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Puntos sobre las íes

Recuerdos

Empresarios (XLVII)

H

istoria única.

Sí, lo que Manuel Benítez El Cordobés dejó escrito en los anales de la fiesta brava entre nosotros, nadie jamás lo ha igualado, y yo, en lo personal, creo que nadie jamás lo igualará, ni de aquí, ni de allá.

En anterior entrega hice mención del aluvión de fechas de las postrimerías de 1963, quedando pendientes las de los inicios de 1964, un auténtico broche de oro.

Veamos si no.

Febrero 21, Querétaro, un rabo. Al día siguiente, en Cuatro Caminos, otro rabo. Febrero 21, Querétaro, un rabo. Guadalajara, dos corridas seguidas, 23 y 24. En la primera de éstas, por cornada del venezolano César Girón, aquello se convirtió en un mano a mano con Alfredo Leal, matando el de Palma del Río tres toros y cortando seis orejas. Al día siguiente, alternando con Joselito Huerta, Antonio del Olivar y Paco Camino; marcador: Joselito se llevó orejas y rabo. El Cordobés, indulto, y se le concedieron las orejas y el rabo en calidad de simbólicos.

Aquello rebasó los límites de la cordura; no se hablaba más que de El Mechudo, y a tal grado llegaron las cosas que en Guadalajara, después de sus sensacionales triunfos, la calle donde estaba ubicado el hotel Morales, fue cerrada al tránsito, y cuando el de Palma del Río salía para cenar, las ovaciones no cesaban y los gritos de torero, torero semejaban salvas de honor. Así que el veredicto del cuate aquel del doctor Gaona (que aquí podríamos matarlo), ya vimos que fue de un auténtico villamelón.

***

¿Quién cómo él?

Y a pregunta que le hiciera uno de los más careros piratas de la pluma, así le contestó El Mechudo: “Mire uté, lo que má me gusta es torear y voy a seguir toreando”.

***

Don Enrique Letayf Nahoul, para mí casi un hermano y querido compadre, llegó a Madrid no recuerdo bien si en 1965 o 1966, y le preguntó al chofer del taxi que lo llevaba al hotel quién toreaba esa tarde, y el hombre del volante le dijo: “El Cordobé y do má”.

***

Pasaron los años y Manuel Benítez era ya uno de los hombres más ricos de España y, según se dijo y se publicó, a resultas de un mal sueño decidió irse de los ruedos, así que telefoneó a Madrid, anunciando su retirada.

Y se conmocionó todo.

Seis días más tarde, una procesión de autos muy elegantes llegaron al cortijo de El Cordobés. Eran poderosos empresarios –entre ellos, don Livinio Stuyck, Pedro Balañá, Diódoro Canorea y Andrés Gago– para pedirle que reconsiderara su decisión, ya que un buen número de ferias taurinas tendrían severas pérdidas, de lo que ya había indicios: petición de devolución de lo pagado para las corridas de la feria de Sevilla, para las del abono de Madrid y posibles severas demandas para la empresa de Barcelona.

Después de mucho hablar –y, supongo, de casi rogarle–, El Cordobés aceptó firmar para dos años más en los ruedos.

Yo, tan admirador que fui de él, al igual que mi padre y don Alfonso de Icaza, estaba siempre al alba de lo sucedido en materia taurina en España, y un buen día de tantos, en el portal taurino de Juan Antonio de Labra, que voy dando con un festejo (festival) taurino en Córdoba, con la participación de Manuel Benítez El Cordobés, a sus no tan floridos 78 años de edad, a beneficio de la prevención y cura del cáncer del cáncer de mama.

Impresionante fue todo lo que vi: garbo y salero al partir plaza, y atrás de él, un mundanal de niños, chamacos y jóvenes que lo seguían en calidad de corte marcial.

No podía creerlo, pero lo grandioso, lo sorprendente fue verlo torear a la verónica con una solera, un ritmo y una cadencia que le eran totalmente ajenas, cuando lo vimos y admiramos en México.

A continuación, aquella mágica muleta: tres o cuatro naturales, tan ligados, tan soberbios, tan lentos y, a la vez, tan mandones de aquí hasta allá –muñeca excelsa–, pero no a un becerro, sino a un novillo hecho y derecho.

El que tuvo, retuvo.

Yo no sé, y menos imagino quién me hizo llegar un ejemplar de Radio Intolerancia de Puebla, de fecha abril 10 del 2014, en el que se publicaron dos fotos de ya no Mechudo, sino de un muy peinado matador, mismas que me abstengo de publicar, en ánimo de no ser demandado, y que son plena comprobación de lo antes escrito.

(Continuará)

(AAB)