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Quisiera que esto fuera sólo una pesadilla

Madre de alumno insiste en aclarar el caso Iguala
Sergio Ocampo
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 30 de abril de 2017, p. 10

Chilpancingo.

Bertha Nava Ramírez advirtió que continuará con su lucha para esclarecer la muerte de su hijo Julio César Ramírez Nava, uno de los tres normalistas de Ayotzinapa que fueron asesinados el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, y si así como el gobierno federal dice que ya están muertos los 43 estudiantes desaparecidos, que entregue pruebas.

Tengo el mismo dolor. No ha cambiado en nada, quisiera que esto fuera sólo una pesadilla. Para mí es como si ayer hubiera ocurrido ese atentado, esa masacre. Lo sigo viviendo, mi dolor, y me da fuerzas para luchar contra este gobierno, recordó ante estudiantes y maestros de ese plantel en el ciclo de conferencias por el 91 aniversario de la normal de Ayotzinapa.

“Ese día –el 26 de septiembre– mi hijo me habló (por celular), a las 23:44 horas, y me dijo: ‘Mamá, estoy en Iguala, estoy apoyando a mis compañeros, porque al parecer mataron a uno de ellos’. Jamás en mi vida pensé que esto ya estaba planeado por el gobierno. Ahora con el tiempo hemos visto esa telaraña que el gobierno nos dijo, que nuestros muchachos andaban en malos pasos”, agregó.

Narró que ese día supo de la muerte de su hijo cuando estaba haciendo tortillas, después de las 7 de la mañana. “Me llamaron los muchachos, y pregunté qué pasaba con mi muchacho, si era uno de los desaparecidos, que ya se decían. Y me dijeron, ‘sí, tía’ (así les dicen a los papás de los alumnos desaparecidos), ahorita la vemos.

“Luego llegaron y hasta los cuatro días que me sentí bien, llegué a la escuela, y no me querían decir nada. Pero ahí tiene uno que amacizarse, como se dice, y con los pies bien en el piso. Los del comité (estudiantil) me dijeron que había un muchacho en la morgue, que nadie lo podía reconocer, que si podía ir porque podría conocer a la mamá del muchacho. Y todavía antes de entrar a la morgue me preguntaron si de verdad quería entrar. Dije que sí. Entramos, fue un dolor tremendo verlo (a su hijo), y me contuve. Me pregunté y me dije, por qué este gobierno nos ataca, nos masacra a estos muchachos, y al último el pinche gobierno que te mata a tu hijo te dice: ‘si no tiene dinero para llevarse a su hijo, ahorita le buscamos el ataúd, la camioneta, y todo lo que se va a necesitar en su velorio’, ¿y pa’ qué chingados quería todo eso, sólo quería llevarme a mi hijo vivo, no llevármelo muerto, con los pies por delante.”