Cultura
Ver día anteriorViernes 21 de abril de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

Explorará la muerte en la cultura mexicana, adelanta en entrevista con La Jornada

Kader Attia vendrá a México; efectuará una residencia artística en noviembre

Galería en Italia aloja La reparación de Occidente..., muestra con 27 obras del autor francés

Foto
Le grand miroir du monde, 2017, espejos, dimensión site specific, propuesta del artista francés Kader Attia (Sena-Saint Denis, 1970) montada en la Galería ContinuaFoto Ela Bialkowska/ cortesía del artista y
Galería Continua, San Gimignano/ Pekín/ Les Moulins/ La Habana
Alejandra Ortiz Castañares
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Viernes 21 de abril de 2017, p. 4

San Gimignano, Italia.

Luego de visitar México en 1994 y 2010, el artista francés Kader Attia (Sena-Saint Denis, 1970), adelanta que en noviembre regresará a ese país.

En entrevista con La Jornada, explica que Taiyana Pimentel, directora de la Sala de Arte Público Siqueiros y La Tallera, me ha invitado a una residencia en noviembre; estaré un mes. Estoy muy feliz, hace cinco años me lo pidió y ya tomé la decisión.

–¿Qué tema trabajará durante su estancia en México?

–La muerte en la cultura mexicana, pues aunque es un cliché, creo que es más importante que eso. Me interesa en particular por la historia actual de ese país.

–¿Qué contacto ha tenido con México?

–Estuve por primera vez en 1994 y viajar por el país me encantó. Me interesé por la historia de la colonización de América. Luego dejé Latinoamérica para vivir en República del Congo, en Brazzaville, y en la República Democrática del Congo, en Kinshasa.

–¿Ha vuelto a México desde entonces?

–Estuve en el Sitac, en 2010. Además, Cuauhtémoc Medina y Helena Chávez me invitaron a exponer en el Museo Universitario Arte Contemporáneo.

Reparador de fracturas culturales

Kader Attia, con una carrera consolidada y prestigio internacional, es uno de los artistas más influyentes de su generación.

Además de su muestra La reparación de Occidente a las culturas extraoccidentales, montada en la Galería Continua, en San Gimignano, que concluye este domingo, también exhibe obra en el SMAK de Gent (Bélgica) y en el Museo de Arte Contemporáneo de Sydney.

La exhibición de Attia en el recinto italiano reúne 27 obras creadas en su mayoría este año; se articula con ready-made, instalación y el video Reflecting Memory, con el que ganó el Premio Marcel Duchamp en 2016.

El título de esa exposiciónfue un hito en Documenta de 2012–, compendia el trabajo de Attia que descansa en la historia del colonialismo occidental y en el desequilibrio, no sólo político sino cultural que tal dominio ha generado en los países sometidos, empezando por la imposición de una cultura ajena. El resultado es una fractura cultural hecha de incomprensión, heridas y muchas cicatrices.

A Kader Attia no le interesa maquillar ni disimular los defectos de lo estropeado sino, al contrario, registrar su propia historia. Para él reparar no es mostrar la belleza estética, sino sacar a la luz, hacer patentes, los defectos que permiten instaurar un proceso de elaboración interna y de progresiva comprensión.

Reparar un objeto o un miembro amputado, como trata el documental Reflecting Memory muestra –según dijo el artista en una entrevista– cómo la herida de un cuerpo o de un objeto es el resultado de una debilidad natural, mientras repararlo es un acto cultural, por tanto, ético y político.

Desde Berlín, vía Skype, Kader Attia, en perfecto castellano, profundiza en su quehacer.

–¿La reparación permite a un pueblo dominado recuperar su libertad?

–No sé si recuperar su libertad, pero creo que los primeros signos de resistencia empiezan con un proceso de hibridación y de reapropiación, como lo llamé una época. Aunque noté que tales procesos son reparaciones. Por ejemplo, la lectura del Manifiesto antropófago (1928), del brasileño Oswald de Andrade, influenció mucho mi trabajo.

“Me di cuenta de que aunque yo estuviera trabajando sobre pueblos de África, colonizados y totalmente transformados por los imperios europeos, había ocurrido exactamente lo mismo en Brasil, pero los artistas reaccionaron ‘canibalizando’ a la cultura impuesta, deglutiéndola y ‘vomitándola’ en algo del todo nuevo y original.

Sería muy pretencioso pensar que la reparación es sencilla. Me interesa mucho más la acción humana que la reparación; me importa ese proceso de resistencia de un pueblo o cultura que aun estando bajo la ley, la represión y las órdenes de otra, logra inventar un proceso de resistencia.

–Para expresar su idea de reparación utiliza múltiples lenguajes, sobre todo de tipo introspectivo y reflexivo: medicina, filosofía, sicoanálisis, historia, ciencias políticas, etcétera. ¿Por qué?

–Los que menciono son campos del pensamiento que considero del todo contrarios al pensamiento único y del poder político. Los pueblos no son objetos culturales ni sujetos cuyo papel sea existir en un territorio político. Nos articulamos en sociedades donde existen reglas inmateriales, relacionadas con la historia íntima y social, asociadas más bien con la sique.

“Trabajo mucho con los sicoanalistas lacanianos, como el franco-tunecino Fethi Benslama, quien se ocupa de los procesos de radicalización contemporáneos del islam. El mundo político debería utilizar las ciencias humanas –en especial el sicoanálisis– para investigar los problemas de convivencia actuales, aunque desafortunadamente lo hace sólo rara vez.”

Consumo, luego existo

–¿Cómo integra esas disciplinas a su arte?

–La investigación intelectual forma el corpus de mi obra e incluye filosofía, etnología, sicoanálisis y horas de lectura. Me interesa reinventar el lazo con el pasado que el proceso moderno ha formateado desde hace 200 años, persiguiendo una obsesión por el futuro, propia del proceso del consumismo capitalista. La famosa locución de Descartes, pienso, luego existo se ha vuelto: consumo, luego existo.

“Me fascina el aspecto formal, político, ético, emocional del arte y su relación con la realidad política, que especialmente hoy me preocupa profundamente.

La forma plástica me interesa como vector de diálogo universal con el público; por ello debe tener la capacidad de comunicar con éste, porque reúne personas sin importar su inclinación política, clase social, religión o género. Por eso me parece un error inmenso que los políticos no escuchen a los artistas, especialmente aquellos que investigan el campo político.

–¿De qué manera resiste el modelo estético impuesto por Occidente?

–Haciendo una genealogía de la historia europea y su relación con el otro que no es necesariamente el mundo musulmán; es una manera de crear puentes entre comunidades. El problema de Europa desde hace décadas es que se fragmentó. Las ciudades viven juntas, pero cuando la economía se desplomó y las crisis desde los años 70 del siglo pasado comenzaron a multiplicarse, las comunidades minoritarias se quedaron como los olvidados de este crecimiento o las víctimas de tal debacle, porque fueron aisladas del resto de la sociedad. Se tiene el caso de los suburbios: los barrios son guetos donde la mayoría son musulmanes.

–¿Qué piensa de la colonización europea?

–Ha sido uno de los peores errores de su historia; un genocidio que aún hoy –sobre todo en la sociedad francesa– viene negado. En febrero pasado, por ejemplo, Emmanuel Macron (candidato independiente a la presidencia) en visita a Argelia, dijo que la colonización había sido un crimen contra la humanidad y eso propició que cayera en las encuestas. Para corregir ese error de estrategia electoral, días después, tuvo que negar sus palabras.

“Hablamos de 300 años de esclavitud, de explotación de la riqueza de tales países y que todavía continúa. El aspecto de la reparación, de la deuda de Europa hacia África y Medio Oriente, es algo que nunca se ha hablado.

Una arquitecta argelina explicaba, en una conferencia, que todos los pueblos de África y Medio Oriente tenían técnicas antiguas para construir sus casas de adobe como han hecho en Yemen desde hace 2 mil años, incluyendo torres de 10 y 12 pisos. Esas técnicas fueron totalmente abandonadas porque la colonización importó las de construcción en concreto, transformando totalmente su arquitectura.