Opinión
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Neus Espresate, punto y aparte
N

o hay cómo exagerar su importancia para la cultura y el conocimiento en México y el ámbito de la lengua castellana. Sus firmes posiciones políticas y su rigor estético y editorial no le impedían ver más allá y descubrir lo nuevo bueno. Siempre hacia adelante. Qué, si no, se espera de un editor verdadero, aquel dotado para el toque final que corona la escritura de los otros. Su constancia y su maestría duraron décadas, hicieron escuela y continúan más allá de su presencia física.

De entre la multitud de cosas buenas que aportó a México el doloroso exilio español en los años 30 y 40 del siglo pasado está la pasión por hacer libros. Para los intelectuales republicanos fue llegar y ponerse a confeccionarlos, dignos y de calidad, con incrementado entusiasmo y mayor éxito que en la tierra perdida. Argentina sería el otro territorio ganado para los editores catalanes y castellanos del exilio.

Una nueva generación, los hijos y nietos del destierro ya formados en México, hereda la inteligencia editorial y da origen a un nuevo tipo de libro, que llamaremos contemporáneo, adaptando tendencias estéticas, gráficas y tipográficas florecientes en Francia, Italia y los países anglosajones. En España era de noche. Acá, Era (Espresate y Rojo más José Azorín) y Joaquín Mortiz nos enseñaron que cada libro puede ser distinto y memorable, un objeto bello, práctico, legible, consistente. Piénsese lo que significa que durante varias décadas cada libro de Era fue diseñado por el prolífico y nítido artista Vicente Rojo y leído por Neus Espresate, proactiva editora de los nuevos autores, de quienes aprendió ideas frescas y descubrimientos verbales de significación.

Muy adecuadamente, Era nace en 1960. Pronto será una característica cultural de esa década, proyectada en las siguientes. Los grandes reportajes de Fernando Benítez y los entonces noveles Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska hacen casa en Era 10 años después, con formatos originales y emocionantes: Los indios de México, Días de guardar, La noche de Tlatelolco. La línea editorial va contra la versión oficial del presente y el pasado. Así como no escapan de ser publicados en Era los principales escritores de la efervescente generación de ruptura, incluso sus precursores Octavio Paz y Carlos Fuentes, el pensamiento social hace escuela. La Revolución, la historia reciente, cardenista, antimperialista, son vueltas a pensar en las diversas colecciones de Era. Destaca la puntualidad estratégica de la Popular, que puso al alcance de los jóvenes textos claves para el nuevo pensamiento progresista en el mundo, alejado del estalinismo y de la rigidez nacionalista; o bien, la elegancia literaria de Alacena.

Neus siempre insistió en registrar los movimientos sociales, fueran el 68, Juchitán, los sindicatos de la insurgencia en los 70, los zapatistas en los 90, las revoluciones de Cuba, Centroamérica, Angola, la gran decepción soviética en Europa del Este, la emancipación de las mujeres. Era ensancha avenidas para la libertad de expresión en tiempos de censura y autoritarismo. Creación suplementaria y magistral de Neus fueron los Cuadernos Políticos y lo que aportaron durante 26 años al pensamiento y el análisis social. Nucleados en pensadores incombustibles como Adolfo Sánchez Vázquez, Bolívar Echeverría y Carlos Pereyra, en contrapunto con la izquierda doctrinaria y la reformista que tan mal acabarían después del salinismo, los Cuadernos, de formato único, dieron un campanazo más de la creatividad incesante de una casa editorial donde cabían Gramsci, Löwy, González Casanova, Katz, Arnaldo Córdova y una larga lista.

Implacable pero impecable; generosa pero no mensa; nunca fue ajena a la plástica, y menos con Rojo al lado. Así que Toledo, Tamayo, Duchamp, Varo, Orozco. Acogió mucho de lo mejor de las letras hispanoamericanas, desde la edición definitiva de Paradiso, a cargo de Monsiváis y Cortázar, hasta las monumentales obras de Cardoza y Aragón, Gelman, Monterroso, Pitol, Pacheco, Revueltas. Llegados a hoy, la nómina de narradores, poetas, cronistas, ensayistas, sociólogos, historiadores, economistas, críticos de arte y de literatura es tan amplia, sólida y actualizada que qué decir.

Todo lo citado y más pasó por los ojos, las manos y la tenacidad comprometida de Neus Espresate, la mejor hacedora si parafraseamos para sus libros aquello de los poetas Dante para Arnaut Daniel y Eliot para Pound, de il miglior fabbro. Más de medio siglo de México y América sería menos legible sin su trazo magistral.