21 de enero de 2017     Número 112

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Cuba

La Reforma Agraria en la Revolución:
justicia para los campesinos en
la construcción del socialismo

Milton Gabriel Hernández García Investigador titular del INAH  kuxikan@yahoo.com.mx

Con agradecimiento, a Fidel Castro Ruz,
in memoriam

La Revolución cubana encabezada por el comandante en jefe Fidel Castro Ruz tiene un significado profundo en la historia latinoamericana de las luchas del campesinado. Una vez que hubo triunfado el movimiento revolucionario en 1959, cuatro meses después fue proclamada la Reforma Agraria, que empezó por disolver el latifundio y toda forma de propiedad capitalista de las tierras. La expropiación inició con las empresas estadounidenses que controlaban más de 700 mil hectáreas en la isla: Atlántica del Golfo, Grupo Rionda, Cuban American Sugar y la United Fruit Sugar Company. Éstas intentaron impedir a toda costa la recuperación revolucionaria de la superficie que controlaban. El 11 de junio de 1959, el Departamento de Estado de los Estados Unidos envió una Nota Diplomática al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, mediante su sede en La Habana, exigiendo el pago “rápido, adecuado y en efectivo” por los bienes expropiados a las empresas de la Unión Americana.

Con la promulgación de la Ley de Reforma Agraria del 17 de mayo de 1959, se produjeron en el campo cubano una serie de cambios estructurales que favorecieron a los productores que eran sometidos a crueles condiciones de explotación y que vivían en situaciones de desnutrición, analfabetismo y acoso permanente por las trasnacionales latifundistas estadounidenses. El 75 por ciento de las tierras se encontraba en manos de una minoría, principalmente extranjera y la economía nacional giraba en torno a las condiciones neocoloniales y de dependencia propias de las “repúblicas bananeras”. Al referirse al inicio de la Reforma Agraria, Fidel señaló que esa era una “Revolución verdadera de los humildes para los humildes”.

Mediante esta ley se erradicó el latifundio y la propiedad foránea sobre los bienes rústicos y se entregó la propiedad de la tierra al que la trabajaba, con lo cual se benefició a más de cien mil campesinos. La segunda Ley de Reforma Agraria fue promulgada en octubre de 1963, una vez que se había ya definido el carácter socialista de la Revolución y se había enmarcado en la lucha de clases de ese momento. Mediante el segundo ordenamiento jurídico, quedaban automáticamente nacionalizados todos los predios o fincas con más de 67 hectáreas, el sector estatal de la agricultura detentaba 66 por ciento de las tierras y se convertía en base del desarrollo socialista de la agricultura cubana (Valdés, 2011).

Uno de los periodos de mayor intensidad revolucionaria y contra-revolucionaria en el proceso de Reforma Agraria fue sin duda el de 1959-63, cuando se expidieron las dos leyes agrarias, se constituyó un sector estatal de la agricultura y se recuperó y se devolvió la tierra a los campesinos, con las reacciones imperialistas que esto llegó a generar. Lo que se conoce como el Periodo Especial, a consecuencia de la combinación entre el derrumbe de la Unión Soviética y el bloqueo del imperialismo estadounidense, creó las condiciones para una nueva etapa en la Reforma Agraria, a partir de 1993. La crisis agraria desatada en la década de 1990, a causa del desaprovisionamiento, la descapitalización, el derrumbe del modelo tecnológico, la falta de fuerza de trabajo agrícola, entre otros factores, dio lugar a la necesidad emergente de redistribuir las tierras nacionalizadas a favor de cooperativas y del sector campesino, lo cual provocó la desestatización de la estructura de la tenencia, de 80 a 40 por ciento de las tierras (Valdés, 2011).

Aun cuando una parte importante de las tierras es de propiedad estatal, éstas se gestionan por medio de formas no estatales, como las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), las Unidades Básicas de Producción Agropecuaria (UBPC) y las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA).

La Revolución ha contribuido también a nivelar las relaciones entre campo y ciudad, que antes de la Revolución eran absolutamente asimétricas. En 57 años de proceso revolucionario, se ha sustituido el desempleo permanente y estacional con el empleo permanente de los trabajadores rurales. Se ha extendido a todas las áreas rurales del país la política social de la Revolución, por medio del disfrute universal y gratuito de servicios públicos como la salud, la educación, el deporte, el acceso a la cultura, la seguridad y la asistencia social, con reconocimiento de órganos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas. Se creó una extensa infraestructura conformada por sistemas viales, electrificación, sistemas hidráulicos, viviendas, instalaciones de servicios sociales y de comunicación que abarca hoy casi la totalidad del territorio rural.

A pesar de su profundo contenido agrario, en las primeras décadas de la Revolución, los campesinos cubanos ocuparon un papel subalterno. La producción agrícola alentada por el Estado socialista estuvo orientada a la especialización del monocultivo de la caña de azúcar, por lo que la producción campesina, diversificada, a escala familiar, necesaria para romper la dependencia alimentaria, se desdibujó de las políticas oficialistas. La tendencia descampesinista caracterizó a las primeras cuatro décadas del proceso revolucionario. Sin embargo, la desaparición de la Unión Soviética y la crisis alimentaria del “periodo especial” generaron las condiciones para la emergencia de actores que apostaron por una vía campesina al socialismo. El viraje en curso ha posibilitado la diversificación de la producción agropecuaria, avanzando a la construcción de la autosuficiencia y la soberanía alimentaria. La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) es uno de los actores que contribuido a la reorientación campesina de la Revolución, fortaleciendo la producción agroecológica, orgánica y sostenible.

El proceso agrario cubano ha sido parte sustancial de la Revolución y al mismo tiempo, uno de sus ejes fundamentales en el horizonte de la construcción del socialismo. Este proceso, por supuesto, no ha estado exento de contradicciones y desafíos. Sin embargo, en el actual momento de la violenta expansión global del capital por la vía del despojo de tierras y territorios, del cual podemos ser testigos a lo largo y ancho de nuestra América, el proceso agrario de la Revolución cubana adquiere una renovada vigencia en la lucha de los pueblos por su dignidad y emancipación.

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