Opinión
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Astillero

La salvación no está en Hillary

Obviamente, tampoco en Trump

México ya está en la mira

¿Estigma Calderón Hinojosa?

Julio Hernández López
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DESTACA LOGROS. Un día después de que el PRI le retiró sus derechos partidistas, el gobernador Javier Duarte de Ochoa encabezó un acto público en Xalapa y afirmó que durante su gestión Veracruz pasó del lugar 24 al 10 en competitividad a escala nacionalFoto Sergio Hernández
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onvertido en espectáculo a cargo de dos mal calificados que buscan etiquetar al otro como peor, el debate entre candidatos a la presidencia de Estados Unidos concitó análisis y pasión entre mexicanos que están convencidos de que buena parte de la suerte futura de nuestro país dependerá de los resultados de la elección en noviembre entre Hillary Clinton y Donald Trump. Y, dado que éste ha utilizado a México para excitar el simplismo beligerante de un segmento de sus eventuales votantes, los tropiezos o retrocesos del republicano llegan a ser festejados en suelo tricolor como una especie de victoria binacional, de esfuerzo de la mosca vecina en el arado imperial.

Ayer, por ejemplo, hasta el maltrecho peso registró una mejoría en su relación con el dólar y en varios sitios de poder se quiso entender que la confrontación escénica entre Clinton y Trump prefigura una votación menor para el magnate y el consiguiente triunfo de la menos peor. Ya se verá si la nocturna exposición mediática del lunes se reflejará en las preferencias electorales. Cierto es que Clinton tuvo mejor desempeño y que su conocimiento y habilidad en los temas públicos no tiene comparación frente al aprendiz Trump, pero esa sabida ventaja sustancial de Hillary no pudo ser convertida en una diferencia irremontable, pues el marrullero Donald logró escabullirse de temas delicados y, en términos generales, sostuvo el (bajo) nivel intelectual y político que es apreciado por la franja de estadunidenses que le apoyan aunque no tenga experiencia y entorchados políticos y diplomáticos (o, visto de otro modo: que justamente le apoyan, en términos elementales, por la carencia de tales distintivos institucionales).

La ilusión óptica de considerar a Clinton una especie de salvación frente a los exabruptos del cavernícola Trump proviene de una lectura mexicana infundadamente esperanzada: claro que será bueno que no triunfe el multimillonario que amenaza con cargar a nuestra cuenta la construcción de lo que falta de muro entre las dos naciones y con devolvernos a millones de paisanos cuyas remesas son hoy un sostén económico fundamental. Pero la política de cetrería que sustenta a Clinton (los grupos armamentistas y financieros, por ejemplo), y que la condicionaría en caso de que llegara a la Casa Blanca, tampoco ofrece perspectivas favorables para los intereses de México, entre otras causas porque, a fin de cuentas, nuestro país (sus riquezas, sus aptitudes y posibilidades) ha quedado ya en la mira de la halconería de la gran potencia, con nuestras debilidades e insuficiencias, con una clase política absolutamente ineficaz y corrupta, y una sociedad pasmada, incapaz de organizar la defensa nativa, en el marco nacional, de sus propios intereses inmediatos, e igualmente impávida ante el embate de fuerzas trasnacionales que ya han desembarcado empresarial y políticamente en México, sobre todo a partir de las reformas estructurales, tan antipatrióticas como fallidas, que Peña Nieto consiguió imponer en términos legales.

En el plano local, el aparente avance de Clinton, luego del debate, pretende ser aprovechado por Margarita Zavala Gómez del Campo. Apenas comenzaron a darse a conocer resultados de encuestas de opinión favorables a la candidata demócrata, cuentas de Internet identificables con la esposa de Felipe Calderón los difundieron con entusiasmo e insistencia. El factor de género es aprovechado en esta estrategia propagandística: Hillary es la primera mujer en competir por la presidencia de su país, mientras Margarita aspira a ser la segunda en su país (antes lo fue otra panista, Josefina Vázquez Mota, a la que abandonaron políticamente Vicente Fox Quesada y el propio Calderón). Si la primera alcanza la Casa Blanca, un presunto mimetismo social favorecería las posibilidades de que la segunda sea candidata y eventualmente regrese a Los Pinos.

El panorama ya no está tan despejado para Zavala como hace pocas semanas, cuando casas encuestadoras y ciertos medios de comunicación la convirtieron súbitamente en supuesta revelación aplastante, como si no tuviesen fuerza ni viabilidad los otros dos aspirantes a la postulación panista, el dirigente Ricardo Anaya y el todavía gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle. La decisión del partido blanquiazul está muy lejos de ser tomada y en ella pesarán factores internos, ajenos e incluso contrarios a la temprana ambición de la dupla Zavala-Calderón.

A propósito de ese actuar político en combo, Zavala Gómez del Campo (a quien no molestó, ni impugnó el que durante los seis años en que su esposo ocupó Los Pinos se le adjuntara el distintivo conyugal de Calderón) hizo en Ciudad Juárez, Chihuahua, declaraciones sin fortuna (publicadas en La Jornada, bajo la firma del corresponsal Rubén Villalpando: https://goo.gl/5s0zka): No quiero ser etiquetada como la esposa del ex presidente de México Felipe Calderón Hinojosa, ya que somos personas diferentes y buscaré borrar ese estigma, para demostrar y convencer que no somos la misma persona, dijo, en el contexto del rechazo airado a su presencia en aquella urbe fronteriza tan dañada durante el calderonismo.

Estigma, según el diccionario de la Real Academia Española, tiene siete acepciones, de las cuales tres corresponden al ámbito científico y las otras cuatro al habla común. De éstas, la señora Zavala debe escoger la que a su juicio corresponda a su media naranja, seis años tan dulce y ahora electoralmente agria: Marca o señal en el cuerpo; desdoro, afrenta, mala fama; huella impresa sobrenaturalmente en el cuerpo de algunos santos extáticos, como símbolo de la participación de sus almas en la pasión de Cristo, o, marca impuesta con hierro candente, bien como pena infamante, bien como signo de esclavitud. Hillary Clinton no ha renegado (a pesar de los mil pesares) del apellido de su esposo, así que no pretende ser llamada Hillary Rodham, que es su nombre de soltera. Pero la émula Margarita sí quiere despojarse del Calderón, y condena a éste a renombrarse como Estigma Calderón. ¡Hasta mañana!

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