Opinión
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Itacate

Maíz en Pichátaro

Cristina Barros y Marco Buenrostro
H

oy el Itacate se viste de gala para celebrar el Día Nacional del Maíz este 29 de septiembre. Y es que en esta ocasión es Heriberto Rodríguez Silva, comunero de Pichátaro, Michoacán, quien con la autoridad que da la experiencia vivida refiere cuáles son los usos y las costumbres en su población, la cual ha sido orgullosamente declarada libre de transgénicos tras un trabajo conjunto entre sus habitantes y un grupo de científicos. Le damos la palabra con nuestro agradecimiento por su participación.

La comunidad purépecha de San Francisco Pichátaro está ubicada en el extremo poniente de la cuenca del lago de Pátzcuaro, en Michoacán, con un territorio comunal de 9 mil 125 hectáreas de gran riqueza forestal, donde también se siembra maíz.

El maíz es el pilar cultural de nosotros los purépechas. Tiene que ver con los mitos y ritos y sobre ellos giran las actividades de la vida local. Sin embargo, en los años recientes ha sufrido un proceso de erosión de sus sistemas productivos y la complejidad que habían desarrollado nuestros abuelos, por ejemplo, un tipo de maíz adaptado a cada paraje, con plantas acompañantes útiles para la alimentación además de plantas medicinales.

Al ekuaro (solar en purépecha) lo consideramos un laboratorio para adaptar plantas y tipos de maíz para la alimentación; todavía existe y tiene gran variedad de plantas útiles, frutales y medicinales. Aquí se siembra en marzo, cerca de la vivienda para cuidarlo y abonarlo; el maíz colorado –huarote– para tener y degustar elotes en la fiesta de agosto en honor a la preciosa sangre de Cristo.

De ahí se cortan los primeros elotes, se da el rastrojo a los animales de trabajo y 15 días después, cuando el grano del maíz se está endureciendo, se hacen uchepos, tamales de elote dulces que a mi abuela le gustaban con sal y un té de quensabe, planta aromática y medicinal muy apreciada, ahora difícil de encontrar.

Con las mazorcas de huarote se hacen las primeras tortillas de maíz nuevo que en sabor no tienen comparación. Las mujeres desprenden cuidadosamente las hojas de las mazorcas, para guardarlas y usarlas para elaborar tamales y nakatamales; las mazorcas se seleccionan por su tamaño, se amarran de dos en dos (mancuernas) y se colocan horizontalmente sobre un palo para adornar la casa, como símbolo de prosperidad y agradecimiento a nuestros dioses por darnos un ciclo más de vida. Luego se usan para hacer pozole, alimento que se da en las fiestas y rituales de la comunidad y que no ha perdido su vigencia. Otros maíces sagrados son el azul, el pinto y el negro. Los dejaremos para otra ocasión.