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Colegas, alumnos y lectores encomian la vasta obra del autor de Tiempo libre

Falleció Guillermo Samperio; cultivó el cuento con devoción

Forjó varias generaciones de narradores mexicanos y extranjeros

Estaba en proceso de publicar una nueva novela, titulada Vosotros los mismos, informa el INBA

Él era en sí mismo un género literario, define Pedro Ángel Palou

Reunir su quehacer en una antología, pide Mauricio Montiel

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Guillermo Samperio (sobre estas líneas) es uno de los mejores cuentistas de la segunda mitad del siglo XX. Me había comentado, hará un par de meses, la posibilidad de que hiciéramos entre los dos una antología de nuestros mejores cuentos, expresa Agustín Monsreal a La Jornada Foto Gissela Sauñe
Ángel Vargas, Ericka Montaño, Fabiola Palapa y Reyes Martínez
 
Periódico La Jornada
Jueves 15 de diciembre de 2016, p. 3

Murió ayer el escritor Guillermo Samperio, una de las más prominentes figuras de la cuentística mexicana contemporánea e importante forjador de varias generaciones de reconocidos autores nacionales y extranjeros.

El deceso de quien fue colaborador del suplemento cultural La Jornada Semanal ocurrió en la Ciudad de México, a los 68 años de edad, como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio, informó el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en un comunicado.

Las exequias del narrador, ensayista y poeta comenzaron ayer a las seis de la tarde en el velatorio 6 del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (avenida Revolución 770, Mixcoac).

Nacido en la Ciudad de México el 22 de octubre de 1948, Samperio estaba en proceso de publicar una nueva novela, titulada Vosotros los mismos, según informó el INBA.

Un adelanto de ese libro puede leerse en Maravillas malabares, antología que reúne lo más relevante de su trabajo y que fue presentada el pasado febrero en el Palacio de Bellas Artes.

De naturaleza versátil y generosa, antes de dedicarse a las letras Samperio fue vitralista, dibujante, diseñador y supervisor técnico industrial del Instituto Mexicano del Petróleo, entre 1967 y 1977. Como dibujante participó en diversas exposiciones colectivas.

Además, incursionó en la elaboración de guiones y la producción de programas radiofónicos, entre ellos La literatura hoy, de Radio Educación, y el Noticiero Cultural del INBA.

También se desempeñó en diversos cargos en instituciones públicas y privadas, como la Secretaría de Educación Pública, la editorial El Tucán de Virginia y la Universidad de las Américas.

Autor de más de una treintena de libros, su obra ha sido traducida al francés, inglés, rumano y vietnamita, y antologada en múltiples ediciones nacionales y extranjeras.

Colaboró en diversos medios, suplementos y publicaciones periodísticas, como La Jornada, Novedades, El Gallo Ilustrado, Revista de la Universidad de México y Tierra Adentro.

Integrante del Sistema Nacional de Creadores de Artes desde 1994 y del Pen Club México desde 2005, en su palmarés figuran los premios de cuento El Museo del Chopo 1976, por Bodegón; La Palabra y El Hombre 1977, por Desnuda, y Casa de las Américas 1977, por Miedo ambiente.

El Nacional de Periodismo Literario 1988 al mejor libro de cuentos, por Cuaderno imaginario, y el Instituto Cervantes 2000, otorgado por Radio Francia Internacional, por Mentirme (La mujer de la gabardina roja).

Desde el seno familiar

En entrevista con este diario, en 2007, Guillermo Samperio refirió que su interés por la literatura nació en el seno familiar, luego de escuchar desde muy pequeño a su padre, quien componía canciones y era integrante del trío tamaulipeco de los hermanos Samperio.

Su método era ir incorporando la música a la letra. Yo veía cómo iba apareciendo la canción. Esta forma de componer de mi padre fue importante para mí, si bien no me fui por el lado de la música, contó.

Una canción tiene letra y música, y para mí la escritura de un cuento o de un texto en prosa, sobre todo en el primero, requiere de una específica musicalidad interna de las palabras.

Aunque durante más de tres décadas destacó por su trabajo en la enseñanza de la creación literaria, mediante cursos y talleres de entre los que surgieron reconocidos autores como Pedro Ángel Palou y Ana Clavel, Samperio consideraba que para ser escritor no se requería forzosamente preparación académica.

El maestro Augusto Monterroso no tuvo una carrera y su obra ha dado la vuelta al mundo; el maestro Arreola, el mismo Octavio Paz no acabó la carrera de derecho. De todas formas, la carrera, ¿qué le hubiera aportado a su poesía? A pesar de eso es una de las luminarias del siglo XX mexicano, dijo en la citada charla con este diario.

Hay otros que sí terminaron una carrera, como Jaime Sabines. Cuando se tiene el virus de la literatura, es incurable, y en mi caso la bibliografía que yo he seguido ha sido aleatoria.

Congruente y excéntrico

El recuerdo del autor de Tiempo libre queda en sus alumnos, lectores y colegas:

Anaïs Abreu, editora y poeta: Fui alumna de Guillermo hace varios años. Fue el primer maestro que tuve cuando decidí que me quería dedicar a escribir. Cursé un taller con él y, lo que más le agradezco, es que fue muy estimulante, muy respetuoso con los textos y al mismo tiem-po hacía una crítica muy ácida, de humor negro. Sus clases eran muy divertidas y no trataba a los alumnos desde un lugar de autoridad, todo lo contrario: hacía un espacio de estimulación creativa. Como autor también tenía ese sentido de humor negro, ese pique. Fue un hombre muy congruente y era excéntrico, desde su forma de vestir, enseñar, escribir.

Pedro Ángel Palou, escritor: Fue mi tutor en las segundas becas de jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Se convirtió en un cómplice de todos nosotros. Lo quise mucho. Lo admiraba ya como cuentista y tuve la oportunidad de invitarlo a la UDLA y a Puebla como tutor de jóvenes cuentistas. Era también un maestro generoso que compartía con sus alumnos sus saberes, también sus alegrías y curiosidades. Era como un niño juguetón que lo mismo aparecía con un nuevo perro basset-hound (Humprey) que con un nuevo tatuaje. Tenía una devoción por el cuento, aunque intentó la novela y la poesía. En el microcuento fue también pionero en México. Lenin en el futbol lo revela completo: político, satírico, lleno de pasión por sus personajes. Era samperiano como en Estados Unidos se puede hablar de cuentistas cartesianos, él era en sí mismo un género.

Alberto Chimal, cuentista y novelista: Es uno de los grandes cuentistas de México, de los grandes creadores de narraciones breves, que es, a veces, un género que se pasa por alto en esta época, cuando se apuesta todo a la novela, pero que tiene una tradición muy honrosa en México. Desde hace más de un siglo, desde autores como Julio Torri, Juan José Arreola, Elena Garro y muchos más que hicieron grandes carreras como cuentistas a lo largo del siglo XX. Su obra no siempre se aprecia como debería, aunque realmente es un gran autor. También era un maestro y un educador de generaciones de autores a los que dio talleres, cursos; él tenía una fundación cultural que se dedicaba a estas actividades y era una persona que además escribía muy generosamente de sus contemporáneos, de lo que se iba publicando a su alrededor, de lo que le llamaba la atención. Son pocos los autores que se concentraron como él en la narrativa breve, en la minificción, en el cuento. No es sólo la obra de creación, sino la obra de estudio, la obra crítica.

Labor ejemplar en el INBA

Mauricio Montiel Figueiras, escritor y titular de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA: como funcionario en la dependencias que dirijo, Samperio ejerció una labor realmente ejemplar, pues apoyó a muchísimas generaciones de escritores. Muchos le debemos consejos para nuestro viaje literario. En lo particular, fue mi tutor en el Centro de Escritores Juan José Arreola allá por 1999, que estaba en Casa Lamm. Ya no existe. Nos dieron una beca a varios escritores. Dos de los tutores de esta generación murieron este año: René Avilés Fabila y Samperio. Trabajé muy de cerca con Guillermo el libro La penumbra inconveniente. Sus consejos siempre fueron muy iluminadores, muy precisos. Era un hombre que sabía perfectamente trabajar distintas estructuras narrativas. Está demostrado en toda su obra cuentística, que es momento ahora de reunirla en un solo volumen. Es uno de los grandes homenajes que se le pueden hacer, pues está dispersa. La evolución del cuento mexicano en las cuatro décadas recientes no se explica sin el trabajo de Guillermo Samperio, así de sencillo y de complicado lo digo.

Agustín Monsreal, escritor: Es uno de los mejores cuentistas de la segunda mitad del siglo XX. Lo conocí de joven, desde que empezó. Fuimos amigos. Su trabajo más memorable está en la cuentística y en la minificción, en la cual también pudo desarrollar ciertas capacidades de concisión, precisión y exactitud en el manejo de la idea de la imaginación y del lenguaje. Era también una especie de irreverente en ese sentido, lo cual le hacía mucho bien a su literatura. Respecto de la parte afectiva, es algo que tarda uno en sanar. Él siempre tenía planes de edición. Me había comentado, hará un par de meses, la posibilidad de que hiciéramos una antología de nuestros mejores relatos; incluso, que él tenía el apoyo de una editorial de renombre.

Silvia Molina, escritora: Guillermo es uno de los mejores escritores de mi generación, cuentista excepcional; muy imaginativo, irónico y original, sobre todo porque sus cuentos eran personajes insólitos. Formó en sus talleres a muchos jóvenes. También pintaba y creo que se entretenía mucho en eso. Él estuvo en la Coordinación Nacional de Literatura. Tuvo una buena actuación. Dio mucha importancia a las publicaciones. Había muchas revistas.