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México vive exclusión endémica en casi todos los ámbitos, alerta experta de la CNDH

La desigualdad entre hombres y mujeres se inicia en la niñez y se perpetúa hasta la vejez

Resalta que los mayores retos son erradicar la violencia de género y generar condiciones equitativas

 
Periódico La Jornada
Lunes 6 de marzo de 2017, p. 14

La desigualdad y la marginación entre hombres y mujeres comienza desde la niñez y se perpetúa con el tiempo a lo largo de la vida hasta llegar a la vejez, así lo demuestran los principales indicadores nacionales sobre acceso a educación, salud, oportunidades e ingreso laboral, así como de bienestar en general, entre ellas tener una vida libre de violencia.

Lourdes Zariñan Martínez, coordinadora del Programa sobre Asuntos de la Niñez y la Familia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), indicó a La Jornada que el país vive una desigualdad endémica, que se observa en prácticamente todos los ámbitos, incluidos el laboral, el social y también el político.

Señaló que para la erradicación de este problema es necesaria la contribución no sólo de mujeres y niñas, sino también de hombres y niños, de ahí que el trabajo para alcanzar la perspectiva de género sea transversal y corresponda a la autoridad, con la colaboración de las familias, instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil, lo que permitirá generar un México más justo, incluyente e igualitario.

En entrevista, la especialista en el tema citó múltiples datos recabados en encuestas, censos, estudios y evaluaciones de instituciones oficiales, de organismos nacionales y extranjeros, en los cuales la constante es la discriminación y la falta de oportunidades en condiciones de igualdad para niñas, adolescentes y mujeres.

Resaltó que uno de los mayores retos de la sociedad y el país es erradicar la violencia de género, garantizar el respeto a los derechos de las niñas, las adolescentes y las mujeres, y generar igualdad de oportunidades y responsabilidades entre ellas y los hombres. Para ello, la labor en las escuelas es determinante, subrayó.

Sin embargo, al citar el informe nacional sobre violencia de género en la educación básica en México del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), se encontró que 75 por ciento de los estudiantes de primaria y secundaria piensan que las niñas y adolescentes deben aprender a ayudar en casa para cuidar hermanos y hacer tareas de limpieza.

Para la especialista, esta situación se agrava también porque las mujeres no conocen sus derechos. Un estudio reciente de la CNDH sobre equidad y no discriminación por razones de género, revela que 31.2 por ciento de las personas entrevistadas ignoran que la igualdad entre mujeres y hombres constituye un derecho constitucional.

En el terreno laboral, solo 47 por ciento de las mexicanas en edad productiva son parte de la fuerza de trabajo, cifra por debajo de 67 por ciento en países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), o de 60 por ciento registrado en naciones como Chile, Colombia, Perú y Brasil.

Otro dato. Las mujeres destinan más horas a las labores domésticas y de cuidados, al destinar a éstas 65 por ciento de su tiempo de trabajo total y 32.3 por ciento a las actividades por las que regularmente se recibe un ingreso monetario, en clara desventaja con el hombre, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La maternidad temprana es otro factor que limita el desarrollo de la mujer. Una de cada cinco mujeres entre 15 y 19 años de edad, según una encuesta de Unicef en 2015, había empezado el proceso reproductivo, mientras 8 por ciento de quienes tenían de 15 a 19 años y 9 por ciento de las 20 a 24 ya estaban casadas o vivían con una persona 10 años mayores que ellas, según el mismo sondeo.

La especialista, que también está a cargo del área de adultos mayores en la CNDH, advirtió que a todas estas situaciones se suma, a esta edad, la dependencia de las mujeres a las pensiones por viudez o incapacidad de sus cónyuges o a los ingresos de hijos u otros familiares, pues el rol tradicional que tuvieron durante su vida les impidió tener un empleo remunerado y generar un ahorro para el retiro.