello, las renovables han participado con mayor éxito en el mundo en las subastas de energía eléctrica. Y se han incrementado los acuerdos de compra de energía proveniente de estas fuentes.

En 2014 se instalaron poco más de 120 gigavatios (GW) de renovables. Ya suman cerca de 2 mil GW. Y representan la tercera parte de una capacidad instalada mundial del orden de 6 mil GW. La agencia espera una instalación anual de hasta 160 GW próximamente. Sólo pensemos que se trata de casi el doble de la capacidad actual instalada en México. Y se espera que en los siguientes años se profundice la participación de las renovables en las estructuras nacionales de generación de electricidad, China e India por delante, supone la agencia, con lo que se estima una mayor penetración en la matriz eléctrica internacional.

Como ninguna otra fuente. Se espera que por 2020 al menos se genere la tercera parte de la energía eléctrica con renovables y se oriente hacia 50 por ciento. El reto es mayúsculo si consideramos –como debemos hacerlo– su intermitencia. Dicen especialistas que es el correlato de la volatilidad en el caso de la generación con combustibles fósiles. Y que exige manejo adecuado de la incertidumbre. Costoso y delicado. Aunque –siempre un aunque– con la enorme ventaja de que no generan (directamente, no lo olvidemos) gases de efecto invernadero.

En México, el mecanismo para acceder a estas fuentes renovables son las subastas. Ya hubo una en 2015 y está en curso una segunda para este 2016. Ya profundizaremos sobre sus resultados. Lo cierto es que –en principio– las subastas deben permitir que las entidades responsables de carga (según la Ley de la Industria Eléctrica de agosto de 2014 los diversos suministradores –servicios básicos, servicios calificados y último recurso–, así como los usuarios calificados participantes del mercado) celebren contratos para satisfacer sus necesidades de potencia y energía eléctrica acumulable (mediano plazo, tres años, y largo plazo, 15 años), pero también de certificados de energías limpias (mediano plazo, tres años, y largo plazo, 20 años).

Así, el mercado mexicano es de energía y de potencia, y de bonos de emisiones. E integra la oficialmente llamada energía eléctrica acumulable, la que generan las centrales eléctricas elegibles para recibir certificados de energías limpias. De ahí la enorme posibilidad de crecimiento de las renovables. No sólo entregarán energía a la hora que la produzcan, recibirán el precio marginal local (PML) que les corresponda y los certificados de energías limpias. ¿Buen negocio?

Conviene recordar el volumen de energía total (contabilizada) que se produce en el país, poco más de 300 teravatios hora (TWh). Apenas cerca de 20 por ciento proviene de energías limpias. Renovables, nuclear y de centrales térmicas con procesos de captura y almacenamiento geológico o biosecuestro de bióxido de carbono. Sólo cerca de 17 por ciento es de origen renovable, sin la nuclear. Apenas 7 por ciento sin la hidroeléctrica. Y no más de 4 por ciento sin la geotermia. Este componente –sol y viento– debe crecer. Las subastas deben permitir a los vendedores garantizar una fuente estable de pagos que financie sus inversiones. Y garantizar esa creciente participación de renovables en una matriz energética nacional en la que –no olvidemos– la electricidad sólo satisface cerca de 20 por ciento de las necesidades de energía final.

En la semana que empieza este lunes primero de agosto, el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) presentará las solicitudes de precalificación de ofertas de venta de la subasta de largo plazo número uno de este 2016 (SLP-1/2016). Convocada el pasado 29 de abril del 2016, con bases de licitación publicadas el 11 de julio pasado. El 27 de junio se presentaron las ofertas de compra de potencia, energía eléctrica acumulable y certificados de energías limpias. ¿De quién? Del hoy único suministrador de servicio básico: CFE-suministro básico.

Los resultados se darán a conocer a más tardar el 30 de septiembre. Los contratos se firmarán antes de que concluya enero de 2017. Se busca que el juego del mercado dé espacio a unas renovables en las que se tiene fincada una expectativa social muy importante. Por el abatimiento de los gases de efecto invernadero. También por el ánimo de abatir los costos que determinan el famoso precio marginal local. En última instancia, el precio final a usuarios finales.

No obstante, la intermitencia de las fuentes renovables formula retos importantes a la nueva estructura de la industria eléctrica en México, retos sobre los que habrá que profundizar próximamente. Sin duda.