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PSOE: los desafíos de Sánchez
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a victoria de Pedro Sánchez en las elecciones internas que lo llevan por segunda vez a la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), representa una oportunidad cargada de desafíos para ese dirigente y para la organización a la que encabezará por un nuevo periodo. Debe considerarse, en primer lugar, que el triunfo de Sánchez ocurrió a contrapelo de los llamados barones del grupo político, los cuales respaldaban a su más cercana rival, Susana Díaz, presidenta del gobierno autonómico andaluz y exponente de la derechización del instituto, el cual des-de octubre del año pasado ha estado dirigido en forma interina por una comisión gestora adversa al candidato triunfador.

Tal derechización se manifestó principalmente en la decisión de dejar gobernar por default a Mariano Rajoy, del derechista Partido Popular (PP), mediante la abstención legislativa en las votaciones para la aprobación del gobierno y fue inducida por la avejentada y acomodada burocracia partidista y sus grupos de interés, notablemente el que encabeza el ex presidente Felipe González. Sin embargo, en la elección primaria realizada ayer tuvo lugar una suerte de rebelión de las bases en contra de los barones, mismo que llevó a Sánchez a la secretaría general por segunda ocasión.

Es claro que a partir del primero de junio, fecha en la que deberá tomar posesión del cargo, al político madrileño le esperan desafíos formidables, por principio el de reunificar a un partido fracturado entre sus sectores más acomodaticios y la corriente a la que representa el propio Sánchez, interesada en recuperar, en alguna medida, la condición del PSOE como partido de izquierda.

Por otra parte, la formación socialista tendrá que diseñarse un sitial en las filas de la oposición, equidistante del colaboracionismo de facto con Rajoy y de la inflexibilidad de Podemos, la tercera fuerza electoral española, que se ha hecho, en buena medida, con votos de desencantados por la derechización del PSOE. Tal equidistancia deberá aplicarse a asuntos como el de las políticas económica y social, pero también a temas tan espinosos como los movimientos separatistas vasco y catalán, y las necesarias reformas constitucionales que saquen a España del posfranquismo en el que sigue anclada a una era libre de las ataduras institucionales legadas por una transición que debió hacer grandes concesiones a los partidarios de la dictadura.

Finalmente, Sánchez y su equipo deberán hacer gala de imaginación para conceptualizar una política de alianzas en el complejo mapa político español; en ese escenario la cuarta fuerza parlamentaria es un partido de nueva derecha (aunque se presenta como centro), Ciudadanos, que es plenamente incompatible con la tercera, el ya referido Podemos, a la izquierda del PSOE. Por su parte, las formaciones regionalistas, que podrían aportar un respaldo indispensable a Sánchez y al PSOE, reclaman concesiones que para la clase política madrileña resultan llanamente inconcebibles, como el avance a formas de verdadera autonomía e incluso soberanía.

En los meses próximos será posible saber si el PSOE puede, bajo el mando de Sánchez, recuperarse del pronunciado deterioro político que experimentó a lo largo del año pasado, o si ese daño es ya irremediable. El asunto es relevante porque de lo que ocurra con esa organización dependerá en buena medida la configuración institucional de España en los próximos años.