Opinión
Ver día anteriorViernes 27 de enero de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Redefinición general impostergable
L

a intención de la nueva presidencia de Estados Unidos de fijar un impuesto de 20 por ciento a las exportaciones mexicanas a ese país a fin de obtener fondos para construir el muro fronterizo pormetido por Donald Trump representa, en los hechos, en caso de que el Capitolio apruebe esa medida, una suspensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, más allá, el fin del modelo de desarrollo adoptado por el gobierno de nuestro país hace tres décadas, cuyo eje rector era la supeditación de la economía nacional a la estadunidense. Implica también una gravísima sacudida a las finanzas del país, en la medida en que 80 por ciento de sus exportaciones tienen como destino el norte del río Bravo; el impuesto referido conllevará un brusco acotamiento de ese mercado y, por consiguiente, una merma aún no cuantificada, pero seguramente elevadísima, de las divisas que México recibe del extranjero, que se agudizará con la previsible disminución de las remesas y de la inversión. Ello se traducirá, de manera inevitable, en pérdida de empleos en el sector exportador y en la necesidad de crear plazas de trabajo en el país ante el previsible incremento de deportaciones de connacionales.

En el curso de los sexenios de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, y en lo que va de la administración del presidente Enrique Peña, se alertó una y otra vez sobre los graves peligros que conllevaba la consagración de la economía nacional en el papel de proveedora de mano de obra barata y materias primas para la potencia del norte, pero todos esos gobiernos hicieron oídos sordos a las advertencias. Hoy se agotó el tiempo. Los manotazos proteccionistas y antimexicanos de Trump cimbran el edificio de la globalidad neoliberal en todo el mundo, pero resultan particularmente devastadores para nuestro país, cuyas autoridades no parecen haber entendido la dimensión y el alcance del fin del modelo implantado desde hace tres décadas ni parecen preparadas para el cambio de paradigma que el momento exige.

Esa falta de visión explica que el gobierno mexicano haya sido sometido a un reiterado vapuleo diplomático en horas recientes, desde que el presidente estadunidense anunció la orden ejecutiva para iniciar la construcción del muro –en momentos en que el canciller Luis Videgaray y el secretario de Economía Ildefonso Guajardo volaban hacia Washington– hasta su grosera afirmación de que si México no estaba dispuesto a pagar por la valla sería mejor suspender el encuentro que tenía programado con Peña Nieto, afirmación expresada en Twitter tres horas antes de que el segundo diera a conocer la cancelación de su visita.

Dado que tales maltratos son, claramente, parte de un patrón de conducta y que no hay razón para esperar del nuevo gobierno estadunidense voluntad de cooperación, amistad y ni siquiera cortesía, es claro que la diplomacia mexicana hacia el vecino debe redefinirse, abandonar la obsecuencia que le ha sido impresa desde hace muchos años y conducirla con actitud no belicosa, pero sí firme y digna. Asimismo, resulta crucial diversificar las relaciones políticas y comerciales con el resto de los países –en particular, con América Latina– y recuperar la antigua postura no alineada de México en el mundo.

Más importante aún, urge reconfigurar la política económica antes de que la economía conduzca al país a un escenario de mayor desastre. Además de la diversificación comercial referida arriba es necesario reactivar el campo, la industria y el mercado interno y reorientar las prioridades que hasta ahora han sido para beneficiar a los capitales en detrimento de la población.Por añadidura, y habida cuenta que la Casa Blanca de Trump opta por negociar sobre hechos consumados y unilaterales, México debe sentirse libre de los compromisos que adquirió en materia de seguridad, migración, combate al narcotráfico y otros aspectos, abandonar el papel de policía y guardia fronterizo de Estados Unidos, y renunciar a la asistencia estadunidense antes de que el propio Washington decida suspenderla, como podría ocurrir si se tiene en cuenta que Trump ordenó un informe pormenorizado de los programas de colaboración con nuestro país en diversos ámbitos.