Opinión
Ver día anteriorViernes 2 de septiembre de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Los sentimientos de la ciudad
H

ace doscientos años, José María Morelos convocó a redactar la primera Constitución de México. Al instalar la asamblea, leyó a los diputados un documento que expuso las ideas y los principios que serían la esencia de la futura carta constitucional en el histórico documento Los Sentimientos de la Nación. Entre muchas otras cosas, el texto proclamaba: “Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía; que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra; que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario, eligiendo las provincias sus vocales, y éstos a los demás, que deben ser sujetos sabios y de probidad; que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirán a un americano de otro el vicio y la virtud; que en la misma se establezca por ley constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicando a la patrona de nuestra libertad María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual; que se quite la infinidad de tributos pechos e imposiciones que más agobian, y se señale a cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, u otra carga igual ligera, que no oprima tanto….”

Muchas cosas han cambiado, pero duele darnos cuenta de que en doscientos años no hemos logrado muchos de aquellos anhelos. Somos hoy una economía dependiente de los países ricos y tenemos un gobierno que reproduce con fidelidad los estilos monárquicos de entonces. Estamos muy lejos de lograr que la soberanía dimane directamente del pueblo; la creatividad de nuestros partidos para hacer fraudes no ha permitido que contemos con leyes dictadas por el pueblo ni gobernantes realmente elegidos por él, y menos aún, que los candidatos/as sean sujetos sabios y de probidad. Esto último hasta me provoca risa (esa expresión de angustia tan desahogante). No somos todos iguales como entonces se buscaba; los derechos humanos sólo los ejerce quien pertenece a estratos socioeconómicos medios y altos; nuevas formas de esclavitud proliferan en todo el territorio: explotación y trata de niñas, niños, mujeres y jóvenes; pérdida de prestaciones laborales y jornadas inhumanas y muy mal pagadas. La imposibilidad de movilidad social se parece a la estructura de castas. Desde entonces se buscaba quitar la infinidad de tributos, que hoy representan una carga agobiante para la clase trabajadora, mientras prevalece la exención a las clases pudientes.

Hay un rasgo cultural que ha sido superado: hoy se reconoce a México como Estado laico, la Constitución no impone una religión como única, la nación se secularizó hasta la Reforma de Juárez, cuando logramos quitar el poder a la corona española; entonces se dio un salto cualitativo para fundar un Estado-nación y poder ejercer todas las libertades. La educación laica y gratuita, la libertad de pensamiento, el derecho al divorcio, son logros que se confirmaron también en la Constitución de 1917. Las rejas del edificio del Senado, en Reforma e Insurgentes, presentan estos días una excelente colección de fotografías que atestiguan los logros de las constituciones de 1857 y de 1917.

El próximo 15 de septiembre la ciudadanía asistirá al acto fundacional de la Ciudad de México como entidad soberana. En la Asamblea Constituyente, los 22 diputados de Morena electos por el voto popular mayoritario defenderemos los sentimientos de varias generaciones de la ciudad, que han sido el resultado de intensas luchas sociales, cívicas y políticas. Este grupo representa la continuidad de las luchas cívicas, electorales y democráticas que a través del tiempo han dado los habitantes de la capital, recogen el ejemplo del movimiento ferrocarrilero de 1958-59, del movimiento médico de 1964, de los estudiantes de 1968, de la insurgencia sindical de los años 70, de la organización vecinal posterior a los temblores de 1985, del movimiento universitario de 1986-87, de las jornadas cívicas de 1988, de las movilizaciones ciudadanas contra el desafuero en 2005, de la lucha contra el fraude en 2006 y la defensa del petróleo en 2013. En el grupo parlamentario de Morena también estamos dando continuidad a las luchas de las feministas iniciadas desde principios del siglo XX, así como a las reivindicaciones del movimiento lésbico, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual e intersexual (LGBTI).

La nueva constitución de la ciudad tiene que tomarse como una oportunidad para rescatar nuestra urbe y el país. Es necesario establecer nuevos mecanismos jurisdiccionales para que se aseguren la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, y el acceso y la exigibilidad a los requerimientos básicos para una vida digna, libre de discriminación y de violencia.

Porque la Ciudad de México se caracteriza por tener una población secular, cosmopolita y progresista, donde el derecho a decidir sobre el cuerpo, al matrimonio igualitario y al ejercicio de las libertades se ejercen pese a los retrocesos del gobierno federal y local, se trata de una población donde se recibe cada año y con respeto, a más de 4 millones de guadalupanos, entre los los hay, además de cristianos, librepensadores, judíos, gays, lesbianas y hasta ateos. ¿Será por la influencia de Morelos?

Twitter: @Gabrielarodr108