Opinión
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Bosque de Chapultepec (tercera sección)
José M. Murià
E

n torno a los 20 mil metros cuadrados recuperados y a concesionar a negociantes particulares la tercera sección del entrañable y venerable Bosque de Chapultepec se ha de-satado un conflicto como el sufrido ya innumerables veces en nuestro país y en muchos otros, cuando los dueños del capital se sienten con el derecho de hacer cera y pabilo con las necesidades de la población en general.

Normalmente los magnates son los que se imponen, pero ha habido veces en que no ha sido así. Un intento parecido en contra del Bosque de los Colomos, principal área verde de la ciudad de Guadalajara, tuvo lugar a fines de los años 70 del siglo pasado: tres o cuatro honrados ricachones se propusieron invertir en un campo de diversiones con zoológico y toda la cosa que, además de acomodar a los animales casi como si fuera mercancía en una bodega, iba a liquidar 75 por ciento de su vegetación grande y pequeña con el consecuente daño a la atmósfera y los mantos acuíferos subterráneos de la zona.

La verdad es que todo ello parecía carecer de importancia ante la propagación de la idea de que se daría chamba (mal pagada), se generaría un nuevo atractivo turístico y, lo que no se propalaba, los inversionistas obtendrían pingües ganancias.

A fin de cuentas la ciudadanía se sublevó y las banderas empresariales se arriaron. Ahora el dicho bosque sobrevive y propios y extraños reconocen que, sin él, la atmósfera en la zona sería prácticamente irrespirable.

En lo que se conoce como tercera sección de Chapultepec pretenden hacer lo mismo otros empresarios bien intencionados, debidamente coludidos también, como aquellos de Guadalajara, con algunas autoridades y jueces…

Pueden no parecer mucho 20 mil metros cuadrados, pero si se calcula con base en lo que cuesta el metro cuadrado y la plusvalía que puede generársele, estamos hablando de un capital nada despreciable que puede alimentar los honrados bolsillos de quienes seguramente, en otros foros, vociferan contra la corrupción mexicana. Asimismo, no resulta una mala aportación a los espacios verdes que tanta falta hacen a la gran ciudad.

Ya en 2014, de conformidad con el Consejo Rector Ciudadano del dicho bosque, se había acordado que ese espacio, conocido como El Rollo, se rehabilitaría como área verde, pero el pasado 28 de octubre, después de diversos trastupijes la Secretaría de Medio Ambiente capitalina lanzó la convocatoria, preparada del modo más adecuado para concesionar el espacio a un reputado empresario, según su lucrativo proyecto de espacios lúdicos combinados con establecimientos y comercios.

No han faltado vecinos y ciudadanos diversos en defensa del pulmón. Igual que sucedió antaño en Guadalajara, se ha revirado contra ellos con recursos difamatorios, tal como se acostumbra en estos casos. ¿Qué va a suceder? ¿Se repetirá la hazaña de Los Colomos tapatíos o avanzará el concreto y el lucro? Es de suponerse que dependerá de la vocación ciudadana por el beneficio colectivo.

Vale suponer que, si hay tantos ciudadanos aguerridos que han salido a la calle a protestar por el alza de la gasolina y a exigir la reducción de sus precios, podrían dedicar un tanto de su atención y energía a la defensa del aire que respiran.