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Acusan que la ciencia está bajo ataque y critican escepticismo de funcionarios de EU

Científicos de 600 ciudades del orbe protestan contra Trump

El papa Francisco envía un tuit en el que saluda las movilizaciones en Estados Unidos

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Familias completas se sumaron a la movilización en WashingtonFoto Afp
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 23 de abril de 2017, p. 18

Washington.

Por primera vez en la memoria, científicos y defensores de la razón tomaron las calles de esta capital para expresar su repudio a un régimen que ha declarado una guerra contra la verdad empírica.

Decenas de miles aquí, junto con cientos de miles en 600 ciudades de todo el mundo, participaron en la Marcha por la Ciencia, la cual, aunque fue declarada no partidista, fue organizada en respuesta a un gobierno que abiertamente rechaza el consenso científico sobre el cambio climático. Sus propuestas de presupuesto incluyen severas reducciones a programas gubernamentales de investigación científica en salud y ecología. Además impulsa el desmantelamiento de regulaciones ecológicas, y se ha atrevido a afirmar que hay hechos alternativos cuando se ha comprobado que han engañado.

El jefe de la Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt, ha dicho que no está comprobado que el dióxido de carbono afecte el clima, y el encargado del presupuesto federal, Mick Mulvaney, ha expresado que financiar las agencias y programas ambientales sobre cambio climático es un desperdicio de dinero.

Ante esto, los científicos declararon ayer que la ciencia está bajo ataque.

La ciencia tiene principios, Trump no, afirmaba una pancarta, mientras otras señalaban que No hay señales de vida inteligente en la Casa Blanca o la ciencia no es una opinión. No hay vacunas para la estupidez, pero estamos trabajando sobre eso, decía una que era sostenida por investigadores médicos, quienes usaban batas blancas.

Geólogos, físicos, arqueólogos, médicos, oceánografos, veterinarios, biólogos, químicos, botanistas, maestros de ciencia, ingenieros y estudiantes –muchos proclamándose orgullosamente nerds– participaron en un enorme mitin al pie del monumento a Washington, con vista a la parte trasera de la Casa Blanca.

Ahí, un desfile de oradores –desde el presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (la asociación científica más grande del país) hasta representantes de las principales organizaciones nacionales ecologistas, entre otros– ofrecía sus diagnósticos oscuros sobre el cambio climático, llamaban a la defensa de la ciencia y el planeta, e insistían en que además de otros derechos también son fundamentales la garantía al aire y agua puros, y un clima estable. Un mensaje central era la urgencia de defender lo que llamaban políticas basadas en la ciencia.

El papa Francisco envió un tuit saludando la marcha.

Un cofundador del primer Día de la Tierra, en 1970, Denis Hayes, declaró: Nunca habíamos tenido un presidente que fuera completamente indiferente a la verdad. Donald Trump hace que Richard Nixon se vea como Diógenes.

En tiendas de campaña se realizaron foros y talleres, algunos incluyendo experimentos científicos.

Poetas y músicos ofrecían vistazos de luz y movimiento en un día gris y de constante llovizna. Questlove, líder de The Roots, tomó la palabra. Declaró que hay gente que rehúsa respetar los hechos científicos y apuntó hacia la Casa Blanca, que se veía desde el escenario. Susurró: Ese cuate, allá. El acto culminó con Jon Baptiste and Stay Human, conjunto famoso de jazz y rock estilo Nueva Orléans, que prepararon al público para arrancar la movilización. Al son de una versión de Esta tierra es tu tierra, de Woody Guthrie, algo que no tiene precedente, sucedió: los científicos tomaron la calle.

Marchando por la avenida Constitution, hacia el Capitolio, algunos ligaron otros temas: Financien la ciencia, no el muro, coreaban algunos; otra versión decía: Financien laboratorios, no muros. Unos llevaban pancartas que afirmaban: Los migrantes han hecho cosas grandiosas para la ciencia. Tenían fotos de Einstein y Tesla, entre otros. Una más indicaba: E=MC2 - sabiduría de un refugiado.

La astronauta e ingeniera iraní-estadunidense Anousheh Ansari tomó la palabra para contar que cuando llegó a este país no hablaba inglés, pero que la fascinaban las matemáticas. Continuó: El lenguaje de la ciencia no tiene raza ni etnia, ni es de ricos o pobres. Es un lenguaje universal. Cuando permanecí 11 días en la estación espacial internacional, veía el planeta entero. No tenía fronteras. Es uno solo.

Disfrazados de dinosaurios, abejas y mariposas, niños participaron con sus familias o escuelas. Marcharon junto a contingentes que se identificaban como científicos enloquecidos, empíricos vengadores o “los nerds no serán silenciados”.

Aunque la movilización provocó debate entre los científicos, con algunas figuras importantes advirtiendo que la ciencia no debía ser politizada, otros descartaban eso, ya que el consenso de los organizadores y participantes es que la ciencia está bajo ataque por gente en el poder, que está retando la importancia, hasta la relevancia de la evidencia y el conocimiento científico.

Algunos científicos federales se atrevieron a participar, aunque mantuvieron el anonimato ante temores de que podrían ser víctimas de represalias, reportaron algunos medios.

Las movilizaciones, convocadas por tres científicos estadunidenses inspirados en la Marcha de las Mujeres, realizada un día después de la toma de posesión de Trump, generaron el apoyo de un amplio sector de organizaciones nacionales. También hubo respuesta en todos los continentes. Según organizadores, se efetuaron más de 600. Hubo expresiones de apoyo de científicos en la Antártida.

En Nueva York se congregaron miles en el Parque Central, y de ahí partieron en una marcha con pancartas como La ciencia es real, Trump es fabricación, algo que se repitió en decenas de urbes del país. [https://www.marchforscience.com].

Trump emitió un comunicado por el Día de la Tierra y omitió mencionar la marcha. Afirmó: La ciencia es crítica para los esfuerzos de mi gobierno de lograr las metas gemelas de crecimiento económico y protección ambiental. Agregó que estaba comprometido en promover la investigación científica, sobre todo para entender nuestro medio ambiente, pero advirtió que tenemos que recordar que la ciencia rigurosa depende no de ideología, sino de un espíritu de indagación honesta y debate robusto.