Opinión
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Nosotros ya no somos los mismos

Sobre utopía y realidad

El provocador de sueños

Felicidad y realización personal

S

i una constante hubo en los comentarios que la pasada semana recibí sobre la visita que me hicieron los jóvenes de la voca 3 del Instituto Politécnico Nacional (IPN), de Ecatepec, para aplicarme un cuestionario sobre mi desempeño en esta casa editorial, fue sin duda el ánimus alegre, optimista, de complacencia que todo mundo, por diferentes motivos, me externó. Se valoró la integración familiar, la dedicación de la profesora Patricia Espino Barragán, quien ha aprobado la única evaluación que no tiene vuelta de hoja: la de los alumnos y los padres, que justiprecian la importancia de que los planes de estudio, por avanzados que sean y prometedores que resulten, no pueden prescindir de saberes esenciales, tales como los filosóficos, éticos, históricos, cívicos y, por supuesto, el imprescindible conocimiento y buen uso de la lengua común, elemento fundamental que refuerza nuestra identidad. Hilo transmisor de nuestra historia, cocreador de la sociedad que somos, el lenguaje es, en la cotidianidad, un lazo más vivo y más estrecho aun que nuestros símbolos patrios.

Pues que me reclaman los lectores (Svetlana Rivera, por ejemplo): ¿y las otras preguntas, Ortiz? Las vuelvo a leer, y me parece que debo compartir al menos otras tres, porque nos muestran la necesidad que tienen los muchachos de hablar con alguien de cuestiones que, fundamentales para ellos, ni siquiera las asumen como parte de su conflicto personal. Me preguntan a mí porque tal vez con esa libertad y soltura no pueden hacerlo con otro adulto: si quieren me oyen (y puede que hasta me escuchen), si no lo quieren, pues lo toman como llamado a misa o al sexo seguro. Me interrogan necesitados de un ademán, de un simple guiño que les brinde una orientación de aceptación voluntaria y, sin consecuencias posteriores, pues seguramente jamás nos volveremos a ver. Qué revivificante es platicar así, libremente, con nuestros vástagos, obligados e inocentes herederos de nuestros estropicios. Sopesarlos con sus enormes carencias y dificultades y asombrarnos con sus empeños y esperanzas inevitablemente nos lleva a compararnos con ellos cuando teníamos su edad y, al menos en mi caso, no salgo bien librado.

Vivificante, dije, pero también acojonante. Yo no puedo dejar de pensar cómo sería la vida de estos cachorros si, en los pasados 50 años, quienes los vivimos hubiéramos sido, actuado, diferente. Me abruma ver a nuestra progenie más desvalida de lo que nosotros estuvimos, allá entre los años 50 y 60 del pasado siglo.

Cómo siento ganas, necesidad de platicar de esto con mis pares generacionales. Les debemos a los jóvenes cuando menos una explicación.

Regreso a las preguntas pendientes:

–¿Usted algún día tuvo un sueño? Si es así, ¿lo cumplió?

Desde donde la memoria alcanza, siempre he sido un soñador profesional. Sin los sueños, la vida me sería ingrata, invivible. Mis sueños son de día. A partir de las madrugadas, cuando el insomnio agranda el tiempo de la vigilia, los sueños van ampliando su dominio. Por las noches se imponen las pesadillas, las que nos llevan a aceptar el insomnio como bendición. Con los sueños los hombres construyen utopías y éstas, con dedicación, empeño, entrega y en muchos casos heroísmo, pueden convertirse en realidades.

No he levantado una estadística para saber cuáles de mis sueños predominan: ¿los cumplidos, los abortados, los fracasados? Puedo decir, eso sí, que los afectivos, emocionales, anímicos fueron siempre mi mayor logro y, también, los que yo, por mis personales carencias, no fui capaz de cristalizar. Los profesionales, políticos, eran tan intensos como cambiantes: fui maestro de secundaria, preparatoria, profesional. Llegué a calificar como apto para la docencia en un examen de oposición cuya acta firman nada menos que la maestra María del Carmen Ruiz Castañeda, Miguel Ángel Granados Chapa y el doctor Jorge Carpizo. Mi vocación por la docencia me provocó the impossible dream: ser rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este es el ejemplo de un sueño imposible, pero que, dormido o despierto, me sigue emocionando.

Un personaje fugaz en la cumbre literaria llamada Pedro Páramo se llama Inocencio Osorio, pero todos lo llamaban con el nombre de Saltaperico, pues era muy liviano y ágil para los brincos, pero lo cierto es que él tenía otro oficio: el de provocador. Era provocador de sueños. Eso es lo que él era verdaderamente.

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Pendiente en el obituario, el escritor René Avilés Fabila, quien murió el 9 de octubre de 2016Foto María Luisa Severiano / Archivo

No creo que a estas alturas alguien considere que necesita un seudónimo para firmar sus acciones, a menos que le dé pena decir por partida doble las mismas sandeces o quiera protegerse del Servicio de Administración Tributaria, pero si yo tuviera que usar alguno, me firmaría así: Inocencio Osorio o Saltaperico. Nada más cercano a mi pretensión de ser alguien como la de convertirme en un provocador de sueños. Como ven, por una ligereza ya quemé mi guardadito: todo mundo sabrá que Inocencio o Saltaperico será mi forma pública de esconderme.

–¿Qué tan difícil fue llegar a ser lo que es actualmente?

Este planteamiento, que entiendo de la mejor buena fe, a mí me causó gran desconcierto, y a los amigos con los que comparto todo lo que a la columneta concierne les dio pábulo para toda clase de chascarrillos: me dijo García Ascoytia: Sé sincero, Ortiz, y diles: no fue difícil, simplemente dejé de estudiar y trabajar y así, sin problemas llegué a lo que actualmente soy. Por favor denme tiempo para pensar algo tan simple como: ¿qué soy, qué fui, qué puedo (¿puedo?) ser?, y ofrezco contestar con mi mano puesta sobre la primigenia Constitución de la Ciudad de México, la verdad y únicamente la verdad.

–¿Cómo cree que será el futuro de México?

La única manera de predecir con certeza el futuro es dedicarse a construirlo. Nuestro presente, por una forma perversa de concebir la vida (que pronto estudiarán ustedes, aunque desde ahora la estén padeciendo) y que se llama neoliberalismo, es decir, el predominio de unos cuantos ricos y poderosos (personas y países) que explotan y maltratan a millones de seres humanos, tiene sumido a nuestro país y al mundo en una noche negra de hambruna, ignorancia, enfermedades y, por supuesto, de discriminación e injusticia. Esto no puede, no debe continuar. Cambiar el mundo actual es la condición obligada para tener futuro.

–¿Cuál es su consejo para que los jóvenes sean felices?

Que nunca esa felicidad sea a costa de la infelicidad ajena. Que su felicidad la compartan porque ésta, entre más se convida, al contrario de agotarse, se acrecienta. La felicidad, según se sermonea desde el púlpito y las tribunas políticas, reside en la máxima realización personal: eres feliz cuando alcanzas lo que ambicionas y, ya entrados en gastos, lo que a tu familia conviene y beneficia. Yo pienso que se trata de la idea más burguesa y menos cristiana, pero reconozco que en la actualidad parece ir al alza: de entrada justifica toda posición clasista y deja la conciencia rechinando de limpia. Sin embargo, para mí es una concepción falsa y sin escrúpulos: con que mis hijos hablen inglés aunque miles no parlen castilla. ¡Por una patria ordenada y generosa!

–¿Qué les aconsejaría a los jóvenes para que triunfen en la vida?

No dejar de serlo en ninguna etapa de esa vida. Ser siempre incrédulos, curiosos, cuestionadores, críticos. Prepararse cuanto les sea posible: su mundo es de la información y el conocimiento. Trabajar, investigar, experimentar. Desterrar para siempre los dogmas, la superchería, la verdad revelada y, sobre todo, entender que si conocimiento es poder, entonces, poder servir, se me ocurre, es la mejor manera de ser feliz.

Esta entrevista no ha sido la única. Antes me visitaron alumnos de otra voca del Politécnico. También alumnos del posgrado de ciencias políticas de la UNAM. Platicaremos al respecto. Por hoy sólo quiero dar un avance de lo que mi baúl mundo viene almacenando. Sección de sociales: saludo y felicitación a los nuevos superiores de la orden de los agustinos recoletos y, por supuesto, al superior de la orden de la compañía de Jesús, Arturo Sosa Abascal. Sección académica: opiniones del rector de la Escuela Libre de Derecho, de la UACM (Hugo Aboites), de la Universidad Iberoamericana y del doctor Enrique Graue, de la UNAM. Cultura: presidente del Congreso local de Querétaro: mi respuesta a la agresividad del movimiento gay. Nacionalismo profundo: Anaya, presidente panista: cuando los hijos se van. Obituario: Nicandro Mendoza, líder fundamental del IPN; Luis González de Alba; René Avilés Fabila… Y los que semanalmente se acumulen.

Twitter: @ortiztejeda