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Banderas y harapos surgió como una necesidad vital para conjurar el dolor, asegura

Gabriela Selser presentará sus memorias de corresponsal de guerra en Nicaragua
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Gabriela Selser con el escritor Sergio Ramírez, vicepresidente de ese país de 1985 a 1990, quien escribió el prólogo de su libroFoto tomada del Facebook de Gabriela Selser
 
Periódico La Jornada
Miércoles 7 de septiembre de 2016, p. a10

Buenos Aires.

Fue la guerra y sin embargo era la vida. De su propio derrumbe los recuerdos emergen claros, cálidos, violentos, escribe Gabriela Selser en Banderas y harapos: relatos de la revolución en Nicaragua, una suerte de conjuro contra el dolor que narra sus años de alfabetizadora y corresponsal del conflicto armado entre sandinistas y contras.

La periodista argentino-nicaragüense presentará su libro de memorias junto con el escritor Sergio Ramírez y la sicóloga Martha Cabrera, el próximo jueves en la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua. Luis Enrique Mejía Godoy y Norma Helena Gadea cantarán además en el cierre de ese acto.

Selser asegura que Banderas y harapos “surgió casi como una necesidad vital, porque a inicios del año 2000, transcurridos 10 años del fin de la revolución sandinista, comencé a tener sueños y pesadillas recurrentes sobre distintos episodios: la familia que alfabeticé en la montaña, las caminatas cruzando los ríos, las coberturas de guerra, los ataques de la contra, los amigos muertos... Escribí entonces una serie de relatos que intenté varias veces corregir y publicar, sin lograrlo. Creo que ahora necesité quitarle la lápida a los recuerdos del pasado para cerrar ese ciclo, para conjurar el dolor”, afirma desde Managua.

Respuestas

Banderas y harapos (Anamá Ediciones) busca responder a lo largo de sus páginas a preguntas como qué se perdió para siempre y qué nos queda hoy. Mientras, da testimonio de las visitas del escritor argentino Julio Cortázar y el cantautor uruguayo Daniel Viglietti para apoyar a Nicaragua, así como del polémico viaje del papa Juan Pablo II, entre muchísimos sucesos que marcaron el día a día de la revolución sandinista (1979-1990).

Para esta serie de relatos y crónicas, donde el rigor periodístico se entrelaza con la narración literaria, Selser revisó sus artículos en Barricada –el periódico del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), para el que cubrió numerosos combates– y su diario de alfabetizadora en Waslala, en el noreste del país.

No hay otra manera de contar la Historia con mayúscula que mediante las historias con minúsculas. Y aquí está este libro lleno de nostalgias vivas que renacen en la lumbre al soplar los rescoldos, apunta Sergio Ramírez en el prólogo. Ahora estamos en el presente despiadado. Las banderas de la revolución se volvieron, en la calle, harapos, agrega el ex vicepresidente sandinista.

La autora, hija del periodista e historiador argentino Gregorio Selser, nació en Buenos Aires y se exilió en 1976 con su familia en México, tras iniciarse la dictadura argentina. A los 18 años partió en 1980 a alfabetizar en Nicaragua y su destino fue durante seis meses la comunidad rural de San José de las Casquitas. Entendimos lo difícil que es la vida de los pobres y el valor de un plato de frijoles, escribió entonces en su diario de campo la corresponsal de Dpa en Managua desde 1995.

Selser también refiere cómo un miembro de la familia campesina González Aráuz, a la que alfabetizó, la buscó mucho tiempo después para contarle con emoción que se había graduado de ingeniero agrónomo. El mismo que a sus 11 años garabateaba: Tenemos poco, cultivemos más. ¡Adelante!

Uno de los capítulos del libro está dedicado a Cortázar, quien participó en una vigilia de paz en Bismuna durante su séptimo viaje a Nicaragua. Viudo, Cortázar parecía buscar en la desolación de Bismuna su propio conjuro contra la muerte, señala la periodista y recuerda la pena que producía al autor de Rayuela un manto de naranjas tiradas en el pasto. El escritor cavó zanjas, al igual que los demás, mientras una y otra vez se le caía el lápiz. El mismo con el que añadió, cómplice, una frase final a la nota de Selser sobre ese viaje: Alguna vez éste será un lugar de paz y aquí se construirán escuelas. Y siempre habrá gente para recoger todas las naranjas.

Viglietti, en tanto, visitó la redacción de la Agencia Nueva Nicaragua, donde Selser se inició como periodista, y terminó de componer allí, en una máquina de escribir prestada, su Declaración de amor a Nicaragua.

Banderas y harapos discurre entre aprendizajes y errores del sandinismo. Entre estos últimos, detalla: La guerra y la escasez continuarían su curso inexorable durante varios años más, erosionando la capacidad de resistencia de la población, que no veía salida a sus problemas. A ello se sumaban los ya cada vez más notorios privilegios de que gozaban la mayoría de los dirigentes del FSLN.

Este proceso culminaría con la inesperada derrota del sandinismo en las urnas ante Violeta Chamorro en 1990. Las calles en todo el país quedaron desiertas y Managua parecía una ciudad fantasma, evoca Selser, que también presentará el libro en antiguas zonas de guerra en el interior del país.

Tras el fin de la revolución, por la que murieron casi 50 mil nicaragüenses, muchos le pusimos una losa a ese pasado para no cargar, quizá, con el dolor de haber perdido un proyecto de vida, comenta.

“A la vuelta de los años, con un sandinismo muy sui géneris en el poder hoy en día, la historia oficial comienza a recontarse con omisiones y falsos protagonistas”, analiza Selser. “Ojalá Banderas y harapos pueda animar a esa generación a escribir sus propios y veraces relatos de aquella época histórica. Y a los jóvenes, que el conocer un trozo de su pasado los motive a leer más", anhela.