Opinión
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Ciudad Perdida

Ciudad sin soberanía

Cárdenas, pesadilla constituyente

Otra trampa panista

P

or fin, poco antes del mediodía de ayer se inició la discusión del articulado de la constitución política de la Ciudad de México, no sin los problemas a que el método obliga, y sin hacer de lado las diferencias, sobre todo ideológicas, que entraña.

Fuera del texto quedaron preceptos como el de soberanía, que se excluyó aparentemente porque existe una contradicción con lo que marca la Constitución General, pero lo que resalta es que, sin importar lo que de bueno o malo pudiera resultar para la población, de pronto los intereses partidistas lograron que la Ciudad de México no sea, por ley, una entidad soberana.

Todo esto sin importar que los estudiosos de la materia adviertan que la soberanía es el poder político supremo que corresponde a un estado independiente, o tal vez porque la Ciudad de México no está en esa lista, y dado que pertenece a la Federación y es la capital de la República, se le niega la posibilidad de ser soberana.

Pero el asunto es aún peor: parece que se trata ahora de un problema que ni siquiera resulta partidista, sino que se ubica en el espacio de lo personal. El diputado Jaime Cárdenas, que pertenece al grupo legislativo de Morena, se ha convertido en algo así como la pesadilla del pleno –en uso de su derecho sube a tribuna a refutar o modificar todos los artículos hasta ahora vistos–, que encontró en el bloqueo automático de cualquiera de sus propuestas la forma más eficaz de combatirlo.

De esa manera, así se trate de una muy noble modificación a cualquier artículo, la asamblea se pronuncia, en mayoría, en contra, y eso ha servido para que algunas modificaciones al texto constitucional sean desechadas, por importantes que sean. Sólo ver que Cárdenas sube a tribuna predispone, no muchas veces sin sentido, porque por encima de todo debería estar el interés por construir la mejor constitución del país.

El caso es que si bien ayer se logró aprobar algunos artículos de la constitución local, no faltaron, eso sí, algunas trampas que al ser detectadas causaron polémica. Para eso Acción Nacional se pinta solo y estuvo a punto de lograr que la ley prohibiera los programas sociales porque se utilizan como instrumento clientelar.

La diputada Mariana Gómez del Campo, del PAN, fue quien promovió una iniciativa para condenar el clientelismo, pero la iniciativa que llevó al pleno no era la misma que había propuesto en comisiones. Acción Nacional pretendía que la propuesta de Gómez del Campo se votara de inmediato, pero Dolores Padierna, del PRD, llamó la atención del constituyente para advertir que se trataba de un embate en contra de los programas sociales.

Gómez del Campo lo negó, pero la intención ya había sido descubierta, y tampoco resultaba justa porque, si de impedir el clientelismo se trataba, los azules debería haber propuesto, por principio, que desde el púlpito no se crearan las clientelas que desde siempre los favorecen. Sin ese pequeño detalle es muy probable que la propuesta de Acción Nacional no tenga buen final.

De cualquier forma ya empezó la discusión y el análisis que llevará, eso suponemos todos, a que el 31 de enero quede lista la constitución política de la Ciudad de México.

De pasadita

Hay datos que espantan, pero que nos hacen ver qué tan profundo es el problema de la guerra contra el crimen organizado. Estudiosa de la materia, Gabriela Cuevas, militante del PAN, asegura que ese conflicto ha creado cerca de un millón de desplazados en el país. Más allá de las muertes en los constantes enfrentamientos, la violencia que ha creado el conflicto alimenta el drama de los desplazados, al que no se le ha dado la importancia que tiene, pero que ya empieza a pesar en el país, pero sobre todo en la ciudad capital, donde se refugian muchos de los que lo han perdido todo en esa inacabable guerra.