Opinión
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Isocronías

Pespuntes

Ricardo Yáñez
L

a poesía no tanto se encuentra en las palabras como entre las palabras del poema.

Cuando quiero estar en mí, de mí me ausento.

En poesía el saber, todo saber, es un recurso, no un saber.

¿Cómo llega alguien a hacerse poeta, mejor dicho, a nacerse poeta, y cuándo? Tal es algo que ni el poeta, creo, puede precisar.

Cuando todo es recuerdo, ya no hay futuro. Pero puede haber orden: futuro de lo recordado.

No busques inspiración en nada que no sea tu propia Nada.

Quien en verdad se acerca a la belleza se acerca a la crítica, no a la alcahuetería.

Magia o colmillo, he ahí el dilema.

La degradación, Fulano, te hace conocer otras sensaciones, otros ámbitos, pero, ¿te hace conocer?

Todo oficio tiene lo suyo de universal, y ante lo universal no queda sino inclinarse humilde –y como quien dice recomenzar de cero, volver, siempre, a aprender. Personalidad que no cede el paso al oficio…

A veces uno habla de poesía en el poema, pero no habla poesía.

Quien no ha experimentado lo terrible de lo poético sino sólo, y de ello nadie tiene culpa, su amabilidad, ¿puede nombrarse, ser nombrado poeta? Pregunto, nada más.

La poesía, ese estado confuso que todo aclara.

A la hora de la verdad ninguna poética, de atracción o rechazo –talismán o amuleto–, puede interferir entre el trabajo del poeta y su siempre callada recepción.

En una copa de oro uno puede beber vino o escupir, cuestión de cada quien.

Ser lo que uno es en el trabajo que uno hace lo comunica a uno consigo mismo y, como, pero nunca de pasada, con los demás.

La novedad, en poesía, implica más renovación que novedad.

Escuchar el camino del poema es, para todo poeta, escuchar abrirse su propio camino.

Fisicidad de la palabra, metafisicidad de la palabra…