Economía
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Sólo tomó en cuenta el costo del traslado final de productos como tortilla, huevo y leche

La SE no hizo un análisis integral sobre el impacto del gasolinazo

Dejó fuera el uso de combustibles en todo el proceso productivo, aseguran especialistas

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Comerciantes prevén aumentos de entre 5 y 8 por ciento por el incremento a hidrocarburosFoto Yazmín Ortega
 
Periódico La Jornada
Lunes 9 de enero de 2017, p. 20

La Secretaría de Economía (SE) no llevó a cabo un análisis integral sobre el impacto del gasolinazo en los precios de productos básicos, porque en el incremento de apenas unos centavos que calculó para tortilla, huevo y leche sólo tomó en cuenta el traslado final de esos alimentos y dejó fuera el uso de combustibles en todo el proceso productivo, desde el transporte de insumos y llevar alimento a vacas y gallinas, hasta de personal y uso de hidrocarburos para maquinaria, aseguraron los especialistas Juan Carlos Anaya y José Luis de la Cruz, directores del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas y del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico, respectivamente.

La dependencia tampoco analizó otros incrementos, como a la electricidad y, sobre todo, el impacto por la devaluación del peso frente al dólar, ya que diversos insumos y materias primas están dolarizados, porque son importados, como fertilizantes o refacciones. Incluso, el encarecimiento del crédito por las altas tasas de interés.

Las autoridades sólo están calculando el impacto del gasolinazo en los costos de distribución, señaló De la Cruz. La baja inflación que tanto ponderan las autoridades, apuntó, se ha registrado únicamente en los precios al consumidor, pero no ocurre lo mismo con los del productor, a grado tal que la brecha entre ambos indicadores llegó a 5 puntos porcentuales en noviembre pasado, la mayor desde 2004, cuando el Inegi comenzó a registrar el índice nacional de precios al productor.

La brecha se profundizó a partir de marzo de 2016 , porque antes la inflación al productor sólo superaba a la del consumidor entre 3 y 4 puntos porcentuales, pero se aceleró con la depreciación del tipo de cambio y eso no se veía desde hace años, indicó.

El incremento anual de los precios al productor llegó a 8.45 por ciento en noviembre, cifra más reciente reportada por el Inegi, en contraste con el aumento de 3.31 por ciento del índice nacional de precios al consumidor. En general, la diferencia entre ambos indicadores ha oscilado de décimas a menos de dos puntos, excepto en 2004 y 2011, cuando fue de 2.95 y 4 puntos, respectivamente, ya que los precios al consumidor en esos años aumentaron 5.19 y 3.82, contra los incrementos de 8.14 y 7.83 en los precios al productor.

Devaluación

Son muchos factores a tomar en cuenta, y lo que más está afectando los precios no es la gasolina, sino la devaluación del peso, puntualizó Juan Carlos Anaya. Sólo en lo que va de 2017, subrayó, el peso se ha devaluado 4 por ciento frente al dólar, con lo cual la depreciación acumulada en el sexenio es de 55 puntos porcentuales.

Si bien coincidió con la SE en que el incremento de precios no debe darse en la misma proporción que el alza a las gasolinas, el diésel y el gas, destacó que sí se efectúa en función de los precios logísticos y de transformación.

En el caso del maíz, explicó, si bien los precios internacionales del maíz disminuyeron 5 por ciento en su cotización en dólares, al transformarla en pesos resulta que hay un aumento de 16.4 por ciento por efecto de la devaluación, pues la tonelada del grano subió de 2 mil 399 pesos en 2015 a 2 mil 704 el año pasado.

Si sólo se habla de maíz blanco, utilizado para consumo humano y producción de tortillas, pasó de 3 mil 666 pesos por tonelada en 2015 a 4 mil 100 en 2016, y en los primeros días de enero de 2017 ya se cotiza en 4 mil 200, pese a que México tuvo una cosecha récord el año pasado de 26.5 millones de toneladas, aunque al mismo tiempo las importaciones pasaron de 12.2 a 13.6 millones en el bienio anterior.

Anaya explicó que aunque la cosecha de maíz ya está almacenada, los productores hacen un ajuste al precio de venta de su producción al tipo de cambio, porque es una reposición en función de que sube el dólar, ya que aunque el grano se produzca en México los precios se fijan de acuerdo con los referentes internacionales y eso es producto de la globalización. Recordó que aunque el precio del maíz suba o baje, el de la tortilla se mantiene más o menos estático.