Cultura
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En una escuela rural de Costa Rica llevan 20 años de abrir oportunidades a niños y jóvenes

Cultivan la música como bálsamo para atenuar adicciones y delincuencia

Trabajamos sin apoyo financiero del Estado ni del sector privado, indica la presidenta de la Asociación Cultural del cantón de Santa Bárbara

Impulsan el talento de muchas personas

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En un aula de la escuela rural de Santa Bárbara, en Costa Rica, la profesora Jaqueline Segura estimula a Paola, de 26 años, quien sufre parálisis cerebral. La joven sonríe al intentar percutir un bongóFoto Ernesto Ramírez/ Dpa
 
Periódico La Jornada
Viernes 4 de noviembre de 2016, p. 4

San José.

Es sábado 22 de octubre. El reloj apenas marca las siete de la mañana. En la escuela de Santa Bárbara, cantón rural de la provincia costarricense de Heredia, todos corren o caminan apresurados de un lado a otro. Un niño carga una guitarra, una joven un violín y una mujer de unos 70 años lleva en la mano izquierda un juego de partituras.

La escena se repite desde hace dos décadas, cuando Santa Bárbara, comunidad de unos 40 mil habitantes, decidió sumarse a un proyecto promovido por el Estado costarricense en 1994 y cuyo objetivo es llevar la música a muchos rincones del país.

En ese contexto, y casi como milagro, como dice la presidenta de la Asociación Cultural de ese cantón, Hilda González, nació la Academia de Música. Ahora, más de 20 años después, el centro se codea en la formación de músicos con otras instancias académicas e institucionales públicas y privadas, incluso de rango universitario.

Decimos que es un milagro porque hemos abierto oportunidades al talento, a la cultura, a muchas personas que no tenían cómo aprovechar sus habilidades y el gusto por el arte, dijo González, quien fue viceministra de Cultura y diputada en dos ocasiones.

Y lo llama milagro, porque trabajan sin presupuesto, con un respaldo institucional del Ministerio de Educación y de Cultura, así como del gobierno local, pero sin partidas financieras fijas del Estado ni del sector privado.

Nos financiamos esencialmente con las matrículas y las mensualidades de los estudiantes (equivalentes a unos 20 dólares), con actividades como bingos y convivios entre los familiares de los estudiantes, explicó González.

Y aún en esas circunstancias, otorgan unas 40 becas. La junta directiva compra instrumentos y financia programas de inclusión, dando estímulo a personas con parálisis cerebral, niños especiales y adultos mayores.

Rehabilitación de jóvenes

La Academia de Música de Santa Bárbara, comunidad que al igual que muchas otras de Costa Rica está golpeada por las drogas, la delincuencia y la desocupación, se ha convertido también en un verdadero bálsamo para atenuar el impacto de esos problemas.

Muchos jóvenes que ingresaron a la academia tenían problemas de drogadicción y alcoholismo, desintegración y violencia intrafamiliar, y por medio de la música se han rehabilitado, explicó la directora de la academia, Jacqueline Segura.

Las escenas de solidaridad y compromiso conmueven a cualquiera que visite el centro, que funciona dentro de la escuela pública de la comunidad.

En una de las aulas, ayudada por su profesora Jacqueline, Paola, mujer de 26 años con parálisis cerebral, esbozaba una sonrisa cuando con su pequeño dedo intenta percutir un bongó. A su lado, Warner, un niño especial, luchaba por sacarle notas a una melódica. En un pasillo, el joven Jeffry Hernández ensayaba con un xilófono y, frente a un pequeño auditorio, un treintañero practicaba con un trombón.

Más al fondo, sin pensar en diferencia de edades, unas adolescentes, junto a otras compañeras de mayor edad –incluida una bordeando los 70–, más hombres en bajos y tenores, montaban una canción tipo villancico y una versión de un Ave María. Todos forman parte del coro sinfónico (también hay uno lírico, y de niños).

Así, los martes, miércoles y jueves por la noche, y los sábados, la música entona el corazón y el alma de los habitantes de Santa Bárbara. Música para tener un mundo mejor, comentó Silvia Vargas, profesora de percusión, mientras guiaba a uno de sus pupilos.

Me encanta mi trabajo. No sólo porque hago lo que gusta, sino porque sé que estoy siendo parte de una verdadera revolución pedagógica que apenas está empezando. Es apasionante ser parte de una nueva forma de entender la educación (musical en este caso), con una visión más amplia de las capacidades que puede desarrollar la enseñanza en el ser humano, dijo Arles Francisco Cordero, profesor de guitarra clásica.

En la actualidad, la academia cuenta con 270 alumnos y una plantilla de 40 personas, entre educadores y administrativos. Aquí se recibe a quien quiera aprender y apreciar la música. Hay niños desde los cuatro años, y para arriba, 90 o 100 años, quien desee incorporarse, dijo González.

Además de coros, hay una camerata, orquesta de guitarras, de violines, de saxofones, que se proyectan a la comunidad y lugares aledaños con presentaciones periódicas. La junta directiva está empeñada ahora en construir un recinto propio para la asociación y la academia. Ya lograron un primer paso: cuentan con un terreno.

La música también cumple una función social, además de propiciar la cultura. Una comunidad sin cultura es una comunidad muerta, expresó Andrés Mora Corrales, ex estudiante de la academia y ahora uno de sus profesores de piano.