Opinión
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No sólo para Trump
Abraham Nuncio
E

l presidente de Estados Unidos se dirigió a sus compatriotas desde suelo mexicano para reconocer que se había equivocado al no aceptar el consejo de evacuar la parte norte y una franja del sur ante la inminencia de una gigantesca tormenta de hielo y nieve.

Entonces era vicepresidente. Pero el presidente fue atrapado con su escolta por la tormenta y pereció. Con este motivo, él quedó investido de inmediato primer mandatario de la Unión. La catástrofe, consecuencia del cambio climático, hizo que millones de estadunidenses cruzaran la frontera y se refugiaran en México, la gran mayoría en calidad de indocumentados. Por esto mismo, y por el trato recibido por los mexicanos, agradeció a nuestro país, un país del tercer mundo –según su expresión–, la actitud solidaria y la hospitalidad hacia los damnificados del suyo.

Se trata de una ficción (La mañana del día después, un filme de Ronald Emmerich), pero que eso sea no supone ausencia de realidad: el cambio climático ha hecho desaparecer miles de especies animales, el ascenso del nivel del mar en varias regiones, el hundimiento de, por ejemplo, varias de las islas Salomón en el Pacífico, la reducción de los territorios polares a una velocidad aterradora.

El común de la gente puede pensar que esos fenómenos pertenecen a una realidad que no es la suya. Pero los gobernantes están obligados a saber de los efectos derivados de los daños causados a la ecología del planeta, y lo que científicamente se presagia si la humanidad no logra reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, y tomar otras medidas para evitar incalculables cataclismos.

Para Donald Trump, un presidente que no se merecía Estados Unidos –ni cualquier otro país–, el cambio climático es una invención china. Y con ello empezó a desmantelar, a un par de meses de haber asumido la presidencia, la política ambiental de Obama y ya amenaza con retirar a su país del Acuerdo de París sobre el clima. A este bad funcionario hay que sugerirle que vea –o revea– La mañana del día después, no sólo en torno al cambio climático, sino respecto al trato que da a México. ¿No cree que Bob Dylan es un profeta cuando advierte que a hard rain's a-gonna fall? Pero el mensaje no es sólo para él.

El gobernador Jaime Rodríguez Calderón quizá vio esa película. Su gobierno tiene asiento en Monterrey, la ciudad más contaminada de América Latina –según la ONU–, él es oriundo de la zona donde nace el río Santa Catarina, y sabe de las terribles catástrofes que ha causado con sus crecidas a lo largo de la historia. Así que determinó la creación de la Procuraduría del Ambiente. Días antes de que diera a conocer su puesta en vigor se activó la alarma del Sistema Integral de Monitoreo Ambiental (SIMA). La población fue advertida de tomar precauciones extremas, entre ellas no salir a realizar ejercicios al aire libre, para no verse afectada. Un día después del anuncio de la nueva procuraduría, como para rubricar su pertinencia, se abatió sobre parte del Área Metropolitana de Monterrey una insólita e intensa tempestad de granizo.

Ante la creación de la Procuraduría Ambiental cabe preguntarse si la presencia del SIMA –cuando funciona–, después de un cuarto de siglo ha orientado las decisiones del gobierno estatal y los gobiernos municipales para evitar diversos males, a veces fúnebres, producidos por la contaminación y el efecto invernadero. La experiencia señala que no. Uno y otros gobiernos no pierden oportunidad para poner o permitir la puesta de cemento y materiales conexos allí donde debiera haber áreas verdes: la muy reducida del Parque Nacional Cumbres, el Parque Alamey (destinado para juegos infantiles), el Parque La Pastora (para dar paso a un-tan-necesario-estadio-de-futbol), el Parque Fundidora cuya superficie le fue donada al pueblo de Nuevo León por el gobierno federal para mejorar la calidad del ambiente (cedida a los protagonistas de ganar ganar y tajarlo a casi la mitad de su tamaño original). Etcétera.

La pregunta es pertinente para una realidad donde se crean instituciones como la Fiscalía Anticorrupción: ésta se ha visto impotente ante el ex gobernador Rodrigo Medina, a quien se acusa de un millonario enriquecimiento inexplicable, mientras que a un indígena se lo envía casi en vilo a la cárcel por haber robado tres desodorantes con un valor total de 129 pesos.

Ni los buenos parlamentarios escapan a la tentación de aliarse a los depredadores urbanos para hacer fortuna política. El diputado local Samuel García, del Partido Movimiento Social, no parece saber lo que ecológicamente significa un río y ha propuesto emplear el lecho del Santa Catarina para tender una extensa obra vial.

Pasaba yo por el lugar (fue en mi colonia) donde el diputado García convocó a una reunión. Pude señalar que las campañas representan transacciones financieras donde los electores votamos y los patrocinadores son los que deciden qué hacer con nuestro voto. Las elecciones en México son las más caras del mundo, confirmó el joven y aguerrido diputado. Y como caras que son, pues no debe seguirlas pagando el erario, según lo afirma la campaña #SinVotoNoHayDinero, que secundan PRI, PAN y PVEM. Aquí entran los ricos hommes del Reyno. Un regreso de apenas 200 años a la Constitución de Cádiz.

Sólo un magnífico poeta, como es el regiomontano Óscar Efraín Herrera, pudo decirlo con un finísimo escalpelo: Para estar / frente a frente / es necesario / arrodillarse / ante los poderosos. No hay otra forma / de mirarles la cara.