Opinión
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Francia: las elecciones y el ‘antisistemismo’
Maciek Wisniewski* / I
N

o el terrorismo y no el identitarismo como hubieran querido algunos. Al final el principal fantasma que recorría la campaña presidencial en Francia era el ‘antisistemismo’. Supongo que habrá de calificarlo como otra de sus sorpresas.

Contrario a lo que suelen hacer los fantasmas, éste no apareció repentinamente. Por meses se venía incrustando en la lucha electoral hasta el punto en que los cuatro principales candidatos que cubren casi todo el espectro político –de los 11 que se presentarán en la primera vuelta este 23 de abril– acabaron como abanderados del antisistema. Aun así no había mucho que aplaudir. Más que una señal de una rebeldía genuina, esta narrativa –en la mayoría de los casos– era un afán de capitalizar el descontento para luego dejar lo más posible intacto; más que una cura, era un síntoma de la grave enfermedad de la política francesa. El espectáculo fuera con el sistema bordeaba incluso con la farsa. Era cómico ver a los políticos profesionales y los miembros del establishment reinventándose como gente nueva y/o independiente.

Así teníamos a: Emmanuel Macron, ex banquero y ex ministro de Economía en el gobierno de Hollande que con su movimiento centro-liberal (¡En Marcha!) y bajo el lema ni derecha, ni izquierda cargaba contra el sistema cuyos partidos y divisiones ideológicas ya no sirven vendiéndose como un outsider a pesar de ser –tal cual– un candidato del capital y un personaje vinculado íntimamente con los círculos del poder (F. Denord, P. Lagneau, Les vieux habits de l'homme neuf, en: Le Monde diplomatique, 3/17).

Marine Le Pen, la líder del petainista Frente Nacional (FN) y la –autodenominada– defensora del pueblo que atacaba al “sistema [las élites y la ‘Europa’] por defender a sus propios intereses”, mientras por años defraudaba dinero público en nombre de sus intereses personales.

Jean-Luc Mélenchon, líder de la izquierdista/populista Francia Insumisa (FI) –el único cuyo ‘antisistemismo’ era algo más que sólo un escaparate– para quien el sistema es fuente de exclusión social y el gran benefactor de los bancos y las multinacionales, pero que de nuevo no tenía nada: por 35 años fue un oficial del Partido Socialista (PS), ministro, senador y europarlamentario.

Y finalmente a François Fillon –el thatcherista-católico (¡que Dios nos ampare!), el viejo político de carrera y ex primer ministro en el gobierno de Sarkozy (Los Republicanos, LR) que aseguraba luchar contra el sistema [el Estado, las leyes y la burocracia que impiden las reformas neoliberales] que busca romperme, pero en realidad quiere destruirlos a ustedes (los electores). Curiosamente Fillon se volvió anti-sistema cuando se reveló que él y su familia a lo largo de 15 años ordeñaron casi un millón de euros del presupuesto público en sueldos por trabajos ficticios en la Asamblea Nacional y cuando su campaña empezó a hacer aguas ( The Observer, 4/2/17).

Es el mismo político que por décadas se presentaba como Monsieur ‘manos limpias’ y venía moralizando a sus conciudadanos sobre la necesidad de duros sacrificios y recortes sociales porque a Francia se le estaba acabando el dinero. Al parecer bien sabía por dónde era la fuga.

Junto con Le Pen –investigada por el mismo delito en el Parlamento Europeo– invocando el ‘antisistemismo’ (que en sus casos era más bien un sinónimo de ser anti-ley) y afirmando ser víctimas de la justicia y la oligarquía daban una triste muestra de hipocresía viviendo por años de los sistemas que aseguran combatir (la burocracia estatal y la burocracia europea).

La imprevisibilidad de esta campaña (varios candidatos seguros quedaron fuera, Mélenchon en el último momento tuvo un espectacular despegue) y las cosas inéditas en su torno (por primera vez el presidente gobernante renunció a volver a postularse o que ninguno de los favoritos para la segunda vuelta pertenece a los partidos históricos) alimentaban los fantasmas del ‘antisistemismo’. Supuestamente el entero sistema político francés en estas elecciones está luchando por su sobrevivencia ( The Guardian, 17/3/17).

Pero de los cuatro candidatos ‘antisistémicos’, tres –Macron, Le Pen y Fillon– aceptan cabalmente la [defectuosa] institucionalidad de la V República y sólo uno –Mélenchon– se le opone (S. Halimi, ‘Unprecedented politics in the french elections’, en: Counterpunch, 4/4/17).

Como subraya Raquel Garrido, vocera de la FI ésta es su propuesta principal: cambiar el sistema y abolir la actual monarquía presidencial responsable –entre otros– por la omnipresente impunidad de la clase política (responsabilidad judicial e incumplimiento de promesas electorales) una de las razones detrás del rechazo ciudadano y la crisis ( The Jacobin, 14/4/17).

La presidencia de Hollande fue en este aspecto particularmente desastrosa (y ejemplar). Las falsas promesas de ir a la guerra con el sistema financiero, su giro neoliberal –la nominación de Macron, el pupilo de los centros financieros fue un punto de inflexión–, la reforma de la Ley de Trabajo y su fallida estrategia de “sobrepasar al FN ‘por la derecha’” que solo fortaleció al postfascismo fueron los últimos clavos en el ataúd de su social-liberalismo.

La demolición de un relativo balance derecha/izquierda y la total desmoralización del bloque social de izquierda es precisamente lo que está detrás de las sorpresas y del auge del ‘antisistemismo’ en estas elecciones (B. Amable, Majorité sociale, minorité politique, en: Le Monde diplomatique, 3/17).

Meditando sobre todo esto Frédéric Lordon –invocando la experiencia de Nuit Debout– afirmaba que jugar de acuerdo con las reglas del sistema es un partido perdido de antemano o fútil y que la única cuestión política relevante es cómo transformar las instituciones negándose a apoyarlos con nuestra participación.

Pero luego –contradiciéndose a propósito– subrayaba que estas elecciones son como ningunos otros, con una intensidad no vista al menos desde 1981 (o antes) y por primera vez desde hace mucho tiempo con una significante alternativa izquierdista: Mélenchon [a pesar de sus múltiples ambigüedades o sus propios llamados a transcender la división derecha/izquierda].

–Y esto [aun así] no es poco..., concluía (Shuold we support Mélenchon?, en: Verso blog, 15/2/17).

*Periodista polaco