Opinión
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México SA

Navío en la cuerda floja

Deuda pública en las nubes

Vacaciones: mejor, imposible

C

on la novedad de que una vez más el navío de gran calado (los marineritos Fox-Calderón-EPN dixit) está en la cuerda floja y a punto de ser declarado en perspectiva negativa por dos de sus dolencias estructurales: la falta de crecimiento y el voluminoso monto de su deuda, que no es otra, dicho sea de paso, que la que sin más los supuestos gobernantes han endilgado a los mexicanos pagadores.

La Jornada (Roberto González Amador) lo reseñó así: “un bajo crecimiento de la actividad económica y el aumento de la deuda pública respecto del tamaño de la economía se convirtieron en factores que presionan para que la calificación sobre la solvencia del gobierno mexicano se mantenga en perspectiva negativa, aseguró Fitch Ratings. Un deterioro de los vínculos con Estados Unidos que redujera las perspectivas de crecimiento y debilitara el balance de sus cuentas externas podría ser negativo para las calificaciones de México.

El crecimiento económico relativamente débil de México y los mayores riesgos de baja para el mismo, así como los desafíos que esto podría imponer sobre la estabilización de la deuda pública mexicana, están impulsando la perspectiva negativa de la calificación soberana del país, mencionó Fitch Ratings en un nuevo informe especial. En diciembre pasado, Fitch Ratings revisó la perspectiva de calificación de la deuda emitida por el gobierno mexicano de estable a negativa, lo que significa que en una próxima evaluación hay la probabilidad de que baje la nota. Las calificaciones de deuda miden la probabilidad de que un emisor, en este caso el gobierno mexicano, incumpla con sus compromisos.

El gobierno mexicano acumula décadas presume que te presume lo bien que ha hecho las cosas, los maravillosos resultados de reformas, lo que se ha modernizado el andamiaje, y resulta que en los hechos no ha logrado salir del hoyo ni quitarse de encima el lastre de la falta de crecimiento y el arrasador avance de la deuda que sólo ha servido para pagar intereses e incrementar… la deuda. Donde más les duele.

Con los tres marineritos en Los Pinos la economía mexicana registra una tasa anual promedio de crecimiento (llamémosla así) de 2 por ciento, es decir, nada. De cualquier forma, la tercia no ha parado de presumir que gracias a ellos México va por el rumbo correcto, con todo y sus 63 millones de pobres (hasta 2014) y contando.

En el mismo periodo el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP, la expresión más acabada de la deuda pública mexicana) se incrementó 500 por ciento (de 2 a 10 billones, en números cerrados, hasta diciembre de 2016), a razón promedio anual de 31.25 por ciento. Es decir, el saldo de la deuda pública se incrementó a un ritmo casi 16 veces superior al del crecimiento económico.

Como se ha comentado en este espacio, Vicente Fox aumentó 50 por ciento el saldo de la deuda pública federal que recibió de Ernesto Zedillo; Felipe Calderón lo incrementó 88 por ciento, y Enrique Peña Nieto, hasta ahora, la ha hecho crecer 75 por ciento (4 billones de pesos en números cerrados, a razón promedio de un billón anual, sólo con EPN). En esos tres sexenios dicho débito pasó de representar alrededor de 30 por ciento del producto interno bruto a poco más de 50 por ciento; es decir, un avance de 20 puntos porcentuales del PIB.

En los tres casos la versión oficial no se ha modificado: la deuda es administrable y resulta menor a la de otros países). Pero entre el inicio de Fox y hasta donde llega Peña Nieto tal saldo pasó de 2 a 10 billones de pesos, y el grueso de ese dinero fue destinado a pagar intereses de la propia deuda (la vieja y la nueva que se destinó a cubrir la primera).

En dos ocasiones secretario de Hacienda (con Calderón y Peña Nieto), José Antonio Meade ha intentado explicar, muy a su manera, de qué se trata: en el presente gobierno “la deuda pasó de 38 a 50 por ciento del producto interno bruto, y el crecimiento se dio por varias dos razones: una, ciertamente de manera intencional, se buscó acompañar la entrada en vigor de las reformas con un estímulo adicional del gobierno para preservar el crecimiento en un entorno donde el mundo crecía poco… Eso explica una parte del crecimiento. Otra parte del crecimiento lo explica el tipo de cambio… Una parte adicional lo que desde el gobierno se ha tenido que apoyar a Pemex y CFE para mejorar su balance. Y un último elemento el hecho que México y el mundo ha crecido menos de lo que quisiéramos, menos de lo que necesitamos, y eso se traduce en que el mismo nivel de deuda hoy como porcentaje del PIB se haya incrementado”.

Resultado: 10 billones de pesos, crecientes intereses, las finanzas de Pemex en el suelo y las de la Comisión Federal de Electricidad a golpe de tarifazos para tapar hoyos, porque hay que pagar intereses. En diciembre de 2012, cuando Peña Nieto se instaló en Los Pinos, se pagaron intereses de la deuda por cerca de 205 mil millones de pesos. En igual mes de 2016 la cuenta por el mismo concepto se acercó a 500 mil millones de pesos y para 2017 se estiman 600 mil millones adicionales. Y el saldo de la deuda crece y crece.

De acuerdo con el registro de la Secretaría de Hacienda, en cinco años de gobierno peñanietista de las arcas nacionales habrán salido alrededor de 2.2 billones de pesos para pagar intereses, sólo intereses, y a pesar de todo el saldo del débito público cerrará 2017 en cerca de 11 billones de pesos.

Eso sí, cuando aplicaron el megagasolinazo en Hacienda aseguraron que no había recursos con qué evitarlo, que si no se aplicaba tendrían que recortar programas sociales por 200 mil millones de pesos, es decir, un monto 11 veces menor al pago acumulado por intereses de la deuda.

Pero dicen que la deuda es administrable, que lo han hecho muy bien y que el navío de gran calado es una maravilla, aunque se mantenga encallado desde hace 35 años. El problema es que las calificadoras dicen exactamente lo contrario, lo mismo que quienes pagan la factura.

Las rebanadas del pastel

Mejor, imposible. Ya vienen las vacaciones perfectas: Capufe ya aumentó peajes; el precio de los combustibles se mantiene al alza; las tarifas hoteleras se adecuarán para la temporada; la inflación se encuentra en máximo de siete años; el tipo de cambio arriba de 20; la violencia sube como la espuma y los mexicanos urgidos de playa… Bien por el siempre atinado secretario de Hacienda, quien al anunciar el megagasolinazo fustigó a todo aquel que vaticinaba sensibles efectos inflacionarios. Pues bien, dos meses y pico después, la inflación alcanza su nivel más alto de siete años y contando.

Twitter: @cafevega