Ciencias
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Todos a la Marcha por la Ciencia
Javier Flores
E

l próximo sábado 22 de abril se celebra el Día de la Tierra y será también una fecha con un significado muy especial, pues por primera vez en la historia se realizará en más de 500 ciudades en todo el planeta una Marcha por la Ciencia. Si bien la iniciativa surgió en Estados Unidos en buena medida como respuesta a las posturas anticientíficas del presidente Donald Trump, la idea ha rebasado ya esa motivación, para centrarse en la importancia que tiene la ciencia como elemento vital en el mundo entero para enfrentar los desafíos en las áreas de la salud, la alimentación, el cambio climático, la seguridad y la economía, entre muchos otros temas. Pero también, y no menos relevante, para destacar la importancia de la evidencia científica en la toma de decisiones al margen de creencias, dogmas o verdades alternativas.

México participará con varias sedes en distintas partes de la República. Para el caso de Ciudad de México, al que me referiré en este artículo, este acto, enfrenta diversas complejidades. Una de ellas es que el grupo que convoca a las 16 horas de ese día a una Marcha del Ángel de la Independencia al Zócalo no tiene nombres ni apellidos. Cuando alguien pregunta en la página de Facebook correspondiente ¿quiénes están convocando?, la respuesta no ayuda mucho, pues se limita a decir: Profesores/investigadores/estudiantes de más de 30 universidades. Ese mismo sitio es empleado con frecuencia para informar sobre el desarrollo de la lucha de los estudiantes de posgrado, lo que lleva a inferir que entre los convocantes se encuentra ese sector, el cual expresará sus propias demandas durante la marcha.

Por otra parte, tres importantes organizaciones científicas: las academias Mexicana de Ciencias (AMC), de Ingeniería y Nacional de Medicina, han convocado en esa misma fecha, pero en un horario diferente (por la mañana), a una rueda de prensa en el patio central del Palacio de Minería donde se espera emitan una declaración sobre la celebración mundial de la Marcha por la Ciencia. La AMC además ha citado en ese recinto a todos sus integrantes, lo que constituiría un acto paralelo al citado líneas arriba.

Al respecto, el presidente de la AMC, Jaime Urrutia Fucugauchi, señaló a la revista Science el jueves pasado que cuando recibió la invitación para participar de la AAAS (siglas en inglés de la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia), otro grupo ya estaba organizando una marcha en la avenida Paseo de la Reforma, pero no había tenido suerte en ponerse en contacto con ellos.

En la entrevista realizada por Lizzie Wade, Urrutia señala que al principio la principal motivación (para participar) fue la política de Donald Trump, especialmente sobre la inmigración. Pero a medida que la organización ha avanzado, nos dimos cuenta de que no queremos centrarnos demasiado en Trump. Queremos enviar un mensaje más amplio sobre cuán importante es la ciencia para el desarrollo económico de México y cómo puede crear un cambio en nuestro país.

El presidente de la AMC expresó su interés por que ese día haya una amplia asistencia de científicos en ese acto, pues dijo a Wade: Nuestro desafío es superar la apatía de la gente y convencerlos de participar en éste, que esperamos sea parte de un movimiento global.

Si un extraterrestre observara la imagen descrita, le sería muy difícil entender por qué en una misma ciudad hay dos convocatorias diferentes en horarios y sitios distintos a un acto en pro de la ciencia. Algunos investigadores me han dicho que en el caso de la cita en avenida Paseo de la Reforma al carecer de responsables visibles ha creado desconfianza en algunos sectores científicos, los que están preocupados por la posible participación de grupos con agendas diferentes a los propósitos centrales de la marcha. No me refiero a los estudiantes de posgrado, los que son parte de la comunidad científica mexicana, sino a organizaciones políticas con objetivos adicionales.

Pero hay que considerar también que la Marcha por la Ciencia será, en el mundo entero, una demostración simultánea en las calles (por definición una marcha es en la calle) y la iniciativa de las academias corre el riesgo de convertirse en un acto cerrado, limitado a un recinto. Aunque quizá de esa reunión surjan iniciativas para formas complementarias de participación.

El problema no es exclusivo de México, pues hay un debate a escala mundial sobre los riesgos de la politización de este acto y la participación de grupos no científicos con agendas particulares. Al respecto me parece muy certero el editorial de la revista Nature, publicado el 11 de abril, el cual señala: Sí, existe el riesgo, como afirman los críticos, de que la marcha y la protesta más amplia que espera simbolizar puedan diluirse o incluso desviarse por numerosos intereses. Sin embargo, existe una solución sencilla para los científicos que se preocupan por esto: subir y gritar más fuerte acerca de lo que se piensa que importa más.

La participación en la Marcha por la Ciencia en México debe ser lo más amplia posible: mujeres y hombres de ciencia y todos los interesados genuinamente en resaltar la importancia de la ciencia y de la evidencia científica ante los desafíos que enfrenta la humanidad, deben expresarlo ese día. ¡México ante el mundo entero! Una idea que comienza a tomar forma en algunos sectores es reunirse a las 16 horas en un sitio alterno (que podría ser el Palacio de Bellas Artes), con demandas muy claras, para unirse luego (o no) a otras movilizaciones... No importa que seamos solamente cuatro, 10, 100...