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Relatos e historias
E

n el Centro Histórico de la capital se encuentra una pequeña calle de la que decía don Artemio del Valle Arizpe: No va a ningún lado ni viene de ninguno. Se abrió en el siglo XIX para mutilar el convento de Santo Domingo cuando se aplicaron la Leyes de Reforma. Por fortuna, el bello templo que bautiza la plaza adjunta se salvó y la callejuela pasa por uno de sus costados.

Lleva el nombre de Leandro Valle, de quien sólo sabíamos que había sido un general liberal. En el número de mayo de la excelente revista Relatos e Historias en México, viene un texto del destacado historiador Luis Salmerón, en el que nos relata su interesante historia.

Nació en la Ciudad de México en febrero de 1833, hijo de un militar que luchó en la Guerra de Independencia y de una devota católica. A los 11 años ingresó al Colegio Militar, donde fue un estudiante brillante. A los 14 años le tocó participar en la defensa de la ciudad cuando se dio la artera invasión estadunidense.

Después de graduarse con el grado de teniente, tras un breve paso por la guardia del general Antonio López de Santa Anna, se incorporó a las filas de la Revolución de Ayutla, que encabezaba Juan Álvarez contra el dictador. Al triunfo de la revuelta, en 1855 se le designó agregado militar en la legación de México en París, con el propósito de que concluyera sus estudios. Antes de dos años se vio forzado a regresar por la escasez de recursos propios y del gobierno mexicano.

Al poco tiempo de su regreso estalló la Guerra de Reforma, en la que el joven militar iba a tener un papel sobresaliente. En reconocimiento, en 1858, Benito Juárez lo nombró teniente coronel de ingenieros. Los triunfos continuaron y dos años más tarde obtuvo el nombramiento de coronel y al poco tiempo el de general. En ese momento tenía 27 años de edad, lo que lo convertía en uno de los mas jóvenes con ese grado.

Un hecho curioso en la vida de Valle, es que hasta su fallecimiento conservó cercana amistad con el general conservador Miguel Miramón. Fueron compañeros desde niños en el Colegio Militar y no obstante haber optado por bandos contrarios siempre fueron amigos. En más de una ocasión trataron de convencer uno al otro de unirse a su causa sin ningún éxito. Tras la derrota de los conservadores, Valle recibió una carta de Miramón, quien prófugo, le encargaba el cuidado de su esposa, lo que cumplió fielmente.

Entre la tropa y la población era muy respetado por su valor y actitud honorable y justa ante propios y enemigos. Al triunfo liberal fue nombrado comandante militar en el Distrito Federal y diputado por Jalisco.

No obstante el triunfo, el año de 1861 no fue fácil para los liberales: asesinaron a Melchor Ocampo por órdenes del sanguinario general Leonardo Márquez, conocido como el Tigre de Tacubaya, quien continuaba en rebeldía junto con Félix Zuloaga y varios otros. Poco tiempo después ultimaron al general Santos Degollado muy amigo de Valle. Indignado, solicitó autorización para perseguirlos.

Los enfrentamientos en el Monte de las Cruces fueron desiguales y, no obstante el valor de Valle y sus tropas, fueron derrotados. El joven general fue hecho prisionero, se le presentó a Márquez, quien lo mandó fusilar y colgó el cadáver en un árbol.

Le dio media hora para prepararse, la que aprovechó para escribir una carta a sus padres que nos habla de su valor y entereza. A su madre le devuelve un relicario que le había dado para protegerlo. Al soldado que lo iba a entregar le comentó que no era tan milagroso como ella creía.

Sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores y en el Paseo de la Reforma se yergue una escultura del apuesto general, junto con la de otros destacados personajes de la Guerra de Reforma.

Después de ver la escultura caminamos por el siempre bello Paseo de la Reforma y optamos por entrar a Vapiano, que está en el número 327. Es comida italiana que le preparan a la vista con los ingredientes que escoge de una amplia variedad: pastas, pizzas y ensaladas.