20 de mayo de 2017     Número 116

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Los productores de maíz en Tlaxcala:
cultura, innovación y alimentación


FOTOS: Milton Gabriel Hernández García

Yolanda Massieu

La producción de maíz en Tlaxcala es básicamente de minifundio temporalero, con escasos grandes productores de riego. El primero oscila entre cien mil y 120 mil hectáreas anuales y los segundos se han mantenido debajo de las 20 mil.

En la producción campesina temporalera se siembran y conservan variedades nativas para consumo, que se combinan con la siembra de híbridos comerciales para venta, principalmente a la industria de la tortilla.

El estado es pionero en la aprobación en 2011 de una ley de protección al maíz nativo como patrimonio en transformación permanente. Aunque no es aplicable aún, pues no se ha autorizado el reglamento respectivo, la ley ha sentado un precedente para la protección de maíces nativos y la limitación a la siembra de transgénicos.

En Tlaxcala la aprobación de la ley fue empujada desde abajo por organizaciones campesinas locales, entre ellas el Grupo Vicente Guerrero (GVG). El estado tiene una gran riqueza genética del maíz, expresada en comunidades como Ixtenco que tienen prestigio local como productoras de semillas nativas, en los fondos locales de semillas promovidos por el GVG y en la rica cultura culinaria tlaxcalteca.

Mientras que la Fundación Produce promueve un costoso paquete tecnológico para aumentar la producción (con rendimientos de diez a 12 toneladas por hectárea), que requiere de riego y altos costos en insumos, la labor de décadas del GVG para recuperación de suelos con técnicas agroecológicas, de menor costo, ha logrado rendimientos de hasta cinco toneladas por hectárea con buen temporal.

Los municipios altamente productivos, con grandes productores de riego y temporal, son Huamantla y Coapiaxtla; los que tienen baja o mediana producción en temporal con conservación de variedades nativas son Españita, Benito Juárez, Ixtacuixtla, Tetlanohcan y Calpulalpan (con influencia del GVG); Tlaxco tiene producción mediana tanto en temporal como en riego, con presencia de MasAgro (programa que desarrollan la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Sagarpa, y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMyt). Ese programa promueve un paquete con siembra de semillas mejoradas y labranza de conservación en temporal, destinado a la pequeña producción. En Zitlaltépetl hay una producción importante de tamales.

La producción maicera temporalera depende del clima, y este es el primer problema productivo mencionado por los 34 agricultores entrevistados en una investigación sobre los efectos de una posible liberación del maíz transgénico en la entidad (realizada por un equipo de la Universidad Autónoma Metropolitana y de la Universidad Nacional Autónoma de México entre 2012 y 2014). El mejor año fue 1992, con producción estatal récord de 400 mil toneladas. En contraste, uno de los peores años fue 2011, con apenas 130 mil toneladas, debido a heladas atípicas que se presentaron en todo el país. La producción bajo riego representa entre 15 y 20 por ciento del total.

Como en todo el país, las políticas gubernamentales poco hacen por apoyar a los campesinos maiceros temporaleros. MasAgro es el programa más importante, y la promoción de siembra de semillas híbridas mejoradas pone en riesgo las variedades nativas, las cuales son conservadas por los productores y el GVG con esfuerzos propios.

En Ixtenco encontramos hasta diez poblaciones de maíces: 1) maíz morado, 2) maíz azul de hoja crema, 3) maíz azul de hoja morada, 4) maíz amarillo, 5) cacahuazintle de hoja crema, 6) cacahuazintle de hoja morada, 7) maíz trigueño, 8) maíz xocoyul, 9) maíz ancho y 10) maíz blanco criollo. Y maíces “gatos”, los pintos que resultan de las mezclas. Estos maíces tienen distintos usos: pinoles, atoles, tamales, tortillas; el atole de xocoyul tiene mucha fama por su color rosado característico y su sabor. También se hacen atoles con maíces morados y azules, como el agrio de Ixtenco, que se celebra con una danza. El maíz amarillo es sembrado para forraje, el ancho y el cacahuazintle son para el pozole y las tortillas se hacen con blanco, trigueño y azul.

Como consecuencia de la estructura dual de grandes productores de riego y pequeños y medianos de temporal, los costos son muy diversos: van de mil a 13 mil pesos por hectárea en el caso del híbrido y de menos de mil a ocho mil en el nativo. Las diferencias entre los dos tipos de maíz se deben en buena medida al creciente costo de la semilla híbrida, mientras que la nativa es del propio productor o se adquiere a un precio accesible en mercados locales.

La investigación mencionada encontró que las plagas de insectos y malezas (para las que son útiles los maíces transgénicos en el mercado) no son los principales problemas de la producción, sino los altos costos de producción (fertilizantes y semillas) y la comercialización. Los híbridos sólo dan su potencial de rendimiento en riego, en temporal rinden igual que los nativos. Estos últimos muestran resistencias a eventos como las heladas, y tienen problemas productivos (como el acame) que se pueden resolver con mejoramiento.

El potencial de los maíces nativos es desaprovechado. La persistencia de estas semillas se debe a la cultura alimentaria y la labor de las mujeres campesinas que elaboran los alimentos. La influencia del GVG y la presencia de comunidades que valoran sus nativos como Ixtenco han posibilitado que éstos se sigan sembrando y conservando en el estado.

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