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Por primera vez, ahí se exhibe una representación de ese dios elaborada hacia 900-1150 dC

El enigmático Xipe Tótec recala en el Museo del Templo Mayor

Al Tezcatlipoca Rojo se le relaciona con los ciclos agrícolas y de la guerra, así como con los polémicos sacrificios humanos, señala el curador Carlos González

Con el tema de la regeneración de la vida, la muestra reúne más de 50 piezas arqueológicas procedentes de cuatro estados

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Una de las piezas arqueológicas incluidas en la exposición alusiva a Xipe Tótec, deidad mexica mucho más antigua y extendida en Mesoamérica, al grado de que se han ubicado representaciones suyas en Centroamérica, en territorio salvadoreño, señaló el curador Carlos Javier González. La muestra se puede visitar de 9 a 17 horas, de martes a domingo, en el recinto de Seminario 8, Centro HistóricoFoto Jesús Villaseca
 
Periódico La Jornada
Sábado 26 de noviembre de 2016, p. 2

Por primera vez, el Museo del Templo Mayor alberga una escultura en cerámica elaborada hacia 900-1150 dC, de una de las deidades mesoamericanas más enigmáticas y complejas, relacionada con los ciclos agrícolas y de la guerra, así como con los polémicos sacrificios humanos, como parte de la exposición Xipe Tótec y la regeneración de la vida.

La muestra reúne más de 50 piezas arqueológicas procedentes de Tula, Hidalgo; Monte Albán, Oaxaca; costa del Golfo, Veracruz; Teotihuacán, Apaxco y Chalco, estado de México, así como fuentes documentales que hacen referencia o representan a esa deidad prehispánica en su advocación como el Tezcatlipoca Rojo.

La exhibición da cuenta también de la extensión territorial donde estaba presente esa divinidad, así como su veneración que, según la evidencia arqueológica, se trata de una deidad mucho más antigua y extendida en Mesoamérica, al grado de que se han ubicado representaciones suyas en Centroamérica, en territorio salvadoreño.

La exposición propone enunciar la importancia y relación de los ciclos agrícola y de la guerra, y los polémicos sacrificios humanos, como parte esencial de la organización social y religiosa mexica, explicó Carlos Javier González González, curador de la muestra.

A Xipe Tótec se le conoce como Nuestro señor el desollado, pero también como Nuestro señor el dueño de la piel, ya que la deidad jamás aparece descarnada, sino portando la piel de las víctimas sacrificadas.

De acuerdo con el arqueólogo, cada marzo en la fiesta denominada Tlacaxipehualiztli, la cual por su parafernalia debió ser impresionante para propios y extraños, la deidad reclamaba para sí a los mejores guerreros y las mejores mazorcas.

La celebración antecedía la época de siembra, de ahí que mediante diversos ritos se intentaba propiciar una buena cosecha.

La ceremonia del sacrificio gladiatorio en honor a Xipe Tótec consistía en la recreación de un hecho mítico, el cual habría ocurrido una vez surgido el Quinto Sol.

La mitología relata que los 400 mimixcoa (los innumerables) recibieron la encomienda de alimentar al astro y a la tierra, obligación que incumplieron, por lo que fueron condenados a morir.

“En la reactualización de ese mito que se celebraba en el recinto sagrado de México-Tenochtitlán, las víctimas (que personificaban a esos 400 mimixcoa) eran atadas de un pie o por la cintura al temalacatl, la gran piedra que servía como una especie de ancla. Las víctimas combatían con armas falsas, con un macuahuitl. Inexorablemente, como sentenciaba el mito, su destino era sucumbir en manos de guerreros bien armados.

En la recreación del mito, combatientes y maíz eran desollados, desmembrados e ingeridos. En un símil con el dios, los guerreros eran investidos con la piel de las víctimas ofrendadas, y el grano era despojado de su cáscara una vez terminado el periodo festivo, apuntó González González.

Los guerreros vencedores se convertían así en custodios de la piel del sacrificado, la cual prestaban a hombres que, ataviados con ella, recorrían su calpulli o barrio para recibir distintos bienes con los que organizaban un banquete y representaba el momento culminante para su ascenso en la jerarquía militar.

Práctica del desollamiento

La práctica del desollamiento de víctimas no era exclusiva de la fiesta de Xipe Tótec, añadió Carlos González, “sino también era característica de celebración dedicada a la Diosa Madre, que se celebraba en México-Tenochtitlán, en septiembre.

En este caso las víctimas desolladas (que representaban advocaciones de esa divinidad femenina) eran mujeres.

Para hacer referencia al sacrificio gladiatorio en honor al dios Xipe, el Tezcatlipoca Rojo, ceremonia crucial de la fiesta de Tlacaxipehualiztli, la cual quizá más impresionó a los cronistas del siglo XVI, en la exposición se podrán apreciar dos temalacatl de formato menor. En el Museo Nacional de Antropología se puede encontrar otro de tamaño monumental.

La exposición Xipe Tótec y la regeneración de la vida se puede visitar de martes a domingo de 9 a 17 horas en el Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Historico).