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Propuesta de Gerardo Trejoluna montada en el teatro Juan Ruiz de Alarcón del CCU

El reflejo del actor y su quehacer, a través del espejo de Sir Ko

Plantea una reflexión sobre las razones que puede tener un histrión para evitar salir a escena

El trabajo multimedia cobra importancia vital en la comunicación con los espectadores, incluso más que la presencia viva del hecho escénico, apunta el director Rubén Ortiz

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Para Rubén Ortiz, la obra plantea el agotamiento de la gran utopía de los siglos XIX y XX, basada en un cierto concepto de representación escénicaFoto Andrea López
 
Periódico La Jornada
Domingo 26 de marzo de 2017, p. 2

Un ser en conflicto, cuya amargura, angustia y abatimiento lo hacen sentir que está a punto de expresar lo que no quisiera transmitir y que se recrimina por esconderse detrás de las palabras de otros para ocultar las propias, es el protagonista de la puesta en escena Sir Ko, cuya idea original y dirección son de Gerardo Trejoluna; se escenifica en el teatro Juan Ruiz de Alarcón, del Centro Cultural Universitario (CCU).

La propuesta se gestó hace poco más de cuatro años, cuando Trejoluna decidió dejar de hacer teatro luego de más de 27 años de actividad, frente a la necesidad de cuestionarse a sí mismo, al papel y al quehacer del actor, que lucha constantemente y a contracorriente para realizar su trabajo.

A partir de ello, el creador escénico articuló una propuesta en la que se amalgaman distintos lenguajes: teatral, cinematográfico y musical, con la finalidad de reflexionar sobre las distintas razones por las que un actor no puede o no quiere salir a escena.

Elemento fundamental del montaje es el aspecto cinematográfico o multimedia, cuya lente permite adentrarse (en tiempo real y grabado) a lo que ocurre tras bambalinas y en el camerino del actor. Una lente que, cual ojo vouyerista, recorre también la memoria del personaje, concretizada en diversos objetos y recuerdos físicos acumulados durante su trayectoria, lenguaje visual que de manera onírica proyecta delirantes y clownescas escenas, pero que como artefacto tecnológico también sondea las entrañas reales del cuerpo del actor.

De acuerdo con Trejoluna, el montaje se articula como una tramaturgia, pues –explica– retoma textos de autores como Clarice Lispector, José Watanabe, Peter Handke, Will Eno, Ciriaco, Jean Anhuil, Adrei Tarkovsky, Peter Brooke y Federico Fellini, que mezcla con escritos de su autoría.

La profundidad del discurso en términos críticos y la epidérmica (que no superficial) reflexión emocional, se proponen no sólo ser un espejo o radiografía del actor y su quehacer, sino también trastocar la conciencia de cualquier otro ser humano, explicó Trejoluna.

Para la puesta en escena confluyeron la dirección escénica de Rubén Ortiz, la cinematográfica de Yadire Rizk, videoarte, escenografía e iluminación de Alain Kerriou, y la musical, original de Darío González Valderrama, reconocido por su trabajo en Cinco días sin Nora, película que ganó en 2009 siete premios Ariel, entre ellos mejor película y mejor música original.

La anécdota gira en torno a un actor que se prepara en su camerino para salir al escenario: una pista de circo preparada para un espectáculo lleno de luz, color, risas, malabares, acrobacias, magia y esplendor.

Transparencia y confesión

El público ya está en la sala, sin embargo la función no puede comenzar, pues el actor se encuentra imposibilitado anímicamente para salir a dar la cara, entonces solicita a un técnico que le lleve una cámara, la cual está colocada en el escenario. Ya con ésta en el camerino, el protagonista se transparenta, se confiesa, mientras es observado a través de una enorme pantalla que está frente a los espectadores.

El trabajo de multimedia en esta propuesta escénica cobra importancia vital en la comunicación con el espectador, incluso llega a ser mayor que la presencia viva del hecho escénico teatral.

Para Rubén Ortiz, lo que aquí se plantea es el agotamiento de la gran utopía de los siglos XIX y XX, basada en un cierto concepto de representación escénica. Como ejemplo de ello es el mismo problema a escala política; es decir, tenemos una arena donde sólo unos pueden actuar, que son los políticos profesionales, y donde hay otros que sólo podemos ser espectadores. Lo que hoy vivimos no es un fracaso, pero sí una forma, un piso que se ha desfondado.

Con vestuario de Lissete Barrios y maquillaje de Amanda Schmelz, Sir Ko se presenta jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas, en el teatro Juan Ruiz de Alarcón del CCU (Insurgentes Sur 3000. Ciudad Universitaria).