Opinión
Ver día anteriorSábado 8 de abril de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Crisis catastróficas, decadencia administrada
H

ay de crisis a crisis. Pero como se usa para todo, pierde su dimensión explicativa.

Dilemas sociales. Cuando existe una situación no tan buena, mala o que perjudica a todos y al mismo tiempo se conoce otra situación que puede ser mejor, los actores se enfrentan a un dilema social. Caminar hacia la mejor solución es complicado, porque no saben cómo reaccionarán los demás. Por ello prefieren el statu quo –que generalmente es un pacto oligárquico o un acuerdo de grandes potencias–, en vez de aventurarse en una acción que puede ser mejor, pero para la cual hay incertidumbre en los resultados. Esta situación se puede prolongar por meses, años e incluso siglos. Hasta que una acción coyuntural, producto de la cortedad de miras, de una acción precipitada o por el contrario de un visión estratégica de un actor que gusta de tomar riesgos, rompe la parálisis.

Siria. También hubo aquí una breve primavera árabe donde miles de ciudadanos demandaban democracia y mejores condiciones sociales. Bashar Al Assad el dictador dinástico optó, como otros gobiernos del golfo árabe, por una represión masiva y sangrienta además de liberar a cientos de yihadistas que terminaron engrosando las filas del Estado islámico. Irán y Rusia por razones geopolíticas han mantenido el apoyo a este régimen –en el caso de Rusia y de la Unión Soviética por décadas. Del otro lado tanto Turquía como Arabia Saudita por razones geopolíticas forman parte de la coalición donde se encuentra Estados Unidos y las potencias occidentales que enfrentan a Assad.

En medio de todo hay una gigantesca crisis humanitaria que ha costado más de 300 mil vidas y millones de personas desplazadas. También pesa en el mantenimiento del statu quo el peligro de que la caída de Assad generé mayor caos. Así ha estado esta situación por casi siete años. Ahora el bombardeo sobre un aeropuerto en Siria ordenado por Trump en represalia por el ataque con armas químicas realizado por la aviación siria –que el gobierno sirio niega– tiene el potencial de romper un equilibrio inestable y criminal, que en sí mismo puede tener consecuencias aún mayores.

Crisis orgánica. Siria, como ahora Venezuela, ilustran con diferencias enormes –en Siria hay genocidio, en Venezuela ruptura constitucional– una situación que Gramsci denominó crisis orgánica. La dimensión de la crisis orgánica sólo es posible por efecto de la perturbación causada por un conjunto de fluctuaciones fuertes de larga duración. Cuando estas crisis se prolongan demasiado se presenta el fenómeno de equilibrio catastrófico, caracterizado porque las fuerzas en lucha se equilibran de una manera tal que la continuación de la lucha no puede menos que conducir a la destrucción recíproca.

Las dos causas de crisis orgánica son el fracaso de la clase dirigente en alguna causa política de envergadura, y la acción consciente de las masas en torno a reivindicaciones que constituyen en sí mismas una revolución. Estas crisis orgánicas se resuelven mediante una fórmula gramsciana denominada revolución pasiva, que es una revolución sin revolución, o revolución-restauración.

Decadencia administrada. El historiador inglés Timothy Garton Ash denominó un cierto tipo de crisis en la Europa comunista de los ochentas, como la otomanización de las sociedades en una analogía no rigurosa con el declive del Imperio otomano. Se caracteriza como un lento proceso de decadencia imperial en el curso de la cual se observa una emancipación no planeada, pedazo a pedazo tanto de los estados constitutivos del centro imperial y de las sociedades frente a sus estados.

Hay de crisis a crisis. Entre la crisis orgánica y la decadencia administrada pululan varias regiones del mundo incluyendo México y desde luego Venezuela. Pero son crisis.

Si algo grazna como pato, camina como pato y parece pato, no hay duda. Es un pato.

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