21 de enero de 2017     Número 112

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Guatemala

El movimiento campesino guatemalteco, pequeño recuento de esperanza

Pablo Sigüenza Ramírez  relatosverdes@gmail.com

Si caminara sólo hacia adelante te podría contar cómo es el olvido
Humberto Ak’abal


FOTO: Mocase Via Campesina

La historia de Guatemala está signada por la resistencia, por la persistencia, por la necedad de vivir en libertad. Somos inevitablemente una Guatemala que se mueve y lucha desde los cuatro puntos cardinales, desde las altas montañas en donde se juntan la niebla y el bosque, desde las planicies y laderas, hasta el lugar en donde la arena del mar acaricia pies de pescadores. La población se moviliza por indignación, por rabia, pero también por amor y defensa de la vida. El movimiento indígena y campesino es hoy un actor fundamental en la vida política del país; así quedó demostrado con su participación en las movilizaciones anticorrupción de 2015 y en la marcha nacional por el agua de abril de 2016.

En los años recientes, la dinámica del movimiento campesino en Guatemala ha sido diversa, en consonancia con la multiplicidad de problemas que la población del campo presenta. Reclamos históricos por el acceso a la tierra y por salarios dignos se unen a las voces que denuncian la contaminación y el desvío de los ríos, la contaminación de suelos, aire y paisaje causados por las empresas cañeras, de palma africana y las bananeras. Las demandas se dirigen al Estado en función de que se detenga la expansión de monocultivo, se reparen los daños a la salud y al ambiente y, en el caso de las comunidades del norte, la recuperación de tierras despojadas a pueblos y comunidades indígenas en distintas épocas.

Los desalojos violentos a comunidades aparecen denunciados por distintas organizaciones, principalmente en las regiones de Alta Verapaz y la Costa Sur, en zonas de expansión de monocultivos; son el resultado directo de la reconcentración de tierra en manos de terratenientes y la falta de una efectiva política de acceso a la tierra. En el Valle del Polochic se generó una dinámica de desalojos extrajudiciales por parte de seguridad privada y trabajadores del ingenio Chabil Utzaj con el saldo de zozobra espiritual y material de las comunidades afectadas.

En años recientes se ha hecho evidente el ciclo: imposición de proyectos de inversión capitalista en los territorios rurales-resistencia campesina e indígena comunitaria-represión estatal en apoyo al capital. Así, la lucha por la vida fue adquiriendo nombres concretos: La resistencia pacífica en La Puya contra una minera generó mucha solidaridad y simpatía entre diversos sectores del área urbana. Monte Olivo, comunidad atacada por las fuerzas del Estado, fue la indignación total. El pueblo de Barillas, en Huehutenango, es heroico en su resistencia contra la construcción de hidroeléctricas pues la represión que sufren es enorme y pese a ello siguen organizándose para defender su entorno y su cotidianidad. Las familias del Valle del Polochic se han ganado a pulso el reconocimiento nacional e internacional pues la lucha frente al gobierno por la restitución de tierras es cansada y agotadora pero necesaria. Las comunidades que conformaron la red de afectados por la palma africana tienen un monstruo financiero y político enfrente pero siguen de pie en la lucha.

En la estrategia indígena y campesina hay un esfuerzo fructífero por abrir espacios para la negociación con el Estado. La Marcha Campesina que en 2012 convocó a campesinos y campesinas para recorrer 200 kilómetros por asfalto desde Cobán hasta la Ciudad Capital forzó al gobierno a abrir un espacio de diálogo de alto nivel antes de la llegada de la movilización a la Ciudad de Guatemala. Se posicionó en la agenda pública el tema agrario. Las evaluaciones que hacen las organizaciones participantes sobre los resultados de esta movilización son positivos en algunos tópicos. Los temas estructurales por supuesto siguen pendientes, pero, por ejemplo, para las comunidades que lograron reestructurar la deuda agraria de sus tierras hubo avances importantes para su vida cotidiana y la construcción de un presente y un futuro diferentes.

Las organizaciones de mujeres rurales: Alianza de Mujeres Rurales y Articulación de Mujeres por el Bien Vivir buscaron espacios de interlocución con el gobierno para proponer una política específica de acceso a tierra para las mujeres. Las mujeres rurales también fueron actoras centrales en coordinaciones como la Marcha Campesina y la Asamblea Social y Popular. Este periodo fue para las mujeres rurales organizadas un tiempo de discusiones profundas sobre el carácter de su lucha y de sus demandas, así como de fortalecimiento interno, formación política y promoción de la participación de las mujeres en espacios organizativos comunitarios. El regreso a la comunidad ha marcado la ruta para muchas organizaciones campesinas en los años recientes.

En 25 años se han realizado cuatro congresos nacionales campesinos con carácter de discusión y deliberación de estrategias generales de lucha. El más reciente, celebrado en 2014, dejó de llamarse Congreso Campesino y tomó el nombre de Congreso de Comunidades, Pueblos y Organizaciones, evidenciando el viraje en la composición de los sujetos políticos del campo guatemalteco y el fortalecimiento de identidades múltiples de estos sujetos. Composición que refleja la diversidad de perspectivas, posiciones políticas y acciones políticas. Hay debates internos de las organizaciones referidos a la pérdida o fortalecimiento de la perspectiva de clase, la incorporación necesaria de elementos políticos de género, la relación con el Estado y la construcción de autonomías territoriales y de pueblos mayas.

El Estado Plurinacional aparece como propuesta de diversas voces campesinas e indígenas. Este planteamiento requiere construir esfuerzos políticos con ese fin, es decir soñar, imaginar, organizar, resistir, construir, ganar la plaza y la montaña, las aulas, las milpas y los parques. En ese afán está hoy buena parte del movimiento indígena y campesino en IximUlew.

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