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Recibió un homenaje del CMB

Lo que peleé me lo gasté; he disfrutado mi vida: Sugar

El combate ante Moore, el que más quiero

 
Periódico La Jornada
Miércoles 14 de septiembre de 2016, p. a15

Ultiminio Ramos se interpretó a sí mismo en la película dedicada a su compadre Rubén Púas Olivares, a principios de los años 80. En una escena repleta de bruma cabaretera, el peleador nacido en Matanzas, Cuba, hace un soliloquio sobre la soledad y la vida dramática de los pugilistas. Lo escucha en silencio una vedette que sólo asiente compasiva. El Sugar que interpreta al Sugar parece un tipo melancólico.

Al recordar aquella escena, Ultiminio soltó una carcajada. Esa representación del boxeador como héroe trágico le resulta ajena. No porque la considere falsa –muchos ex compañeros de oficio viven sus retiros con amargura–, sino porque su personalidad no ajusta con el drama.

Él vivió la culpa; dos rivales murieron por sus golpes y todo lo que ganó se evaporó en el curso de los años, pero a los 74 años de edad está convencido de que es un hombre pleno y feliz.

Lo que yo peleé me lo gasté y no me amargo, he disfrutado mi vida, dijo ayer al final del homenaje que le organizó el Consejo Mundial de Boxeo, pues Ultiminio Ramos fue su primer campeón. El reconocimiento lo estremeció. Con apenas un hilo de voz, aceptó el tributo, pero no dejó de preocuparse por su gremio.

Lo que estoy sintiendo es amor y cariño, dijo Ultiminio en el café El secreto del Sugar, montado en su casa.

Espero que algunos de mis cuates del boxeo también tengan la oportunidad de recibir lo que hoy recibo yo. Me siento como si fuera ayer, como si acabara de bajar de una de mis peleas, señaló.

Foto
Ultiminio Sugar Ramos, de 74 años, valora el aprecio de la genteFoto Carlos Ramos Mamahua

Las fotos que adornan las peredes de su negocio refuerzan esa nostalgia, mientras en una pantalla se ve la pelea que lo encumbró como el primer campeón del mundo del CMB, en 1963.

Esa es la pelea que más quiero, dijo sin titubeos sobre el combate que le costó al vida a quien era el monarca, el estadunidense Davey Moore. Fue mi mejor pelea y ahí me coroné campeón.

Ultiminio aprendió que recordar su primer campeonato del mundo siempre llevará consigo una alusión grave a la muerte de Moore por los golpes que recibió.

Eran otros tiempos, resumió Ultiminio. Una época en la que una función también podía desembocar en un episodio delirante, como el que vivió en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos.

En el intento por recuperar el título pluma enfrentó al campeón puertorriqueño Carlos Ortiz. La pelea fue difícil y en el quinto asalto un cabezazo le abrió la ceja a Ultiminio. El réferi, sin consultar a los jueces, levantó la mano del boricua.

La gente protestó y desató el caos por alrededor en una hora. El entonces presidente del CMB, Ramón G. Velázquez, exigió que se modificara el fallo y declaró vencedor por nocaut técnico al Sugar. Ortiz tuvo que abandonar el cuadrilátero con una cubeta en la cabeza para protegerse de las monedas que le arrojó el público.

Siento que tengo lo que muy pocos consiguen, el aprecio de la gente, y eso es todo. A eso viene uno a la vida: a echarle candela a lo que se ama, dijo Ultiminio.