18 de marzo de 2017     Número 114

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

El doblez de lo verde

Martha Elena García Periodista especializada en ailmentación y medio ambiente  calmil.comunicacion@gmail.com


Barbara Unmüßig

Desentrañar los artilugios que esgrimen las empresas para continuar con el modelo económico actual de privilegio de la energía fósil, sin sacrificar sus ritmos de producción y ampliar cada vez más sus mercados, es la propuesta que nos comparten Thomas Fatheuer, Lili Fuhr y Barbara Unmüßig en su libro La economía verde por dentro-Promesas y trampas, publicado por la Fundación Heinrich Böll.

Los autores despliegan este doblez de una economía verde que, en vez de desistir del uso de las energías fósiles en el subsuelo, transformar el actual modelo de explotación agrícola y regenerar los ecosistemas naturales, pretende enfrentar la pérdida de la biodiversidad y la agudización del cambio climático utilizando a la naturaleza como una mercancía.

Actualmente los bonos de carbono (CO2), las energías renovables y los biocombustibles resultan ser atractivos nichos de mercado. Más aún, en este escenario, la extracción de carbón, gas y petróleo puede continuar a la par de la reducción de las emisiones de CO2 y concretarse ventajosamente por medio de mecanismos flexibles de mercado y de compensación.

Si bien esta concepción de la economía verde que hoy se ostenta como dominante –enarbolada por actores corporativos, con el respaldo del Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)– no es la única, Barbara Unmüßig, co presidenta de la Fundación Heinrich Böll, desde el prefacio nos propone revisar los distintos enfoques para entenderla, porque “no todo lo que navega con bandera verde merece esa denominación”. Asimismo, cuestiona “si la ampliación de los mecanismos de mercado constituye o no una estrategia efectiva para frenar el cambio climático y la depredación ambiental”.

En conversación con Dolores Rojas Rubio, coordinadora de Programas y responsable del Eje de Recursos Naturales, Cambio Climático y Sustentabilidad en la Fundación Heinrich Böll en México, abordamos algunos de los temas que se examinan en La economía verde por dentro, promesas y trampas.

Dolores Rojas se remite a los antecedentes que registra el texto, cuando los movimientos ecologistas esparcieron la esperanza en el planeta por medio de la economía verde: “Un cambio de paradigma en los patrones de producción y consumo que garantizara el sano funcionamiento de la naturaleza, el bienestar del ser humano y la equidad social. Esperanza que rápidamente se perdió porque las empresas, partiendo de la falsa premisa de ponerle precio a los servicios de los ecosistemas, comenzaron hacer negocios verdes”.

Luego de recordarnos a los precursores del paradigma que proyectaba lograr la compatibilidad de la economía y la ecología, a fin de alcanzar un bienestar social justo y equitativo, dentro los límites de la naturaleza, nos explica que la propuesta del libro “es ver ese otro lado de la economía verde para tratar de evidenciar lo que parece evidente, pero que no lo es. Nos propone una mirada crítica sobre esta tendencia de poner en el centro la economía lo que hasta ahora no ha solucionado: la degradación ambiental y las necesidades de las personas”.

Con base en el más reciente informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que plantea mitigar los riesgos de un colapso planetario manteniendo el calentamiento global por debajo de dos grados centígrados y acelerando la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, las empresas privadas y públicas sólo se han enfocado a desarrollar instrumentos que les permitan contabilizar la disminución de emisiones de CO2, mientras continúan realizando una mayor extracción y uso de los recursos fósiles e incluso explorando nuevas reservas.

A lo largo del libro los autores, con base en datos sustentados en diversas investigaciones, dan cuenta de los diferentes mecanismos de cuantificación y compensación de las funciones de la naturaleza que, tras el parapeto de los bonos de carbono, impulsan un mercado del capital natural que mina los derechos de las comunidades sobre sus recursos naturales y trastoca su cultura.

El pago por servicios ecosistémicos es uno de esos mecanismos en que nuestro país ha sobresalido. Un ejemplo elocuente son los más de 20 parques eólicos en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, donde empresas extranjeras, en contubernio con los distintos niveles de gobierno, han despojado a las comunidades de su territorio, formas de subsistencia y manifestaciones culturales.

Dolores Rojas ilustra otro de esos mecanismos: una fábrica de papel paga en un lugar lejano por un bosque que ni sembró, ni cuidó. No ve el bosque en todas las interacciones de los organismos que conviven ahí. Lo ve como un sumidero que absorbe toneladas de carbono, tantas que hasta sobra un poquito de las que emite su empresa y le tienen que compensar ese diferencial. Más aún, como su materia prima es la celulosa, entonces abonando la pérdida de biodiversidad siembra grandes extensiones mediante desiertos verdes, como los monocultivos de eucalipto o palma de aceite, que crecen rápido, y lucra con ellos bajo la promesa de capturar carbono. Eso le permite contaminar en cualquier parte del mundo y que la empresa siga navegando con bandera de verde, aunque esté devastando un ecosistema en otro lado.


La rosquilla de los límites sociales y planetarios

“Son incentivos bastante perversos –sostiene Dolores– porque perturban nuestra relación con la naturaleza e incitan a su destrucción. Tan es así, que en los últimos años hemos visto la desaparición de grandes extensiones de la selva del Amazonas, así como la migración forzada de poblaciones a quienes les debemos la existencia de esos recursos. No es casualidad que la mayor diversidad biológica y cultural se concentre en las comunidades indígenas o pueblos originarios de los distintos países, ya que éstos ancestralmente han coevolucionado con su entorno y hoy los intereses económicos los desplazan o les prohíben tocarlo”.

Por otra parte, los autores consignan la tendencia creciente de la agricultura intensiva a la exportación para alimento de ganado y la producción de biocombustibles, en un entorno de pérdida de biodiversidad y de tierras cultivables, aderezado con la contaminación del agua y los suelos con agrotóxicos y abonos nitrogenados. Subrayan que la expansión agropecuaria transforma en en tierras de cultivo los bosques nativos, sabanas y humedales, “liberando a la atmósfera en forma de CO₂, el carbono almacenado en los suelos durante miles de años” y facilitando la generación de óxido de nitrógeno, “365 veces más dañino en términos climáticos que el CO” y de metano, entre otros gases de efecto invernadero.

Respecto a este tipo de producción agrícola, Thomas Fatheuer, Lili Fuhr y Barbara Unmüßig constatan que su objetivo no es la seguridad alimentaria, que provea de alimentos saludables a los siete mil millones de personas que habitan la Tierra, sino “elaborar alimento animal y biomasa destinados a la producción de carne, energía y combustibles para satisfacer los deseos de consumo de las clases medias y aumentar las ganancias y el poder de las multinacionales agrícolas”. Cultivos que además de monopolizar grandes extensiones de tierra donde se producen, se extienden a otras latitudes. “Europa es el continente que más utiliza tierras fuera de sus fronteras”.

La economía verde por dentro-Promesas y trampas es un texto escrito por tres directivos de la Fundación Heinrich Böll: Thomas Fatheuer, ex director de la oficina en Río de Janeiro; Lili Fuhr, directora del Departamento Internacional de Ecología y Desarrollo Sostenible, y Barbara Unmüßig, co presidenta. Editado en español por la Fundación Heinrich Böll México, Centroamérica y El Caribe en 2016, bajo licencia de Creative Commons (sin fines comerciales).

La distribución del libro es gratuita y está disponible hasta agotar existencias en las oficinas de la Fundación (calle José Alvarado Num. 12, Col. Roma, Ciudad de México) y en formato electrónico.

Según consigna el libro, hay una fuerte tendencia a pensar que cualquier problema tarde o temprano tendrá una solución tecnológica por medio de la geoingeniería o biología sintética, entre otras innovaciones. De ahí que las empresas inviertan en investigaciones en estos campos. Con la geoingeniería, comenta Dolores Rojas, se podría capturar CO2 e inyectarlo en el subsuelo para que ahí quede atrapado y ya haya aire limpio; habrá semillas genéticamente modificadas que resistan las sequías del cambio climático; en fin… se van buscando soluciones cada vez más complejas y se va perdiendo que el origen del problema es la quema de combustibles fósiles.

Hasta ahora las innovaciones tecnológicas no han solucionado la crisis ambiental ni han erradicado el hambre, como ocurrió con la Revolución Verde, que no sólo no ha incrementó la producción agrícola como se esperaba, sino que resultó contraproducente en términos de biodiversidad y de salud para la población y el medio ambiente. No obstante, esa misma revolución propició el poderío económico de varias empresas y de las trasnacionales (BASF, Bayer, Dow, Dupont, Monsanto y Syngenta), que vía la piratería de semillas a escala mundial se han adueñado de ellas e incluso las han patentado.

Capítulo tras capítulo se plantean preguntas en cada uno de los caminos por donde actualmente transitan los depredadores climáticos: sus costos, si realmente son ecológicos y si ponderan el bien común y no sólo el de unos cuantos. “El libro explora alternativas de modos de vida más sustentables, de una convivencia mejor y a largo plazo con la naturaleza. Invita a buscar soluciones en los entornos locales, porque cada entorno es distinto. Esas soluciones son las que van a impactar finalmente en esta suma global de archipiélagos de prácticas locales”, sintetiza Dolores Rojas y concluye: el estándar debe tomar en cuenta los límites y a las personas, como el modelo de dona que viene en el libro, un espacio de sobrevivencia justo para todos dentro de los límites naturales. Un modelo al que pueden ir adaptando los diferentes grupos sociales en sus diversos entornos.

opiniones, comentarios y dudas a
jornadadelcampo@gmail.com