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Cine mexicano y negociación del TLCAN
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e cancela o se renegocia? Todo es incertidumbre, creada escandalosamente, de forma mediática y tuitera, por la estrategia que sigue Donald Trump ante la nueva relación que viven nuestros países, donde se nos trata con desprecio nunca antes visto, pero sí sentido. Desgraciadamente, hasta el momento, nuestro gobierno no ha dado respuestas que ofrezcan muestras de firmeza y dignidad en defensa de lo nuestro.

Lo único claro y cierto es que el gran ganador del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en el que nos metió Carlos Salinas de Gortari, contra nuestra voluntad, ha sido Estados Unidos, aunque el presidente gringo sostenga lo contrario y quiera obtener todavía más ventajas en contra de los intereses nacionales.

Los malos resultados económicos y culturales saltan a la vista en el cine. Semana a semana las 6 mil 400 salas que existen en las 173 ciudades de la República se saturan con estrenos estadunidenses, dejando sin opciones reales al público mexicano. Se educan, lo quieran o no día a día, informalmente, con lo gringo o sufren múltiples obstáculos y problemas para encontrar otro tipo de cine o de cultura cuando quieren divertirse o informarse.

Los horarios, las pantallas y los cines privilegian los estrenos estadunidenses y marginan, relegan y perjudican al cine mexicano y del mundo, con prácticas contrarias a la libre competencia, como el dumping, el desplazamiento por saturación que reduce la oferta y otras inequidades más.

Todo, ante la inacción y el silencio de la Secretaría de Economía, la Comisión Federal de Competencia Económica y la Procuraduría Federal del Consumidor, que deberían actuar de oficio, de acuerdo con la normatividad; sin embargo, copiando al impulsor de la firma del TLCAN –el ex presidente Salinas–, ni ven ni oyen, y por esto sufrimos un daño serio en la producción, al contar con una cadena productiva insana que nos coloca en amenaza seria y en riesgo de extinción.

Las cifras no mienten. En 10 años, los gringos han venido saturando las pantallas nacionales, al pasar de 36 mil 109 copias al año, en 2007, con 179 títulos, a 181 mil 51 copias en 2016, con sólo 190 estrenos; es decir, hubo un incremento de 401 por ciento en la década pasada, mientras sus estrenos sólo crecieron 6 por ciento (ver cuadro).

Esto equivalió a estrenar cada título estadunidense con 953 copias en promedio en 2016, aunque en realidad estrenaron 12 filmes en más de 3 mil 934 pantallas, es decir, acapararon 61.44 por ciento del total de los cines, mes a mes, únicamente con un título. Valgan de ejemplo: Capitán América, que ocupó 5 mil 422 pantallas (84.72 por ciento) y Batman y Superman, con 4 mil 677 (73.07 por ciento).

Si analizamos las 52 cintas que se estrenaron con más de mil 500 copias, ocuparon semanalmente 42.27 por ciento de las posibilidades existentes.

En contraparte, las cintas mexicanas que se estrenaron el año pasado lo hicieron con el pobre promedio de 274 copias, y las del resto del mundo fueron 91 copias por título, por falta de espacios.

La actual política invasiva de pantallas, para desaparecer y minimizar a la competencia, que utiliza la MPA es un acto comercial que impide la circulación de las ideas en las salas, lo que reduce la comunicación del imaginario nacional y mundial con los ciudadanos mexicanos. Con esto se limita el enriquecimiento de la cultura mundial y se reduce a una pobre visión unipolar, donde se destaca el desprecio a la vida, el individualismo, el triunfo sin ética, etcétera.

Hay que tener en cuenta que el cine es parte de las industrias culturales y que su contacto con el público incide en su forma de pensar y ver el mundo; por esto la Unesco ha venido impulsando la creación de políticas públicas para que los estados firmantes, como México, garanticen la circulación del imaginario mundial; desgraciadamente, nuestro país nada ha hecho al respecto a 12 años de su firma.

Es tiempo de aprovechar la renegociación del TLCAN para recuperar nuestra soberanía cultural fílmica.