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Junto a su hermano Rogelio luchó al lado de Fidel Castro y el Che Guevara

Soy ateo, pero rezo para que a Trump no se le ocurra mirar a Cuba: general Enrique Acevedo

El ex combatiente presentó su más reciente libro, Los sueños del Tigre: paramilitares en Cuba

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 26 de febrero de 2017, p. 5

La Habana.

Ante los ataques constantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra México y los mexicanos, el general Enrique Acevedo González sólo tiene un deseo: Yo que soy ateo, rezo todas las mañanas para que a Trump no se le ocurra mirar a Cuba y todo nos salga bien, aunque es imprevisible.

Está sentado en la mítica Casa de las Américas con un ejemplar de su reciente libro, Los sueños del Tigre: paramilitares en Cuba, sobre el senador Rolando Masferrer, y dice que no se ha contado toda la historia de la revolución.

Sonríe al recordar sus años en la guerrilla combatiendo con el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra al lado del Che Guevara y Fidel Castro, a principios de agosto de 1957, en la toma de Santa Clara. Se incorporó a la lucha en favor de la revolución cubana a la edad de 14 años: Estuve dos años en la guerrilla. Fue mi época más feliz, dice al mostrar un ejemplar de su libro Descamisado, prologado por el actual presidente de Cuba, Raúl Castro: Este testimonio de Enrique, visto desde el prisma de un soldado, es lo mejor que he leído sobre nuestra lucha guerrillera.

Con 74 años, el general Acevedo recuerda cómo su hermano Rogelio y él decidieron incorporarse a la lucha armada influenciados por las ideas libertarias de Luchi, su madre: “Ella era antibatistiana, mientras que mi padre era discretamente fascistoide y decía: Los criollos necesitan la mano de hierro. En España con Franco, y en Cuba con Batista, pero mi madre nos esclarecía porque era muy politizada, hija de una maestra, admiradora de Antonio Guiteras, adoraba la Constitución del 40 y odiaba a Batista. Cuando ella comprendió que había sembrado en tierra fértil y que nosotros nos íbamos a la guerrilla, empezó a cambiar.

Al ver que sus dos hijos estaban decididos a lanzarse al monte, Luchi intentó disuadirlos: Es mejor la resistencia pacífica, como lo hizo Gandhi, les dijo, pero el general Acevedo le respondió: No chingues, con la resistencia pacífica, todavía en el año 2000 Batista estará en el gobierno. A continuación mi hermano se fue a la guerrilla y yo detrás de él. Vendí mi bicicleta, vendí todo y me fui también a combatir.

El 27 de mayo de 1957 iniciaron su viaje: Estuvimos 15 días caminando por la Sierra Maestra pasando una hambre espantosa, los aviones tirando, el ejército rastreando y nosotros escondidos, aterrorizados, hasta que nos encontramos con vecinos que venían con la intención de incorporarse y llegamos 34 a la guerrilla. Andábamos buscando al héroe de la Sierra Maestra, del Moncada, es decir, a Fidel Castro, pero nos encontramos con un jefe guerrillero que era argentino, un tipo que tenía fama de ácido y duro.

Los descamisados

El general Acevedo se mueve en su asiento y suelta una carcajada cuando recuerda cómo el Che los rechazó: “El Che no nos quiso aceptar y metimos un mitin de protesta terrible. No nos quería porque éramos menores de edad”.

El líder rebelde les dijo: Esto no es un albergue ni un orfanato. ¡Váyanse! Y uno de ellos le contestó: Nos vamos a quedar aquí, si no nos quieren, mátenos. Y finalmente el Che cedió y los dejó en la parte trasera de su columna.

“No sabíamos marchar, cada día estábamos más flacos, más piojosos y más sucios. Y nos llamó los descamisados. Entonces, unos días después al Che lo hieren y luego nos incorporamos a la tropa de Fidel y a los 15 días estábamos combatiendo y el Che nos llama los ‘descamisados’”.

Añade: “Yo miraba siempre al Che. Él leía muchos libros y yo leía la Biblia, aunque soy ateo y él me decía: ‘Tú eres un farsante, para qué lees ese libro’. Y yo le contestaba que era un libro muy interesante. Con Fidel conversaba, aunque el que más me cayó bien era Camilo Cienfuegos, porque era muy dicharachero, muy simpático, jocoso y era el único tipo que le jugaba bromas verbales al Che. Un día no le cayó bien la broma y le dijo: ‘No olvides, Camilo, que mis soldados están presentes’”.

Foto
Enrique Acevedo González, autor de DescamisadoFoto Sanjuana Martínez

El general Acevedo luchó en más de 40 combates y un día lo hirieron: Me metí en un berenjenal de esos y me dieron dos tiros. Íbamos caminando por el pantano y al salir nos encontramos un chalet precioso y yo propuse que entráramos, pero nos recibieron a tiros.

Y riendo añade: “Me los merecía, porque yo era muy ambicioso. A mi hermano lo habían hecho capitán y yo quería ser teniente. Fue en la invasión con la tropa del Che, fueron 48 días caminando por los pantanos, lo más terrible, porque la zona era apestosa con agua salobre, llena de cangrejos, mosquitos, roedores, con todos los bichos. Caminábamos dos o tres kilómetros por día con machete en mano, rompiendo fango y después borrando las huellas”.

La tropa tenía serios problemas de municiones. El día más feliz de mi vida fue cuando llegue a tener 300 balas, pegué 150 tiros y después calladito, porque estaba temblando del susto, añade.

Su primer combate fue el 30 de agosto de 1957 y continúo con el Che, pero pasó la mayor parte con Fidel Castro, con quien participó en el segundo combate de Pino del Agua, en la Columna número 1, hasta que el Che lo incorporó a la Columna número 8, dándole una ametralladora trípode 30 y participó en la Batalla del Jigüe.

La independencia de Angola

Al general Acevedo le brillan los ojos cuando recuerda sus combates al lado del Che y Fidel. A los dos años de participar en la lucha, su hermano y él volvieron a casa. Él, con 16 años y el cargo de primer teniente, y su hermano, con 17, capitán.

Después del triunfo de la revolución, el general Acevedo estaba triste porque el Che no le había pedido que le acompañara a Bolivia. Un día se encontró a Fidel: “Tenía el síndrome del descamisado. Fui a casa de un profesor, llegó Fidel y me dijo: ‘Yo tengo una deuda contigo. Tú no fuiste a la guerrilla del Che a Bolivia, aunque él te pidió a ti y a tu hermano, pero para no dividir a la familia te quedaste aquí’”.

A los tres años, su hermano se fue a combatir a la guerra de independencia de Angola y quiso seguirlo, por lo que pidió a Fidel Castro lo mandara en 1975. Fue primer jefe de Estado Mayor de la misión militar cubana en Angola durante tres años y luego le mandó una nota a Raúl Castro diciéndole: Comandante, yo quería Angola, pero no tanta Angola, y a los tres días lo regresaron a La Habana.

Y defiende la escena de la revolución: Nosotros combatiamos por una razón, por una causa justa; yo de mercenario no tengo un ápice; peleo por convicción. Después de la Sierra Maestra, estar en Angola fue lo más maravilloso para mí.

–¿Qué diferencia había en combatir con el Che a hacerlo con Fidel?

–Con Fidel era la libertad total y completa. El Che, en cambio, tenía su columna en la mano, él no disgregaba. Mientras Fidel se exhibía con todos, el Che estaba escondido esperando para atacar, entonces la gente se centró en Fidel y se olvidó del Che, y fue cuando dio el golpe”.

Suspira al recordar la muerte de Fidel Castro, algo que nos ha dejado sumamente tristes; sigo triste. Ya todo mundo sabía que Fidel había cumplido su parte y todo mundo estaba esperando su muerte. No nos sorprendió. Ahora tiene que haber una sucesión, se han creado todas las condiciones. La gente sigue trabajando.

El general Acevedo está ahora jubilado y se dedica a escribir, pescar, cazar y descansar. Dice que decidió desmitificar a los rebeldes, para convertirlos en humanos.

“Éramos buenos y bondadosos. En una ocasión veníamos avanzando y había un guardia herido, moribundo, tirado en el suelo, y un compañero le voló la cabeza con la escopeta. Esas cosas no eran aceptadas y el Che se enojó y le dijo: ‘Cuando termine el combate te voy a fusilar, perro’. Nosotros le rogamos que no lo matara, y finalmente accedió, pero lo desarmó y lo degradó, lo hizo cargador”.