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Pensiones: actuarios serios, cuentas claras
E

n octubre de 2014 la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) estableció que “de la llamada ‘generación Afore’ (empezaron a cotizar-IMSS en julio de 1997) al ritmo de densidad de cotización actual, sólo un tercio alcanzaría derecho a pensión”, ( Sistema de Ahorro para el Retiro. Diagnóstico y acciones pendientes. Comisión de expertos. Consar, 2014, p. 26).

Como en cualquier otra parte, México requiere actuarios serios para que, gracias a sus cuentas claras, dispongamos de escenarios y proyecciones sobre tasas de contribución tripartita que garanticen una pensión digna a todos los que cotizaron, los que cotizan y, sobre todo, los jóvenes que aguardan cotizar: a los cercanos al retiro, así como activos y de nuevo ingreso.

Pero también los requerimos para, primero, el debate en curso que ya evalúa la dinámica estructural de los poco alentadores 19 años del SAR y después, el diseño –entre otros instrumentos– de un modelo proporcional y equitativo de contribuciones tripartitas que reclama el desafío pensionario mexicano: para arribar a consensos amplios de todos los actores involucrados sobre la alta calidad de los buenos y claros números que se pondrán obligadamente sobre la mesa.

No se acaba de apreciar cómo pueden contribuir a esta tarea estratégica las recientes declaraciones de Roberto Rocha López, presidente entrante de la Asociación Mexicana de Actuarios Consultores, para quien el bajo monto de las pensiones, derivado de la reforma al IMSS de 1997, porta implicaciones que en breve se harán evidentes: la primera generación que se jubile, aclara, será un grupo envejecido y pobre. Con un ingreso que rondará el salario mínimo. Hay que analizar y atender los bajos niveles del remplazo, propone. Porque tenemos que ser capaces de trasmitir, junto con la adecuada identificación del problema, la solución.

Pero, justo como sucede en el caso de Francisco Aguirre, de Valuaciones Actuariales, y su fantástica Ley Marco Nacional de Pensiones, así como con las propuestas de Carlos Lozano, del Colegio Nacional de Actuarios, ¿cómo puede Rocha identificar y solucionar esquivando evaluar los 19 años de operación del SAR?

Los tres actuarios omiten, sin chistar, el fracasado desempeño de las cuentas individuales en cobertura, suficiencia de beneficios y sostenibilidad financiera. Pero se precipitan, de inmediato, a desplegar alternativas de base actuarial, sólo en y desde la cancha del modelo Afore, tal y como pretende reformar la SHCP, sin escuchar absolutamente a nadie más que a una industria, la de las administradoras, que genera mucho ahorro, pero sólo puede pagar pensiones miserables (Informe semanal de la vocería, 22/8/16). Vaya sistema de ahorro para el retiro. Ahorro sí, sin duda, pero no para sus dueños: los que pasarán a un miserable retiro.

Al contrario, para Rocha las pensiones Afore van a ser muy bajas porque sin duda alguna la ley IMSS-1997 que sustituyó al antiguo sistema nos habla de un esquema que hace viable el sistema como tal, pero reduce el alcance de las pensiones. ¿Perdón: qué dijo? ¡Un esquema viable no es viable si reduce las pensiones!

La curiosa visión de Rocha agrega otra perla: para él es absolutamente claro que en definitiva, el régimen previo a 1997 ya no era viable porque no se tomaron las medidas adecuadas y se empezaron a dar beneficios muy por encima de los que se habían previsto para una determinada cuota. ¿De veras? Tal como publicita sin pausa Consar. ¿Y, además, cómo lo sabe? ¿Cuáles podrán ser sus evidencias nunca presentadas? Porque lo único cierto, eso sí en definitiva, es que el régimen previo y el de Afores son técnicamente incomparables.

Y es que, según Marcela Andrade (Unidad de Coordinación con Entidades Federativas, de la SHCP), los gobiernos estatales y municipales tendrán que valorar sus pasivos pensionarios mediante estudios actuariales –actualizados cada cuatro años, los municipales, y cada dos, los estatales– siguiendo la Ley de Disciplina Financiera de los Estados y Municipios. Ciertamente un jugoso mercado para despachos actuariales.

Si los estados hacen uso del gasto corriente para pagar pensiones, insiste, es tiempo de que actualicen la parte actuarial. Por su parte, Humberto Panti (Fitch Ratings) estima que son pocas las entidades que tienen fondeadas sus pensiones y otras más donde la problemática se encuentra muy avanzada. Los estudios actuariales, recomienda, deberán revelar el déficit: sería conveniente que se establecieran parámetros de calidad en la evaluación de los sistemas. Si no los tiene de manera estandarizada, los resultados pueden ser muy variables. En México hay pocos despachos reconocidos que hacen estos estudios actuariales.

Pero Rocha estima que venimos de un esquema muy paternalista, mal enfocado, pero también de una muy mala gestión de esos sistemas, de una gestión política, incompetente, de gente que no conoce este negocio, justo el torcido e inexacto mensaje publicitario que ha diseminado Consar durante 19 años ante su incapacidad para reconocer la incomparabilidad estructural entre ambos esquemas. Consar es la que siempre agrega un calificativo especial para descalificar el antiguo sistema que tanta sombra proyecta sobre el fracasado desempeño del SAR. Pero, venturosamente, Rocha sí conoce el negocio, pero no el de Consar, ¡claro!, sino el de los actuarios que dictaminan sistemas de pensiones paternalistas.

La labor de los actuarios mexicanos debería ser acompañada, ahora, por las unidades competentes de la Organización Internacional del Trabajo. En materia de pensiones, iniciativas sustentables son aquellas que nacen de la sociedad, con metas viables y, sobre todo, liderazgos sólidos.

*Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco