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El EZLN y la ciencia
U

na de las más grandes e imperdonables deficiencias que tradicionalmente han tenido los movimientos sociales, llámense anticapitalistas, socialistas, sindicalistas, estudiantiles o populares en general, ha sido su desdén a la discusión y reflexión sobre problemas científicos. Por lo general la dinámica de los movimientos vive restringida a tareas y objetivos inmediatos y, de una manera etapista y fragmentaria, se ha pensado que la discusión sobre estas cosas es asunto para después de una imprecisa y difusa idea del triunfo, toma del poder o victoria final. En particular los problemas de la ciencia, sus teorías, metodologías, aplicaciones, permanecen ajenos a la cotidianidad de los militantes de los movimientos y desde luego a las masas. La ciencia, así, se mantiene, en el imaginario colectivo y en los movimientos populares como una actividad elitista, privativa de mentalidades brillantes e inteligentes, sin que los pueblos puedan comprenderla, mucho menos incidir sobre su orientación y curso, sin que se tenga la menor capacidad de reflexionar o participar en ella.

Este vacío en el movimiento social es injustificable. La ciencia moderna es una construcción del capitalismo, que la ha usado tanto para hacer crecer sus fuerzas productivas como para oprimir y destruir a la humanidad y a la naturaleza; tanto para liberar a las mentes de prejuicios, dogmas y fanatismos como para producir otros relativamente nuevos; para descubrir grandes verdades como para difundir las peores falsedades. Con todos sus grandes aciertos y deficiencias, la ciencia forma parte inseparable de la vida cotidiana.

Ningún movimiento social que tenga miras más allá de las coyunturales puede permanecer ignorante de los problemas científicos ni aspirar a construir sus propias existencias, desembarazarse de la enajenación, el fetichismo y la ideología capitalistas. Es parte de la tesis gramsciana de la construcción de una contrahegemonía, de una alternativa cultural global que sea capaz de disputar el poder a la burguesía. Es parte de la tarea de la apropiación crítica del conocimiento para la transformación social.

Por eso resulta tan altamente motivante la celebración del encuentro L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), a celebrarse en estos días decembrinos en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (la información completa se encuentra en un breve comunicado del Subcomandante Moisés).

Sin ocultar las diferencias que se pueden tener con el EZLN (siempre profundamente polémico), lo que es imprescindible mencionar es que verdaderamente no parece existir, al menos desde hace cuatro o cinco décadas, un antecedente de esta naturaleza en las filas de la izquierda mexicana. No parece haber habido una convocatoria en la que, durante varios días y con la presencia de científicos de varias partes del país y del mundo, se vayan a discutir y a enseñar-aprender de manera rigurosa y metódica problemas científicos de muy diversa índole. El EZLN muestra con ello un espíritu alentador para renovar las prácticas de la izquierda.

No puede menos que celebrarse que en los tiempos que corren, marcados por las más abyectas reivindicaciones de la ignorancia, la incultura y el fanatismo (representadas en las figuras de personajes como Donald Trump, Mauricio Macri, Mariano Rajoy, Michel Temer o Marine Le Pen en la arena internacional, y por Enrique Peña, Aurelio Nuño o Norberto Rivera Carrera en México), el EZLN lance una convocatoria a la formación científico-intelectual de las masas, como condición sine qua non de un cambio profundo en la sociedad.

La invitación del EZLN es al estudio, a la formación intelectual, a la introducción de las discusiones sobre ciencia y tecnología en las filas del movimiento, a la culturización de nuestras vidas. Es parte fundamental de la transformación radical social, porque desde el momento en que las clases subalternas comienzan a apropiarse del conocimiento, de la ciencia en particular, están ya transformándolo, haciendo uso de la capacidad crítica que desde su perspectiva son capaces de hacer y con ello llegar o aproximarse a la verdad, que, repitámoslo, siempre es revolucionaria.

Muy bien haríamos en tomar la palabra al EZLN y acudir a la organización de escuelas semejantes en todos los movimientos sociales, con imaginación e inventiva. La comunidad estudiantil-académica tiene, ante este ejemplo, la responsabilidad de reaccionar a estas iniciativas zapatistas rompiendo los cartabones, exquisiteces elitistas, atavismos y autoaislamientos de su quehacer cotidiano y utilizar la ciencia como una forma efectiva de cambio profundo y liberador en la sociedad. Como expresó alguna vez el ecólogo de la universidad de Harvard y militante revolucionario Richard Levins: La mejor defensa de la ciencia bajo los ataques reaccionarios es insistir en una ciencia para el pueblo.

*Investigador del CEIICH UNAM