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Astillero

Donald malo, visitantes buenos

Trump y sus juegos ya vistos

Frontera sur, compartida

Yunes: probar sin condiciones

Julio Hernández López
E

l patrón de conducta es recurrente: Donald Trump ha irrumpido contra México en cada ocasión que se abre alguna posibilidad de diálogo y entendimiento, así fuera mínima. Los representantes de la nueva Casa Blanca pueden estar encerrados en presuntas negociaciones sesudas con los mexicanos, mientras el multimillonario empoderado lanza declaraciones, firma órdenes ejecutivas o realiza actos concretos que desautorizan, anulan o combaten lo que supuestamente está sobre mesas serias de discusión. En los hechos, Trump hace saber, con absoluta contundencia, que le importan poco las sesiones diplomáticas o los grupos binacionales de trabajo, pues a fin de cuentas se habrá de hacer lo que a su personalísima voluntad se le antoje (el propio Luis Videgaray Caso reconoció ante diputados federales que no se puede convencer a Trump de nada).

El mismo numerito se ha montado ahora, con ocasión de la visita de dos de los principales operadores de Trump, los encargados de las relaciones exteriores y de la seguridad interior, Rex Tillerson y John Kelly, respectivamente. Estuvieron en México menos de 24 horas, distribuidas en dos días. El miércoles cenaron con funcionarios mexicanos en la casa de la embajadora de Estados Unidos en México (en un posicionamiento inmobiliario que hace recordar oscuros pasajes de la historia mexicana, con la embajada gringa como punto de desestabilización de nuestro país). Y ayer realizaron otras rondas de trabajo para, al final, reunirse con el ocupante de Los Pinos, Enrique Peña Nieto.

La información oficial destacó la promesa de los visitantes de que no habría deportaciones masivas de paisanos (ya se verá la estimación personal que Trump dé a esa categoría de lo masivo), que no se utilizarán fuerzas militares en las operaciones contra esos migrantes y que no se enviará a México a personas de otros países. Siempre cabrá preguntarse a cambio de qué habría cedido la extrema beligerancia migratoria de Washington, y cuáles serían los platillos políticos que los enviados llevan de regreso a la Oficina Oval para que el insaciable jefe considere aceptables los tributos.

De lo que realmente se negocia, solamente llegan indicios, sombras, y a veces ni eso, hasta que la realidad va mostrando con toda su crudeza los términos de lo pactado. Uno de esos indicios apunta a que México ya se comprometió a fungir como agente migratorio de Estados Unidos en nuestra frontera sur, restringiendo el paso de centroamericanos que pretenden alcanzar el falso sueño americano. Estados Unidos busca asegurarse de que México cumpla con puntualidad y energía ese papel de gendarme viendo al sur y, por ello, pretende instalar equipo tecnológico, asesores y personal operativo, todo con un abierto ánimo de control externo. El freno a la inmigración sin documentación regular implica también el mayor combate a los cárteles que combinan narcotráfico con el tráfico de indocumentados, la reorganización de esas actividades, suprimiendo ese coyotaje, y el exterminio aparatoso de los que se opongan al nuevo orden binacional diseñado y dirigido por Washington.

Videgaray, el canciller de Troya, pronunció ayer palabras muy indicativas de que ya hay un trato en curso en estas materias, aceptando una responsabilidad compartida (vaya eufemismo claudicante). Incluso, México participará con Estados Unidos (andamos arando, dirá la SRE) en la convocatoria a los países centroamericanos para analizar conjuntamente lo que ahora se hará en ese plano migratorio.

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PROTESTA ESTADUNIDENSE. Ciudadanos estadunidenses se manifestaron ayer frente a la embajada de su país para externar su preocupación por la retórica agresiva de Donald Trump. Los manifestantes repartieron copias de una carta que entregaron en la sede diplomática, dirigida al secretario de Estado, Rex Tillerson, en la que señalan que los mensajes negativos de Trump sobre México y los mexicanos son desconcertantes, infundados y profundamente inquietantesFoto Carlos Ramos Mamahua

Pero, mientras acá Tillerson y Kelly jugaban al policía semibueno, Trump en Washington se mostraba como el definitorio policía malo. Dijo con todas sus letras que las acciones contra migrantes mexicanos eran operaciones militares, aunque luego su vocero corrector (al estilo de Vicente Fox y su intérprete, Rubén Aguilar, que traducía lo que el presidente había querido decir) dio la versión de que lo militar no se refería a la participación de fuerzas del ejército, sino al sentido de dichos operativos. E insistió en que los deportados son tipos duros, pero no tan duros como nosotros.

Duros tendrían que haber sido Tillerson y Kelly con sus anfitriones, pues, según palabras de Trump, le dijo al primero que el viaje a nuestro país sería difícil, porque tenemos que ser tratados justamente por México (nuestro país, siempre tan injusto con el país vecino) y, con su fanfarronería característica, advirtió: Vamos a tener una buena relación con México, eso espero. Y si no, pues no.

En Veracruz continuaba el enfrentamiento entre Andrés Manuel López Obrador y el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares. Luego del ofrecimiento de que daría pruebas de que el ex mandatario Javier Duarte de Ochoa daba millones de pesos mensualmente a Morena, el ex priísta, ex gordillista y ahora panista Yunes Linares propuso que se realice un debate público, este sábado, para ahí presentar el fundamento de sus alegatos, lo cual fue rechazado por el tabasqueño. No honra al gobernador veracruzano el condicionar la entrega de las presuntas pruebas ofrecidas. Estas deberían ser presentadas sin ninguna restricción, de tal manera que su contundencia deje en el ánimo nacional una convicción positiva de las graves acusaciones. Cierto es que la carrera política de Yunes ha estado siempre caracterizada por marrullerías, trampas, golpes bajos y una evidente corrupción, pero, teniendo al alcance de la mano el terminar con la carrera política de López Obrador, pues éste ofreció retirarse si Yunes le demostraba lo dicho, mal haría el peleador callejero, con domicilio actual en Xalapa, en desaprovechar esa oportunidad de exterminio político, que mucho le agradecería el sistema.

Y, mientras ayer ante la embajada gringa se desarrollaba una protesta por las políticas de Trump y la visita de sus enviados, pero de ciudadanos estadunidenses radicados en México, ¡hasta el próximo lunes, ya con un embajador de protocolo ante Estados Unidos, Gerónimo Gutiérrez (el verdadero embajador es Videgaray), cuya designación fue ratificada por senadores!

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