Opinión
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México SA

Todo para los de siempre

Modernidad ignominiosa

Concentrar lo concentrado

Carlos Fernández-Vega
D

e lo bien que los gobiernos reformistas y modernizadores han repartido la riqueza y el ingreso nacionales da cuenta la más reciente entrega de la revista especializada Forbes: el 0.000012 por ciento de la población nacional (15 magnates) acumula una fortuna conjunta cercana a 117 mil millones de dólares (la mayoría de ellos a costillas de los bienes otrora de la nación), o lo que es lo mismo, alrededor de 10 por ciento del producto interno bruto mexicano para ellos solitos. Y de ese monto cerca de la mitad corresponde a un solo patrimonio: el de Carlos Slim.

Así, 99.999988 por ciento de los mexicanos (cerca de 120 millones) se reparten –de forma tajantemente desigual, desde luego– el resto de los haberes existentes en esta República de amnésicos, irresponsables y de fácil aplauso (EPN dixit). Y después reclaman, porque por ninguna parte ven los enormes beneficios de la etapa neoliberal, con su enorme inventario de reformas y modernizaciones a favor, claro está, del pueblo de México. Vale acotar que oficialmente sobreviven 63 millones de mexicanos en la pobreza, de tal suerte que por allí puede comenzar la criba.

En medio del zarandeo económico y la rápida descomposición política y social mexicana, en un año (de 2015 a 2016) los barones mexicanos marca Forbes sortearon todos los males y se embolsaron 17 mil millones de dólares adicionales (un incremento de 17 por ciento en un país atiborrado de jodidos en el que nada, desde hace muchísimos años, aumenta en esa proporción).

Lo llamativo del caso es que la mayoría de los medios de comunicación (ahora ocupadísimos con el robo del jersey de Brady, que puede cambiar el curso de la historia) focalizan su consternación no en la escandalosa cuan creciente concentración del ingreso y la riqueza imperante en México (siempre asociadas a reformas, modernizaciones y corrupción), ni en las barbaridades cometidas por los barones, sino en el terrorífico hecho de que el santo patrono Carlos Slim ya no es el hombre más rico del mundo (en realidad cayó al escalón número 6). Entonces, ¡qué tragedia!

Pero el magnate de la telefonía, las finanzas, la minería, el petróleo y otras cositas (la mayoría de ellas otrora propiedad de la nación) ni lejanamente puede quejarse, porque desde su primera aparición en el inventario de multimillonarios mexicanos (1991, ya con Teléfonos de México en el bolsillo) su fortuna –siempre con base en los cálculos de Forbes– se incrementó la friolera de 3 mil 400 por ciento, caso digno del récord Guinness, al pasar de mil 600 millones de dólares en el año referido a 54 mil 500 millones al cierre de 2016.

Como para la mayoría de los mortales la anterior es una cantidad inimaginable, tal vez sea útil la siguiente comparación: en lo que alguna vez fue la moneda nacional, la fortuna de Slim equivale a cerca de un billón 100 mil millones de pesos (monto representativo de 25 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2016), un río de dinero que en un año obtienen 37 millones 652 mil trabajadores de salario mínimo. Esa es la dimensión y alcance reales de la modernización del país, siempre impulsada por las reformas que los mexicanos necesitan (EPN dixit).

Pero Slim no es el único hijo de las reformas y modernizaciones. En la lista de multimillonarios Forbes aparecen dos juniors (aunque a estas alturas ya están bastante avanzados de edad), herederos de las fortunas que sus respectivos padres amasaron desde los felices tiempos de Miguel Alemán Valdés, el de los Cadillacs y el cuerno de la abundancia (para los cuates).

Se trata del tóxico Germán Larrea Mota Velasco (hijo de El Azote Jorge Larrea Ortega –uno de los prestanombres del presidente-empresario), quien gracias a los bienes de la nación –la minería en primerísimo lugar y de Cananea en particular– y sus empleados en el gobierno ha logrado acumular 13 mil 800 millones de dólares, incremento de mil 300 por ciento en unos cuantos años.

El otro es Alberto Bailleres (que en 2015 recibió la ahora devaluadísima medalla Belisario Domínguez que concede el Senado), quien de su apá Raúl (otro prestanombres de Alemán) heredó fortuna, poder, negocios –minería, especialmente, y ahora también petróleo– y políticos a su servicio. Ha tenido la habilidad de imponer una enorme cantidad de funcionarios públicos de primer nivel (así les llaman, aunque por los resultados de último nivel) en los gobiernos neoliberales, y para ello cuenta con un gallinero conocido como ITAM. Este pobre hombre, rico en dinero, acumula 10 mil 800 millones de dólares, oficialmente.

Las fortunas conjuntas de los tres empresarios citados significan 68 por ciento del total condensado por Forbes para el caso mexicano. Les siguen otros juniors, y otros no tanto, que han lucrado, y de qué forma, con el hígado, la obesidad y las neuronas de no pocos mexicanos (refrescos, cerveza, tequila, televisión). María Aramburuzavala Larregui es la mujer más rica de México, heredera de la fortuna paterna (incluida su participación en el grupo cervecero Modelo, hoy bajo el control de un consorcio belga-brasileño). Cinco mil 800 millones de dólares para ella solita.

Otra mujer aparece en la lista: Eva Gonda Rivera, viuda de Eugenio Garza Lagüera, uno de los herederos de los mandos y negocios del otrora Grupo Monterrey. Cinco mil 600 de dólares, sin olvidar que su marido –comprador de Bancomer en los tiempos salinistas– vendió libre de impuestos su participación accionaria en la institución bancaria fundada por Manuel Espinosa Yglesias.

En fin, se acaba el espacio y entre los multimillonarios Forbes mexicas aparecen los de siempre (más Juan Francisco Beckmann Vidal, del tequila Cuervo), es decir, Jerónimo Arango, Ricardo Salinas Pliego, Antonio del Valle Ruiz (otro junior), Emilio Azcárraga (ídem), los famosísimo enemigos de los impuestos Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú, y David Peñaloza Alanís, junior del empresario del mismo nombre y primer apellido, entre tantas otras cosas beneficiario del rescate carretero que desde 1997 pagan todos los mexicanos.

Y después dicen que las reformas y la modernización no han servido de nada.

Las rebanadas del pastel

Sin el esplendor mexicano –salvo en el caso brasileño– el drama se reproduce en América Latina: incluidos los mexicas, 87 multimillonarios latinoamericanos marca Forbes (0.000014 por ciento de la población regional) concentran fortunas por 375 mil millones de dólares, equivalentes a 7 por ciento del PIB de la patria grande.

Twitter: @cafevega