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Astillero

Otro caso de diplomacia vergonzosa

SRE, Roemer, Unesco

Presionado, México recula

Destitución y acusaciones

N

unca debió nombrarse a Andrés Roemer Slomianski embajador y representante permanente de México ante la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), con sede en París (https://goo.gl/fvj8cc). Tan delicado e importante cargo fue adjudicado, como en muchos otros casos durante la actual administración peñista (con la anuencia de la obsequiosa Cámara de Senadores), en un contexto de amiguismos e improvisaciones que ha tenido un desenlace dañino para el interés nacional.

El deshonroso episodio del manoseado voto mexicano en la Unesco respecto de sitios sagrados en Jerusalén devino en graves acusaciones oficiales contra el ahora destituido Roemer Slomianski (lo cual confirma que la oficina a cargo de Claudia Ruiz Massieu Salinas de Gortari instaló en la Unesco a alguien sin la debida formación diplomática), en un conflicto con la muy influyente comunidad judía y en una penosa retractación mexicana del sentido de su voto, al pasar de la aprobación original del proyecto de la Unesco a una abstención en busca de reconciliarse con la postura israelí.

Como en una comedia de pastelazos se ha desarrollado la historieta del súbito héroe Roemer (la etiqueta épica le fue adjudicada por Enlace Judío, el espacio de expresión de la comunidad judía en México, uno de cuyos artículos editoriales se titula Gracias, Andrés, el Dreyfus mexicano, https://goo.gl/5i60I6). Por medio de un tuit (desde una cuenta que ya está inhabilitada, @roemerandres), el embajador de México responsabilizó al Estado mexicano del voto que presentó en primera instancia en la Unesco: Reitero todos los votos ante la Unesco (Ucrania, Israel, Kosovo, etc). No son votos de Andrés Roemer. No me represento ante Unesco/sino a Mx, escribió, en una precisión que era obvia (los embajadores no se representan a sí mismos, sino al país que los designó), y anunciaba su pretensión de encontrar coartadas.

Fuertemente impugnado por la comunidad judía, a la que pertenece, el embajador mexicano Roemer llamó por teléfono a Adina Chelminsky (@adinachel , en Twitter, quien le había espetado por la vía del pajarito azul: “¿Qué chingados estabas pensando? A veces ser tan ‘inteligente’ te hace ser un idiota”) y le explicó, según la síntesis que ella difundió en la edición mexicana del Huffington Post (y que no ha sido desmentida): en lo personal (Roemer) no está acuerdo con la decisión de México en la votación, no sólo por razones religiosas sino por el contenido de la resolución y la falta de información con la que se tomó la decisión. La incomodidad que le causó la votación lo llevó a pensar en su renuncia, pero decidió no hacerlo.

Lo que sí había hecho era ausentarse de la reunión, dejando a otro diplomático para que cumpliera con la instrucción de votar en el sentido que irritaba a la comunidad judía (esa treta se ha practicado varias veces en el Congreso mexicano, donde algunos opositores han preferido votar con los pies, dejando el salón de sesiones para no comprometerse personalmente, arguyendo en algunos casos la necesidad de ir al servicio sanitario). Carmel Shama Acogen, embajador de Israel ante organismos internacionales, reconoció el gesto del embajador ¿de México?: Fue conmovedor ver que abandonaste el salón durante la votación para evitar votar en contra de tus creencias. Además, pienso que su decisión de renunciar a su cargo es prematura y apresurada. Estoy seguro de que serás un gran activo para México y amigo de Israel (el texto fue publicado por el propio Roemer en su cuenta tuitera, ya desactivada). El portal Enlace Judío, citado aquí líneas antes, también emprendió la defensa del efímero ¿embajador mexicano? (había tomado posesión del cargo el primero de junio de este año) al difundir un documento de manejo interno de la Secretaría de Relaciones Exteriores en el que se indicaba a Roemer cómo votar. El título de la nota señala: Andrés Roemer votó en estricto sentido con el mandato enviado por la cancillería: aquí está la prueba https://goo.gl/vTnlvb).

Foto
CONFLICTO DIPLOMÁTICO. Escritor, académico y con amplio bagaje cultural, Andrés Roemer Slomianski fue cesado como representante de México ante la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, después de la actuación que tuvo durante la votación de una resolución que eliminó el vínculo de los judíos con el Muro de los LamentosFoto María Meléndrez Parada

Luego de ese polémico voto mexicano en positivo, presentado en una primera instancia de la Unesco (en la nota de La Jornada, de Patricia Ríos, se explica que la resolución se refirió al patrimonio cultural y religioso de Jerusalén Oriental, que excluye al judaísmo de la Explanada de las Mezquitas, conocido como el Monte del Templo), ayer México se echó para atrás y prefirió refugiarse en el plano de la abstención, aunque a fin de cuentas la resolución fue aprobada por mayoría.

Escritor, académico y difusor de la ciencia y la cultura, con sólida formación intelectual, Roemer ha ganado presencia pública como organizador de la Ciudad de las Ideas, un proyecto personal ahora asociado al gobierno de Puebla, a cargo de Rafael Moreno Valle, y a Televisión Azteca, de Benjamín Salinas Pliego, señal ésta en la que el citado Roemer ha sido productor y conductor de programas. Es probable que, por sus antecedentes y capacidades, Roemer hubiera tenido un buen desempeño en otro tipo de encargos gubernamentales. Pero al inicio de la administración peñista fue designado cónsul en San Francisco, California (posición privilegiada, sobre todo para un primerizo en esas tareas), con inmediatas objeciones que se multiplicaron cuando él combinó su tiempo y tareas oficiales con las relacionadas con la Ciudad de las Ideas (una actividad privada). Y, a pesar de todo, luego fue impulsado a una responsabilidad desproporcionada: la embajada y representación ante la Unesco.

Ahora, Relaciones Exteriores ha acusado a Roemer de una serie de actos negligentes e incluso de traición al encargo recibido: no informó diligentemente y con acuciosidad del contexto en el que ocurrió la votación; avisó a otros gobiernos del sentido del sufragio que daría México, e hizo públicos documentos y correspondencia oficiales sujetos al sigilo que le obliga la Ley del Servicio Exterior Mexicano, dice la nota de la reportera Ríos. Una vergüenza internacional más. Una pifia peñista más. ¡Hasta mañana!

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